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VNIVERSITAS

LA LENGUA CAMBIA, COMO TODO

17 Marzo 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                     jose.vanegasmejia@yahoo.es

Todo cambia. La lengua no escapa a esta sentencia. Hace unos días leí en el periódico El Tiempo una columna titulada ‘La lengua viva’, del experto en redacción y creación literaria Fernando Ávila. Señala el lingüista usos que él había condenado pero ahora son admitidos por el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Los profesores de Español y Literatura también debemos celebrar que se haya aceptado el verbo ‘agredir’ como regular. Ya podemos decir ‘yo agredo a mi contrincante; tú agredes’. Lo mismo ocurre con ‘abolir’; por lo tanto es correcto decir ‘Si el Congreso abole esa ley…’. Sin embargo, no se acepta ‘yo abuelo, tú abueles”.

Hay en la lengua castellana muchos casos curiosos y a veces inexplicables; de ellos citaré algunos. Por ejemplo, el término ‘despavorido’ encierra la idea de pavor, miedo. Entonces, ¿al decir ‘huyó despavorido’ no podría entenderse que huyó sin pavor; es decir, todo lo contrario de lo que se quería expresar? La palabra ‘amovible’ significa que se puede remover o destituir, aunque por el prefijo ‘a’ podríamos pensar en todo lo contrario. Pero hay más curiosidades: el término ‘álgido’ (del latín algidum) significa muy frío. También se llama así al período culminante de algunos procesos; por eso cuando se discute algún tema en reuniones y se llega al momento de tomar decisiones se dice que se está en el momento álgido. Sin embargo, muchos creen que ese es el momento ‘caliente’, en el cual hasta pueden presentarse agresiones personales. Eso comprueba que la palabra ‘álgido’ puede pasar a significar ‘caliente’, a pesar de su origen en el antiguo latín.

Entre las dudas que nos acosan al usar el español está la siguiente: ¿La palabra ‘testaruda’ no habrá significado, en un estadio anterior de nuestra lengua, ‘testa dura’? ¿O testa ruda? En ambos casos nos dejaría la idea de una persona dura de entendimiento, para no emplear las palabras ofensivas ‘bruta’ o ‘torpe’ (que de todas maneras estoy mencionando aquí). Si eso es así, deberíamos utilizar mejor ‘testadura’ en vez de ‘testaruda’. Lo que ayer se condenaba hoy se acepta como normal. Por eso muchos usos que censurábamos, en el futuro serán de buen recibo en nuestro léxico. Para afirmarnos en lo que acabamos de decir, mencionemos una fuente a la cual nos remite constantemente la Academia de la Lengua: el Diccionario de Autoridades, cuya característica es poner como ejemplos palabras y expresiones utilizadas por los mejores exponentes de la lengua castellana de siglos pasados. Es decir: si Cervantes utilizó determinada expresión en una obra literaria del siglo XVII, ese uso se acepta como correcto, sin tener en cuenta lo anticuado que pueda parecernos.

No recomiendo la palabra ‘andara’, del verbo andar. Pero hace dos días, en un seriado de televisión colombiano un personaje dijo a otro, textualmente: “Que yo ‘andara’ con esos delincuentes en el pasado no quiere decir que sea uno de ellos”. Lo correcto, hasta hoy, debe ser “Que yo anduviera…” Sin embargo, habría que preguntarse si corregimos ya o es prudente esperar hasta cuando la Academia le dé su aval. Porque, entre otras cosas, el verbo ‘andar’, en su grafía no se diferencia mucho de ‘nadar’. Y a nadie se le ocurre decir ‘naduviera’ sino ‘nadara’. Conclusión: ¿Por qué es correcto ‘nadara’ y no lo es ‘andara’? Como diría el maestro de la televisión colombiana José Fernández Gómez: “Todo cambia, todo cambia”.

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HARPER LEE Y "MATAR UN RUISEÑOR"

13 Marzo 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

HARPER LEE Y "MATAR UN RUISEÑOR"

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                            jose.vanegasmejia@yahoo.es

La autora de la novela ‘Matar a un ruiseñor’ falleció el pasado 19 de febrero. Tenía 89 años. Su nombre: Helle Harper Lee, nacida en Monroeville, Estados Unidos, el 28 de abril de 1926.

No siempre ocurre que una obra literaria se convierta en exitosa producción cinematográfica. Se piensa que las cualidades de una novela pueden mermar en su tránsito al celuloide. Lo mismo se dice de un buen poema si se musicaliza su letra. Sin embargo, numerosas obras literarias excelentes han conservado su grandeza al pasar al cine. Es el caso de ‘El nombre de la rosa’, del recientemente fallecido Umberto Eco, ‘Lo que el viento se llevó’, de Margaret Mitchell y de otras novelas importantes basadas en narraciones literarias. Ya era costumbre leer entre los créditos de esas películas la expresión: “basada en la novela de fulano de tal”. Por supuesto, muchísimas novelas pésimas siguen siendo malas también como películas.

Hablando de ‘Matar a un ruiseñor’ es necesario señalar que detrás del sencillo título escogido por Harper Lee se desarrolla una historia trágica que merece reseñarse, aunque en forma somera, para descartar la idea de que simplemente se trata de dar muerte a un pajarito. Las acciones ocurren en el estado de Alabama, caracterizado por un racismo acérrimo durante mucho tiempo, aunque la narración se sitúa en la década de los años treinta del siglo XX. La ficción nos muestra la reacción de todo un pueblo que desea cobrar la ofensa de agresión física y violación de una joven blanca por parte de un muchacho negro. Un prestigioso abogado viudo, Atticus Finch (Gregory Peck en la película) se hace cargo de la defensa, pues cree que el negro es inocente. Durante el juicio el acusado, temeroso, huye y la turba lo persigue hasta darle muerte. Más tarde se comprueba que el propio padre de la joven agraviada fue quien la golpeó e inventó lo de la violación. El abogado tiene dos hijos: una niña de seis años, Scout, y un niño de diez, Jem. El pueblo les retira sus afectos y los mira con recelo. Una noche el padre de la joven tiende una celada a los niños, pero Boo Radley, “el loco del pueblo”, que se había encariñado con ellos, los salva y da muerte al agresor. A partir de ese momento el abogado emprende una convincente defensa. La niña expresa en pleno juicio que ahorcar al “loco”, un ser tan desvalido e ingenuo, sería “como matar a un ruiseñor”, pues su reacción obedeció a un impulso humanitario. Así surgió en la memoria de la narradora el título de la famosa novela, autobiográfica en gran parte.

En 1961 la escritora ganó el prestigioso premio Pulitzer. Antes de su conocida obra, Harper Lee había escrito la novela ‘Ve y pon un centinela’. Al publicarla en el 2015, vendió más de un millón de ejemplares solo en los Estados Unidos. Estuvo vinculada al escritor Truman Capote en la elaboración de ‘A sangre fría’, obra cumbre de este autor. Pero hay que destacar también el éxito alcanzado por el protagonista de ‘Matar a un ruiseñor’: Gregory Peck, quien obtuvo el Oscar de 1962 como mejor actor principal por esa película. Había sido nominado antes en cuatro ocasiones pero la distinción siempre se le escapaba de las manos. Realizó papeles destacados en cintas como ‘Las llaves del reino’ (1944), ‘La barrera invisible’ (1947), ‘Almas en la hoguera’ (1949), ‘Las nieves del Kilimanjaro’ (1952), ‘Moby Dick’ (1956), ‘Los cañones de Navarone’ (1961), ‘MacArthur’ (1977) y ‘Los niños de Brasil’ (1978), entre otras.

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