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VNIVERSITAS

"EL PRINCIPITO" NO ES LITERATURA INFANTIL

2 Mayo 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

jvanegas ‘El Principito’ no es literatura infantil

Por: José Alejandro Vanegas Mejía       jose.vanegasmejia@yahoo.es

El presidente de Bolivia, Evo Morales, en un arranque de sinceridad acaba de confesar que detesta la lectura. A duras penas lee los títulos de los escritos; cuando se entusiasma un poco alcanza a leer algunas páginas, y si adquiere la energía y la motivación suficientes, es capaz de leerse un capítulo. Que esto lo diga el presidente de una nación es bastante preocupante, por el mensaje negativo que transmite a los niños y jóvenes. No sabemos cuál es el promedio de libros leídos por los bolivianos en un año; sin embargo, esperamos que entre sus escasas lecturas seleccionen ‘El Principito’, pequeño texto del cual hablaremos hoy.

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Cuando abordamos el tema de la literatura infantil generalmente nos referimos a obras escritas para niños. Sin embargo, lo correcto sería asignar esa denominación a escritos producidos por infantes como resultado de su imaginación. Esa imprecisión debería desaparecer y, de una vez por todas, llamar literatura infantil la concebida en el segundo de los casos citados. Así las cosas, tendremos que reconocer que ‘El Principito’, del escritor francés Antoine de Saint Exupéry, no pertenece a la literatura infantil sino a la literatura para niños.

A veces el profesor de la asignatura, en forma desganada exige a sus alumnos un análisis de esta corta producción sin haberla leído él mismo. En esos casos, de tanto oír y revisar los trabajos realizados por sus pupilos, termina entendiendo el contenido de ‘El principito’. Pero, como ocurre con ‘El túnel’, ‘El viejo y el mar’ y otras obras literarias, la vida de sus autores pasa inadvertida, como si los cuentos y las novelas surgieran de la nada. En esta ocasión daremos crédito al autor de la pequeña obra maestra. Saint-Exupéry nació en Lyon el 29 de junio de 1900; además de escritor fue piloto de guerra. Vale la pena mencionar otras novelas suyas: ‘El aviador’, ‘Piloto de guerra’ (Pilote de guerre) y ‘Vuelo de noche’ (Vol de nuit). Ganó varios premios literarios con ‘Tierra de hombres’ (Terre des hommes), pero su fama la debe a ‘El Principito’ (Le Petit Prince), publicado en 1943. Aunque primero fue piloto civil, de correos, logró que la aviación francesa lo enrolara para cumplir misiones en la segunda guerra mundial. Cuando se disponía a localizar y fotografiar tropas alemanas que amenazaban con avanzar sobre territorio francés, lo derribó un bombardero nazi el 31 de julio de 1944. Este dato es importante porque acaba con la creencia de que el escritor pudiese haber sobrevivido y, como el personaje de su famoso cuento, se hubiese convertido en morador solitario en un territorio remoto.

La desaparición definitiva de Saint-Exupéry la confirmó el piloto alemán que abatió su avión sobre el Mar Mediterráneo. En efecto, Horst Rippert afirmó: “Vi sus insignias tricolores y maniobré para instalarme a su cola y derribarle”. Además, en 2003 un submarino rescató trozos del avión del escritor francés, el Lightning P38. Hace cuatro años la ciudad de Marsella cubrió su cielo con aviones e inauguró la exposición “Saint-Exupéry. Invitation au voyage” (Saint-Exupéry. Invitación al viaje), evento que concluirá en julio de este año. ‘El Principito’ fue escrito en un hotel de Nueva York y se publicó por primera vez en los Estados Unidos. Se afirma que ha sido traducido a 180 lenguas y dialectos. Entre las enseñanzas que el autor quiso perpetuar a través de su personaje se destaca la siguiente: “Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”.

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‘El Principito’ no es un cuento más en medio del vasto campo de la literatura. Se lo considera una alegoría, es decir, una cadena de metáforas con sentido profundo que no siempre es fácil de advertir. Por eso compartimos la opinión de quienes sostienen que “cada opinión es una verdad desde su punto de vista. No hay una sola forma de interpretar las cosas ni nadie puede decir qué es lo correcto o cómo se tiene que interpretar tal o cual cosa”. No es necesario mirar más allá de nuestro entorno para comprobar la sensatez de ese aserto. Cuántas discusiones y conflictos encontrarían soluciones si asimiláramos seriamente las enseñanzas que nos ha dejado Saint-Exupéry por intermedio de su pequeño príncipe. Como colofón: No está bien, pero se acepta, que el presidente de Bolivia no lea ‘El Principito’. Lo peligroso sería que cayera en sus manos ‘El Príncipe’, de Maquiavelo y lograra leerlo.

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