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VNIVERSITAS

"ESPEJOS ASTILLADOS DE LA MEMORIA"

13 Febrero 2012 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #APUNTES EN MI BLOG

 

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jvanegasEn alguna oportunidad, un estudiante inquieto me interrogaba sobre el porqué  del aserto, reiterativo por cierto, a lo largo del ejercicio docente de que la literatura es la vida misma. Explicaba en esa ocasión que una obra literaria es necesariamente un producto social y como tal, está fundamentada de una u otra manera en las experiencias vividas por un autor en particular y la forma como éste las percibe en su contexto, las interpreta, las re-crea y finalmente, las expresa. Y que por esa razón,  creía firmemente  que no existe ninguna obra de ficción pura; de alguna manera, cualquier obra literaria tiene como referente la realidad y está anclada en ella.


El relato como subgénero narrativo  nos ayuda a la cabal comprensión de esa apreciación.


La lectura de los relatos de José Alejandro Vanegas me transportó a mi propio pasado y a las experiencias vívidas de hechos que podríamos calificar como una "¿intertextualidad experiencial"?.


"Algo debemos a Corea" me hizo recordar a tres anónimos veteranos con el mismo extraño sentido de solidaridad que muestra el protagonista del relato y otro personaje (Napoleón). Los eventos, por supuesto, muy diferentes. Esos anónimos veteranos a quienes me refiero,  ocultaban la vergüenza que, sentían quienes por unos pocos centavos y muy entrada la noche, recibían los racimos de guineo de rechazo que ellos recogían a lado y lado de la vía férrea y que nadie se atrevía a retirar de allí, pero que en muchos hogares se necesitaban con desesperación. Todos, con los recuerdos de una guerra ajena que se libró al otro lado del mundo por causas que nunca comprendieron totalmente y comportamientos sólo inteligibles por los estudiosos de la conducta humana.


"La tía nunca se fue de casa" centra su clímax en un hecho inusual pero compartido en el contexto mítico-mágico-real del Caribe prodigioso. Recibimos con frecuencia mensajes del más allá con indicaciones precisas del lugar donde se encuentra alguien o algo, del momento exacto de la muerte de un ser querido quien en persona comunica a sus familiares su propio deceso, encontramos las curas a los padecimientos más insólitos a través de pócimas mágicas, afirmamos que no creemos en brujas para decir a continuación sin ningún rubor:  “pero de que las hay, las hay”, juramos que vemos a fulano o a mengano merodear por los sitios donde solía estar en vida…en fin, nos adentramos en el mundo de la realidad mágica en la cual estamos inmersos.


“¡Son tres “ruedas” hermano!” Un relato que escuché de la propia voz del autor hace bastantes años; sé que proviene de una de esas experiencias amargas e irónicas que nos depara el destino y de las cuales nunca estamos exentos; permanecen por siempre en nuestras vidas porque marcaron indeleblemente nuestro carácter. 


“Uno de los ídolos del barrio” Nos sumerge en la memoria temprana de los años de las riñas callejeras cuando siempre existía el bravucón con la autosuficiencia necesaria para creerse invencible y "comprar" las peleas de los demás con lo cual se hacía popular, respetado y hasta admirado por los demás, y un futuro previsible. Descubriría como todos en el transcurrir existencial, que no era quien pensaba, que la autoestima exagerada  juega a menudo malas pasadas.


Más que hacer un comentario sobre la obra, quiero agradecer a José Alejandro por compartir vivencias y recuperar parte de la memoria poco conocida de nuestra ciudad; igualmente invitar a la lectura de los veintiún relatos con la certeza que tendrán un  reencuentro con su propia memoria.

 

                                                                                                          Álvaro Gómez Castro


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