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VNIVERSITAS

LA ANTROPOLÍTICA: VISIÓN INTEGRAL DEL DESARROLLO HUMANO

29 Junio 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #ANTROPOLOGÍA

El desarrollo humano está intimamente ligado a las supraestructuras que el hombre ha tenido necesidad de elaborar no solo para sobrevivir, sino para tratar de construir sociedades viables. El concepto de política se enriqueció a partir de la inclusión de lo económico-social en la política. La prosperidad y el bienestar de los miembros de la sociedad, se convirtió en un fin político; y la política misma, pasó de ser vigilante de los procesos sociales a convertirse en una política providente, capaz en teoría, de resolver todos los problemas sociales. De otra parte, la política actual exige una visión planetaria. Se requiere, entonces, el hacer posible una política multidimensional del hombre: una biopolítica, que prevea la vida y muerte de la humanidad (las amenazas atómicas y una posible guerra mundial, el hambre, la natalidad, la salud y la mortalidad); una ecopolítica, con una determinación y orientación del crecimiento económico y una sociopolítica, que incluya la asistencia económico-social de los individuos (las protecciones y seguros de trabajo, enfermedad, vejez; educación, cultura, ocio), todo ello se  constituiría en las bases de lo que Edgar Morín llama una infrapolítica.(1) Esa infrapolítica alimenta y sustenta la suprapolítica, los problemas filosóficos: el sentido de la vida y como fin último, la felicidad de todos propuesta por Louis de Saint Just durante la Revolución Francesa.

ANTROPOLÍTICA

El pensamiento marxista y la visión freudiana(2) de la civilización humana ("El malestar en la cultura" y "Psicología de las masas y análisis del yo"), se incorporan a una nueva e integral visión del hombre en un intento de globalidad e integralidad mediante una "itinerancia" que logre por fin acercarnos a una sociedad más justa y equitativa.

Por una política del hombre".Edgar Morin

(2)  "El malestar en la cultura". Sigmund Freud

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"EL ALMOHADÓN DE PLUMAS": TALLER DE COMPRENSIÓN DE TEXTOS VISUALES"

29 Junio 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #TALLERES DE COMPRENSIÓN LECTORA DE TEXTOS

Observa el cortometraje que se presenta a continuación, basado en el cuento "El almohadón de plumas" del escritor uruguayo Horacio Quiroga:

  
Con base en el video presentado, determina:

1. ¿Existe fidelidad del texto visual con respecto al texto escrito?
2. ¿Existen diferencias? ¿Cuáles?
3. ¿Por qué crees que existan diferencias?
4. ¿Crees que los hechos relatados, se puedan presentar en la realidad?
5. ¿Qué piensa el autor del cuento sobre esta cuestión?
6. ¿Conoces alguna historia que tenga alguna relación con los hechos narrados?
7. ¿Corresponde la representación de los personajes a los descritos por el autor?
8. ¿Existe correspondencia entre los lugares descritos en el cuento y los presentados en la película?
9. ¿Como se trata la duración de los hechos en el video?
10. ¿Te gustó el video? ¿Por qué?

 

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"EL ALMOHADÓN DE PLUMAS": TALLER DE COMPRENSIÓN DE TEXTOS ESCRITOS

29 Junio 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #TALLERES DE COMPRENSIÓN LECTORA DE TEXTOS

ACTIVIDADES PREVIAS:

1. Averigua quién es el autor del cuento "El almohadón de plumas"

2. Anota los principales datos de su biobibliografía

3. ¿A qué obra pertenece el cuento "El almohadón de plumas"?

Lee atentamente el cuento:

 

                                 Quiroga1900a 

 

“El almohadón de plumas”

                                                                      Horacio Quiroga

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.

Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial.

Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.

Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja-. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.

Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.

-¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.

-Pst... -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio... poco hay que hacer...

-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.

Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.

Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.

-Pesa mucho  -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.

Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial.

Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.

Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja-. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada... Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.

Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.

-¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.

-Pst... -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio... poco hay que hacer...

-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.

Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.

Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.

-Pesa mucho  -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.

 

4. Con base en la lectura, contesta las siguientes preguntas:

4.1. ¿Cuál es la razón del título?

4.2. ¿Cuál es el tema de la narración?

4.3. Escribe un breve resumen del argumento con sus tres momentos (inicio, nudo y desenlace)

4.4. Describe los personajes del cuento

4.5. ¿Dónde suceden los hechos?

4.6. ¿En cuánto tiempo se desarrollan los hechos?

4.7. ¿Como se puede clasificar el cuento?

4.8. Redacta un breve comentario valorativo de la narración.

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BORGES: MÁS QUE UNA EFEMÉRIDES

13 Junio 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

 

  

jvanegasPor: José Alejandro Vanegas Mejía      jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

 

 

 

 

 


Si bien es cierto que a veces parecen escasos los temas para llenar una columna periodística, también es cierto que en ocasiones acuden al mismo tiempo recuerdos de acontecimientos que merecen la atención del articulista. La semana pasada ocupamos este espacio con la mención, a vuela pluma, del desembarco de los Aliados en la playa de Normandía. También merecían mencionarse el 6 de junio el nacimiento del escritor alemán Thomas Mann en 1875, autor de las novelas ‘La montaña mágica’, ‘Los Budenbrook’, ‘La muerte en Venecia’ y ‘Doctor Fausto’. Pudo haberse hablado de la proclamación del hermano de Napoleón, José Bonaparte (‘Pepe Botellas’) como Rey de España en 1808. La muerte de Robert Kennedy, en 1968, no era menos importante. 

 

BORGESEn esta oportunidad rendiremos homenaje a uno de los grandes exponentes de las letras castellanas: Jorge Luis Borges. Nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899 y murió en Ginebra el 14 de junio de 1986. Aprendió el idioma inglés antes que el español. Estudió en Suiza y vivió en España. En 1914 Borges aprendió francés y latín en Ginebra y se familiarizó con las obras de Víctor Hugo, Zola, Voltaire, Flaubert, Maupassant y los poetas simbolistas; también descubrió a Carlyle y a Chesterton, que ejercerían en él gran influencia. Durante esos años aprendió alemán por su cuenta y en esa forma comprendió a los poetas expresionistas. Por esa época conoció las obras de filósofos alemanes, especialmente de Schopenhauer y de Nietzsche, quienes marcaron en forma decisiva su pensamiento. 

 

 

En Argentina Jorge Luis Borges participó en la fundación de las revistas Prisma (1921-1922), Proa (1922-1926) y Martín Fierro. En 1938 sufrió un accidente grave que le afectó la visión a causa de una herida en la cabeza. Con el tiempo padecería ceguera total. No obstante, desde 1938 hasta 1946 trabajó en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires y se convirtió en director de la misma desde 1955 hasta 1973. A partir de 1955 fue profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. La primera época de Borges está signada por la poesía, género en el que se destacan temas históricos de su país recogidos en  los volúmenes ‘Fervor de Buenos Aires’ (1923), ‘Luna de enfrente’ (1925) y ‘Cuaderno de San Martín’ (1929). Poco a poco el escritor fue abandonando la poesía para dedicarse al ensayo y posteriormente al cuento. En ‘Inquisiciones’ (1925) el autor reunió algunos de sus ensayos filosóficos y literarios. Una colección de cuentos basados en criminales reales es la titulada ‘Historia universal de la infamia’ (1935). Sin duda uno de los cuentos más famosos de Borges es ‘El Aleph’, publicado en 1949. 

 

 

En 1961 Borges recibió el Premio Formentor, otorgado por el Congreso Internacional de Escritores. Este es, prácticamente, el comienzo de su reputación internacional. También recibió el Premio Alfonso Reyes, en México (1973). Con su vasta producción de cuentos Jorge Luis Borges creó un mundo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo. Su obra a veces no es de fácil comprensión debido a una simbología personal que el autor se esmeró en crear y perfeccionar. El propio Borges se define como “un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”. Por lo menos durante treinta años se le señaló como candidato al Premio Nobel de Literatura, galardón que nunca se le otorgó. Conozco el caso de varios intelectuales que hoy lamentan no haber leído antes a Borges por tener en cuenta más la posición política del autor que el valor verdadero de su obra literaria.

 

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HIPÓTESIS, TEORÍA Y LEY CIENTÍFICA

9 Junio 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #EPISTEMOLOGÍA

Existen tres conceptos fundamentales en la epistemología: Hipótesis, Teoría y Ley científica.


Hipótesis: Se puede definir como una conjetura, como un supuesto con el cual se trata de explicar un hecho observado. La formulación de una hipótesis puede derivarse de dos formas diferentes: por generalización, a partir de una cierta cantidad de casos o fenómenos observados; y, por analogías observadas en la ocurrencia de fenómenos diferentes. Muchas veces, la hipótesis está sometida a la corrección, cuando aparecen nuevos conocimientos. La hipótesis es el punto de partida de una investigación científica.

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Teoría: Se denomina “teoría” a la comprobación de una hipótesis. Cualquier teoría, fue antes, una hipótesis que sometida al proceso de la investigación, fue demostrada o verificada.


Ley científica: Es el enunciado que expresa las relaciones constantes entre fenómenos de la naturaleza, la sociedad o la mente. La ley científica se puede definir como relación invariable de términos.


Las leyes científicas se designan de la siguiente manera:

 

1. Ley simple se refiere las relaciones objetivas en la naturaleza, en la mente o en la sociedad.

 

2. Ley enunciado nomológíco: reconstruye el concepto hipotético de la primera ley, además hace distinción entre el enunciado dividiéndolo en mediato e inmediato. Se enuncia  utilizando el método deductivo.

 

3. Ley enunciado nomopragmático: designa a una regla mediante la cual se puede regular o no una conducta

 

4. Ley enunciado metanomológico: designa todo principio general acerca de la forma y/o alcance de los enunciados de ley pertenecientes a algún capítulo de la ciencia fáctica.

   

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COLOMBIA RUMBO AL MUNDIAL BRASIL 2014 SIN FALCAO

2 Junio 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #APRENDIZAJE LÚDICO Y DEPORTES

Los 23 convocados para jugar el mundial por Colombia ya están definidos; se acabaron las especulaciones; el técnico del seleccionado nacional José Pekerman, despejó todas las dudas. Aquí están los jugadores seleccionados en defintiva para la aventura de Brasil 2014.

 

Arqueros: David Ospina, Faryd Mondragón y Camilo Vargas

 

Defensas: Pablo Armero, Eder Balanta, Mario Alberto Yepes, Carlos Valdés, Cristian Zapata, Camilo Zúñiga, Santiago Arias.

 

Mediocampistas: Alexander Mejía, Aldo Leao Ramírez, Abel Aguilar, Carlos Sánchez, Freddy Guarín, James Rodríguez, Juan Guillermo Cuadrado y Juan Fernando Quintero.

 

Delanteros: Carlos Bacca, Teófilo Gutíerrez, Victor Ibarbo, Jackson Martínez y Adrián Ramos.

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Lamentamos la ausencia del "tigre" Falcao pero creemos que Colombia estará bien representada en el Mundial de Brasil 2014.

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EL XIII SIMPOSIUM LITERARIO ESTUDIANTIL CIUDAD DE SANTA MARTA EN IMÁGENES

2 Junio 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #SIMPOSIUM LITERARIO CIUDAD DE SANTA MARTA

 

Mostramos a continuación algunas imágenes de diferentes momentos del desarrollo del XIII SIMPOSIUM LITERARIO ESTUDIANTIL CIUDAD DE SANTA MARTA, realizado en el auditorio de la U.C.C. sede Santa Marta, durante los días 29 y 30 de mayo.


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