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VNIVERSITAS

LA NOVELA ´LOS DE ABAJO´ EN LA LITERATURA LATINOAMERICANA

31 Julio 2015 , Escrito por JOSÉ A. VANEGAS Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

LA NOVELA ´LOS DE ABAJO´ EN LA LITERATURA LATINOAMERICANA

La novela ‘Los de abajo’ en la literatura latinoamericana

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                            jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

     No hay duda de que en México la Revolución de 1910 constituye un hito al cual hay que recurrir para comprender muchos de los cambios que ese país ha experimentado durante un siglo. La cultura, y en general la vida mexicana, gira en forma diferente a partir del triunfo revolucionario logrado en 1916. Se señala entre estas fechas la reapertura de la Universidad Nacional, que había sido clausurada por el emperador Maximiliano. Ocurrió también el final del Modernismo, introducido por el nicaragüense Rubén Darío, quien murió en 1916. Aparecieron los Contemporáneos y los Estridentistas, que trataron de combatir por diversos medios el mensaje revolucionario con el Vanguardismo y la experimentación formal. Pero en las décadas de los años 20 y 30 los llamados “Poetas de la soledad”, José Gorostiza y Xavier Villaurrutia, entre otros, encarnaron el ideal revolucionario. En prosa ‘Los de abajo’, del modernista Mariano Azuela, dejaría como recuerdo las matanzas de la guerra. Azuela era médico y como tal fue protagonista en esa confrontación armada. Mucho más tarde la narrativa de Juan Rulfo mostraría una huella de la soledad que los conflictos de la Revolución produjeron en los desencantados habitantes de los desérticos campos mexicanos.

     A mediados del siglo XX México todavía seguía siendo un país en busca de una definición. Ese es el tema predominante en los ensayos de Octavio Paz. Sin embargo, la literatura encuentra su cauce en autores jóvenes que indagan en el pasado de su nación pero escriben con la mira puesta en nuevas técnicas narrativas. Aparece entonces Carlos Fuentes con ‘Los días enmascarados’ (1954), a la que siguió su novela ‘La región más transparente’ (1958). Fuentes se había sumergido en las corrientes de la novela experimental de Joyce y Faulkner, de donde obtuvo la técnica que le permitió representar los procesos mentales de sus personajes. Otra obra de Fuentes es ‘Las buenas conciencias’ (1959). En ‘La muerte de Artemio Cruz’ (1962) el autor utiliza el fluir de la conciencia y juega con los pronombres personales para situarse alternativamente en el papel del moribundo Artemio, de su conciencia o del propio narrador. Entre otros escritores importantes está Carlos Monsiváis, quien mezcló con maestría la investigación sicológica de su país con trabajos literarios sobre cine, televisión y música.

     Juan Rulfo es el más conocido en la literatura realista mexicana: ‘Pedro Páramo’ y ‘El llano en llamas’ fueron suficientes para inmortalizar al escritor. Pero hay que remitirse a la novela ‘Los de abajo’, de Mariano Azuela, para comenzar a entender la importancia de la revolución mexicana. Octavio Paz dijo en algún momento que la Revolución, a pesar de la barbarie, salvó a México de las dictaduras que flagelaron al resto de países de América Latina a lo largo del siglo XX. Pues la novela ‘Los de abajo’, alejada de los artilugios propios de literaturas anteriores, retrata desde adentro conflictos reales de la Revolución. Por su parte, el escritor colombiano Alfredo Baldovino Barrios, al referirse a esta novela, afirma: “’Los de abajo’ surge en un momento histórico en el que en la literatura latinoamericana deja de tener importancia el bien decir ante la necesidad de retratar la realidad del propio continente sin ponerle pañitos de agua tibia. A cien años de su nacimiento, la historia que nos cuenta Azuela sigue en los tiempos actuales más vigente que nunca”.

 

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NAPOLEÓN Y WATERLOO

9 Julio 2015 , Escrito por JOSÉ A. VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

NAPOLEÓN Y WATERLOO
NAPOLEÓN Y WATERLOO
NAPOLEÓN Y WATERLOO

                                                       Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                                                               jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

El nombre de Napoleón se asocia con el de su primera esposa, Josefina Beauharnais; también se relaciona con la batalla de Waterloo; con su coronación en la magnífica catedral de Notre Dame de París; con su rango de emperador a los 35 años. Napoleón Bonaparte nació en Ajaccio, Córcega, isla italiana enclavada en el mar Mediterráneo. ¿Por qué recordamos hoy a Napoleón? Porque el 15 de junio se cumplieron 200 años de la batalla de Waterloo.

     Hablar de Napoleón es traer al presente la vida y obra del Emperador. Su familia sufrió estrecheces económicas y solo por el aprecio que por ella sentía el gobernador de Córcega, los dos hijos mayores pudieron estudiar pensionados por el Estado. José, conocido más tarde como ‘Pepe Botella’, siguió la carrera eclesiástica mientras que Napoleón se inclinó por la militar. El padre de Napoleón, Carlo Buonaparte, era descendiente de una familia noble toscana en la que hubo soberanos, guerreros, escritores y santos. Sus hermanos fueron José, Luciano, Luis, Jerónimo, Elisa, Carolina y Paulina. A los 15 años ingresó a la escuela militar de París. Descolló siempre en matemática y geografía, además de ser un lector voraz.

     En la vida de Napoleón hubo grandes victorias pero también grandes derrotas. La Batalla de Moscú fue uno de los mayores reveses de Napoleón. Esa derrota lo obligó a abdicar por primera vez. Fue confinado en la isla de Elba, aunque durante ese destierro, en mayo de 1814, Napoleón contempló la posibilidad de rescatar el poder perdido, sobre todo al conocer rumores de que sería enviado a la isla de Santa Elena. Lo animaban las manifestaciones de adhesión de muchísimos partidarios que deseaban su regreso a Francia. En febrero de 1815 se embarcó con hombres de su guardia y algunos generales. Contaba con 600 combatientes. Pasaron por Cannes, entraron a Lyon y llegaron a Grenoble, en Francia. El 30 de marzo de 1815 Napoleón llegó a París. Los ingleses tenían ejércitos muy bien preparados: El duque de Wellington estaba en Bélgica con 100.000 hombres; el mariscal Blücher en Namur con 150.000; había 350.000 austriacos en el Rin y detrás de ellos estaban 225.000 rusos. Por su parte, Napoleón logró reunir en tres meses más de 200.000 hombres. Las hostilidades comenzaron el 15 de junio de 1815. Después de dos victorias parciales Napoleón perdió la batalla en Waterloo, cerca de Bruselas; lo derrotó el veterano duque de Wellington. Lo que vino después fue su segunda abdicación y su confinamiento en la inhóspita isla británica de Santa Elena. La Batalla de Leipzig, llamada también Batalla de las Naciones, fue otra derrota sufrida por Napoleón.

     Dijo Napoleón: “Mi verdadera gloria no es haber ganado cuarenta batallas; Waterloo empañará el recuerdo de tantas victorias. Lo que no se esfumará, lo que vivirá eternamente es mi Código Civil. Solamente mi Código, por su simplicidad, le ha hecho más bien a Francia que todas las leyes que me precedieron”. En efecto, es la base de todo el Derecho de Francia y modelo de los sucesivos códigos civiles de más de 24 naciones. Como tema relacionado con el Gran Corso leamos lo siguiente: La expresión: “Vísteme despacio que tengo prisa” se atribuye a Napoleón; pero se afirma que el emperador Augusto decía a sus ayudantes: “Apresúrense lentamente”. Según Suetonio, historiador romano posterior a Augusto, este emperador aconsejaba: “Caminad lentamente si queréis llegar a un trabajo bien hecho”.    

 

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