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VNIVERSITAS

Posts con #colaboradores invitados tag

WILLIAM OSPINA Y LORD BYRON EN VERANO

28 Enero 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

WILLIAM OSPINA Y LORD BYRON EN VERANO

William Ospina y Lord Byron en verano

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                  jose.vanegasmejia@yahoo.es

De William Ospina hay mucho qué decir. García Márquez, en varias oportunidades, señaló que la literatura colombiana en manos de este tolimense tiene garantizada su representación luminosa. Es, en verdad, un exponente, si no el mejor, de nuestras letras. Podríamos hablar de su poesía exquisita en su forma y profunda en su contenido. Lo hemos leído en “Hilo de arena”, “El país del viento”, “¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?”, entre otros poemas. Pero el poeta, como investigador acucioso, recurre a su extenso bagaje cultural para brindarnos una obra excelente, alejada de su famosa trilogía conformada por “Ursúa”, “El país de la canela” y “La serpiente sin ojos”. Los citados trabajos literarios de William Ospina dejan en el lector la impresión de viajar con los personajes por el vasto territorio de  América del sur, por la inmensa selva del Amazonas. No conforme con esos textos, el escritor colombiano nos lanza a la aventura en el mar Caribe con su ensayo “Las auroras de sangre” en el cual saca a flote la despiadada explotación de los nativos buscadores de perlas en nuestras aguas marinas. Con base en los versos de Juan de Castellanos en “Elegías de varones ilustres de Indias”, Ospina trae al presente episodios trágicos que, de no haber sido por su pluma crítica, habrían quedado enterrados para siempre en las páginas del famoso poema. Recuérdese que las “Elegías” de Castellanos, con 113.609 versos endecasílabos, es el poema épico más extenso en lengua castellana.

Diferente de todo lo anterior, y sin abandonar la poesía que irriga su mente, William Ospina publica en prosa “El año del verano que nunca llegó”, obra en la cual nos presenta a dos escritores emblemáticos de la literatura universal: George Gordon Byron y Percival (Percy) Shelley. De estos dos poetas conocíamos las notas que a la ligera escuchamos en el bachillerato. Pero Ospina nos los muestra como seres humanos que interactúan en tertulias culturales y llegan a establecer entre ellos relaciones sentimentales.

Lord Byron nació el 22 de enero de 1788 y murió el 19 de abril de 1824. Precursor del romanticismo. A pesar del defecto físico que le hacía arrastrar su pie izquierdo, fue un Don Juan empedernido: se casó con Annabella Milbanke y fueron padres de Ada Lovelace; de su matrimonio con Clara Clairmont nació su hija Allegra Byron. El poeta fue amante de Augusta Byron, su propia hermana; también de la veneciana Teresa Guccioli; mantuvo relaciones eróticas con el médico  John William Polidori, autor de la novela “El vampiro”. En el campo literario Byron es muy conocido por sus obras “Las peregrinaciones de Childe Harold”, “Don Juan”, “Sardanápalo”, “El prisionero de Chillon” y “El corsario”. Sin embargo, el leitmotiv o idea central de este libro de Ospina es el fenómeno producido en el volcán Tambora en 1815, en el mar de Bali, Indonesia. Se considera la erupción más grande de los últimos mil años; causó una gigantesca oscuridad que dio origen a lo que llamaron ‘la triple noche’. Ginebra es la ciudad que Ospina escoge para condensar bajo su nublado cielo muchas de las acciones y conversaciones de Byron con Shelley. En la obra ocupa espacio importante la mansión de Byron en Ginebra, Suiza: Villa Diodati. “El año del verano que nunca llegó” es una obra de lectura obligada, no solo para conocer el arte narrativa de William Ospina sino para recorrer con el autor pasajes poco conocidos de Lord Byron.

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REFLEXIONES: LA VIDA NO ES SERIA EN SUS COSAS

19 Diciembre 2015 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

La vida no es seria en sus cosas

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                       jose.vanegasmejia@yahoo.es

Diciembre, mes conocido como el más alegre del año, sin embargo es época para celebraciones y lamentaciones. El balance es inevitable. Celebraciones porque lo malo ya pasó y a partir de enero habrá ‘borrón y cuenta nueva’. Pero… ¿quién garantiza que el próximo año no estaremos en la misma situación? No es cierto el aforismo que dice “querer es poder”. Por eso el escritor mexicano Juan Rulfo, autor de ‘Pedro Páramo’ y ‘El llano en llamas’ puso a una de sus cortas obras el siguiente título: ‘La vida no es seria en sus cosas’. 

     Ninguna expresión más adecuada para encabezar este artículo. Ocurren hechos que a veces no tienen justificación; al menos para las personas que resultan afectadas. Para tales acontecimientos no se encuentran respuestas lógicas, pero es conveniente inventarse explicaciones para cada caso con el fin de paliar un poco los efectos negativos sobre el ánimo de los damnificados.

     No se explica uno cómo han podido ocurrir tragedias dentro de templos, por ejemplo, sobre personas que en esos momentos se dedicaban a la oración, al recogimiento, a la meditación con la mente puesta en ideales elevados, muy alejados de los vicios mundanales. Lo de Bojayá, con 79 muertos dentro de la iglesia, entre ellos 49 niños, no tiene nombre y mucho menos perdón, aunque esta palabra esté de moda. Otro doloroso ejemplo es el caso de los 33 niños quemados en un bus en Fundación. Los responsables son motivo de noticias en estos días; pero cualquiera que sea el resultado, lo real es que esos chiquillos inocentes ya no están entre los vivos.

     Como hay que buscar excusas, no falta quien diga que son pruebas que se nos presentan y a ellas debemos responder con resignación. Es un mecanismo de defensa que nos permite vivir sin acumular la pesada carga de resentimientos que nos va brindando la vida. Después de un desahogo como ese, quedamos preparados para la próxima calamidad que nos ocurra. Frente a esos masoquistas no hay nada que hacer. Pero no puede negarse que la vida no es seria en sus cosas cuando permite que se tuerza el destino de personas que debieron cumplir con fines no solo esperados por ellos sino iniciados con buen augurio. No es posible tronchar aspiraciones y anhelos sin hacerse acreedor al título de irresponsable. Y la vida, o el destino, o ambos juntos carecen de seriedad cuando determinan que el periplo vital de una persona debe terminar precisamente cuando frente a ella se abría una senda de felicidad largamente anhelada.

     La vida se equivocó. Y duele no encontrar la manera de protestarle a la insensata Parca sus palos de ciego. Sus designios son inexorables. ¿Sería más sensato reclamarle a la Muerte y no a la Vida? Francamente, no. Porque la primera siempre está al acecho y sus reclamos se cumplirán, tarde o temprano. En cambio, se supone que es la Vida la que tiene que defender la permanencia en la tierra de aquellos seres que, convencidos y llenos de fe acuden ciegamente a la protección divina o a los intercesores ante el ser supremo. ¡Cuánta razón tenía Rulfo!

     Esta es la última de las Acotaciones del año 2015. Después de 43 artículos sobre diversos temas, viene bien la pausa que iniciamos hoy. Felicidades mil para el próximo año.

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CINE DESDE LOS LUMIÈRE

10 Diciembre 2015 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

CINE DESDE LOS LUMIÈRE

Venció a la vejez y a la muerte

Por: José Alejandro Vanegas Mejía jose.vanegasmejia@yahoo.es

Con relativa frecuencia aparecía un vehículo cerrado, con grandes avisos en los costados para anunciar la efectividad de Mejoral para el alivio de todos los dolores, o de Sal de Uvas Picot, o de Sal de Frutas LUA. Por esos años Mejoral no necesitaba propaganda, porque se usaba hasta para arrancar de raíz los callos. Las sales promocionadas por las camionetas mencionadas eran artículos obligados en los hogares, donde se los guardaba en frascos bocones, a disposición de toda la familia. Esos vehículos recorrían los barrios en busca de paredes más o menos blancas para proyectar películas que ya en esa época eran viejas. Sin embargo, los niños seguían detrás del ruidoso automóvil que los guiaba hasta la improvisada pantalla de turno. No viene al caso describir la algarabía y el desorden de la chiquillada antes, durante y después de la proyección. Solo destacamos el asombro que se reflejaba en los rostros infantiles ante el paso de una caravana o diligencia perseguida por los indios en el Oeste norteamericano, o de la captura ¡por fin! del malo de la película. Como es fácil suponer, nadie pensaba en los procesos que debió sufrir el cine para llegar a ese estado de desarrollo; y la verdad es que a nadie le interesaba averiguarlo. Sin embargo, es interesante conocer algunos datos, muy superficiales, sobre los inicios de “el arte que venció a la vejez y a la muerte”.

El cine es un arte. Sí; el séptimo. Para que apareciera fue necesario que Joseph Nicéphore Niépce inventara primero la fotografía, allá por el año 1826. Eso prueba que un invento lleva al nacimiento de otros. Pensemos en la rueda, o en la pólvora, si nos quedaban dudas. Después de la fotografía hubo grandes inventos que se desarrollaron a lo largo del siglo XX: la radiofoto, la telefoto y la televisión son apenas unas pocas de sus derivaciones. Actualmente admiramos los avances logrados por el cine. No nos detenemos a pensar en su invención y primeros pasos, cuando los hermanos Auguste-Marie y Louis-Jean Lumière lograron recrear la realidad, tras arduos y agotadores intentos en la fábrica de su padre, Antoine. Eso ocurría por los años 1894 y 1895. Los dos inquietos franceses obtuvieron una sustancia gelatinosa compuesta con bromuro. La primera película filmada por los hermanos Lumière muestra a los obreros de la fábrica en el momento de su salida. De esos mismos días es ‘La llegada de un tren a la estación’. Siguieron otras cortas secuencias, entre ellas ‘El jardinero rociador rociado’, de carácter jocoso.

Relacionado con el cine hay un libro publicado en Colombia en noviembre del año pasado. Ayer terminé su lectura para poder hilvanar estas líneas a tiempo para la penúltima de mis Acotaciones 2015. Se titula ‘Pantallas de plata’, de Carlos Fuentes, escritor mexicano. Es un recorrido personal del autor por el mundo del cine. Se trata de una visión muy particular de lo que para él fue el cine de todos los tiempos. No hay que olvidar que Fuentes, uno de los protagonistas del llamado “boom literario latinoamericano”, mantuvo estrecho contacto con el séptimo arte como espectador apasionado desde niño, actor ocasional, guionista y amigo de grandes actores, actrices y directores de cine. Por eso, con autoridad, cita en ‘Pantallas de plata’ a 500 personajes, exactamente, de ese mundo virtual. Critica actuaciones y explica éxitos y fracasos de muchos de ellos, sobre todo al pasar del cine mudo al sonoro. Vale la pena leer la obra de Fuentes en esta época de vacaciones.

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EL VALLENATO: PATRIMONIO INMATERIAL DE LA HUMANIDAD

7 Diciembre 2015 , Escrito por jOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

El Vallenato: Patrimonio inmaterial de la Humanidad

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                          

La música colombiana acaba de vestirse de gala ante el mundo. La UNESCO, organismo de las Naciones Unidas, ha elevado a la categoría de Patrimonio Cultural Inmaterial o Intangible de la Humanidad al ritmo musical conocido generalmente como ‘vallenato.’ Vale la pena recordar que en nuestra nación ya ostentan igual distinción las siguientes manifestaciones populares: Carnaval de Barranquilla; Espacio cultural del Palenque de San Basilio; Carnaval de Negros y Blancos de Pasto; Procesiones de Semana Santa de Popayán; Sistema normativo de los wayuu (palabreros); Música de marimba y cantos tradicionales del Pacífico Sur de Colombia; Conocimientos tradicionales de los chamanes jaguares de Yuruparí y Fiesta de San Francisco de Asís en Quibdó. Lo importante es que no solo nosotros cuidaremos de estos bienes; la UNESCO, es decir, numerosos países están comprometidos con esta misión.

     Sin duda, Colombia se da a conocer en el mundo. Se retoma la bandera agitada en Estocolmo cuando Gabriel García Márquez se hizo rodear de acordeón, caja y guacharaca para celebrar ante el rey sueco su resonante triunfo literario; lo que los colombianos del interior del país anunciaban como un ‘oso monumental’ por parte de los ‘calenturientos e irresponsables costeños’, se convirtió en grito de victoria en el seno de la comunidad europea. Lo que siguió después fue solo ratificación de ese hecho. Carlos Vives, sin voz para ser intérprete del ritmo vallenato, se fue por otro camino, más exitoso: fusionó temas ya grabados y combinó instrumentos mucho más caribes que el acordeón de los teutones. Fue un cañonazo musical cuyo eco aún se escucha. La música vallenata ya no tuvo reversa.

   Hay que leer libros y documentos relacionados con la música vallenata para comprender la importancia que tiene la acertada decisión de la UNESCO. El cesarense Ciro Quiroz escribió la obra ‘Vallenato, hombre y canto’. Este autor, abogado de la Universidad Nacional, se remonta a los orígenes de esta música. Destaca y explica la importancia que tuvieron los cantos de vaquería en la conformación de las comunidades del antiguo Magdalena Grande. Quien lee este libro se impregna de auténtico orgullo patrio; se entera y comprende el valor de estos juglares, generalmente analfabetas, y siente por siempre que en ellos y en el legado de nuestros indígenas se arraiga nuestra idiosincrasia.

     Es larga la lista de compositores y cantantes que han difundido la música vallenata a través de varias décadas. Imposible mencionarlos a todos, pero no pueden callarse nombres como Guillermo Buitrago, Rafael Escalona, Tobías Enrique Pumarejo, Leandro Díaz, Emiliano Zuleta Baquero, para citar a solo algunos de ellos. En fechas recientes ha crecido el número de intérpretes y con ellos se ha deformado el vallenato tradicional. Por otra parte, el acordeón se ha zafado de sus ataduras y suena acompañando a otros ritmos parecidos al vallenato pero con identidad propia; es el caso de la llamada música de acordeón, en la cual se distingue con su propia importancia la ‘música sabanera’. Pero esa es otra historia. Por ahora, nos inclinamos ante nuestra música ancestral. 

     No quiero cerrar esta nota sin poner a las órdenes de los lectores un trabajo que preparé para un acto cultural en un colegio de la ciudad. Establezco allí la relación Literatura - Música vallenata. Los interesados pueden solicitarlo al correo jose.vanegasmejia@yahoo.es y les llegará oportunamente.

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LA NOVELA ´LOS DE ABAJO´ EN LA LITERATURA LATINOAMERICANA

31 Julio 2015 , Escrito por JOSÉ A. VANEGAS Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

LA NOVELA ´LOS DE ABAJO´ EN LA LITERATURA LATINOAMERICANA

La novela ‘Los de abajo’ en la literatura latinoamericana

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                            jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

     No hay duda de que en México la Revolución de 1910 constituye un hito al cual hay que recurrir para comprender muchos de los cambios que ese país ha experimentado durante un siglo. La cultura, y en general la vida mexicana, gira en forma diferente a partir del triunfo revolucionario logrado en 1916. Se señala entre estas fechas la reapertura de la Universidad Nacional, que había sido clausurada por el emperador Maximiliano. Ocurrió también el final del Modernismo, introducido por el nicaragüense Rubén Darío, quien murió en 1916. Aparecieron los Contemporáneos y los Estridentistas, que trataron de combatir por diversos medios el mensaje revolucionario con el Vanguardismo y la experimentación formal. Pero en las décadas de los años 20 y 30 los llamados “Poetas de la soledad”, José Gorostiza y Xavier Villaurrutia, entre otros, encarnaron el ideal revolucionario. En prosa ‘Los de abajo’, del modernista Mariano Azuela, dejaría como recuerdo las matanzas de la guerra. Azuela era médico y como tal fue protagonista en esa confrontación armada. Mucho más tarde la narrativa de Juan Rulfo mostraría una huella de la soledad que los conflictos de la Revolución produjeron en los desencantados habitantes de los desérticos campos mexicanos.

     A mediados del siglo XX México todavía seguía siendo un país en busca de una definición. Ese es el tema predominante en los ensayos de Octavio Paz. Sin embargo, la literatura encuentra su cauce en autores jóvenes que indagan en el pasado de su nación pero escriben con la mira puesta en nuevas técnicas narrativas. Aparece entonces Carlos Fuentes con ‘Los días enmascarados’ (1954), a la que siguió su novela ‘La región más transparente’ (1958). Fuentes se había sumergido en las corrientes de la novela experimental de Joyce y Faulkner, de donde obtuvo la técnica que le permitió representar los procesos mentales de sus personajes. Otra obra de Fuentes es ‘Las buenas conciencias’ (1959). En ‘La muerte de Artemio Cruz’ (1962) el autor utiliza el fluir de la conciencia y juega con los pronombres personales para situarse alternativamente en el papel del moribundo Artemio, de su conciencia o del propio narrador. Entre otros escritores importantes está Carlos Monsiváis, quien mezcló con maestría la investigación sicológica de su país con trabajos literarios sobre cine, televisión y música.

     Juan Rulfo es el más conocido en la literatura realista mexicana: ‘Pedro Páramo’ y ‘El llano en llamas’ fueron suficientes para inmortalizar al escritor. Pero hay que remitirse a la novela ‘Los de abajo’, de Mariano Azuela, para comenzar a entender la importancia de la revolución mexicana. Octavio Paz dijo en algún momento que la Revolución, a pesar de la barbarie, salvó a México de las dictaduras que flagelaron al resto de países de América Latina a lo largo del siglo XX. Pues la novela ‘Los de abajo’, alejada de los artilugios propios de literaturas anteriores, retrata desde adentro conflictos reales de la Revolución. Por su parte, el escritor colombiano Alfredo Baldovino Barrios, al referirse a esta novela, afirma: “’Los de abajo’ surge en un momento histórico en el que en la literatura latinoamericana deja de tener importancia el bien decir ante la necesidad de retratar la realidad del propio continente sin ponerle pañitos de agua tibia. A cien años de su nacimiento, la historia que nos cuenta Azuela sigue en los tiempos actuales más vigente que nunca”.

 

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NAPOLEÓN Y WATERLOO

9 Julio 2015 , Escrito por JOSÉ A. VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

NAPOLEÓN Y WATERLOO
NAPOLEÓN Y WATERLOO
NAPOLEÓN Y WATERLOO

                                                       Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                                                               jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

El nombre de Napoleón se asocia con el de su primera esposa, Josefina Beauharnais; también se relaciona con la batalla de Waterloo; con su coronación en la magnífica catedral de Notre Dame de París; con su rango de emperador a los 35 años. Napoleón Bonaparte nació en Ajaccio, Córcega, isla italiana enclavada en el mar Mediterráneo. ¿Por qué recordamos hoy a Napoleón? Porque el 15 de junio se cumplieron 200 años de la batalla de Waterloo.

     Hablar de Napoleón es traer al presente la vida y obra del Emperador. Su familia sufrió estrecheces económicas y solo por el aprecio que por ella sentía el gobernador de Córcega, los dos hijos mayores pudieron estudiar pensionados por el Estado. José, conocido más tarde como ‘Pepe Botella’, siguió la carrera eclesiástica mientras que Napoleón se inclinó por la militar. El padre de Napoleón, Carlo Buonaparte, era descendiente de una familia noble toscana en la que hubo soberanos, guerreros, escritores y santos. Sus hermanos fueron José, Luciano, Luis, Jerónimo, Elisa, Carolina y Paulina. A los 15 años ingresó a la escuela militar de París. Descolló siempre en matemática y geografía, además de ser un lector voraz.

     En la vida de Napoleón hubo grandes victorias pero también grandes derrotas. La Batalla de Moscú fue uno de los mayores reveses de Napoleón. Esa derrota lo obligó a abdicar por primera vez. Fue confinado en la isla de Elba, aunque durante ese destierro, en mayo de 1814, Napoleón contempló la posibilidad de rescatar el poder perdido, sobre todo al conocer rumores de que sería enviado a la isla de Santa Elena. Lo animaban las manifestaciones de adhesión de muchísimos partidarios que deseaban su regreso a Francia. En febrero de 1815 se embarcó con hombres de su guardia y algunos generales. Contaba con 600 combatientes. Pasaron por Cannes, entraron a Lyon y llegaron a Grenoble, en Francia. El 30 de marzo de 1815 Napoleón llegó a París. Los ingleses tenían ejércitos muy bien preparados: El duque de Wellington estaba en Bélgica con 100.000 hombres; el mariscal Blücher en Namur con 150.000; había 350.000 austriacos en el Rin y detrás de ellos estaban 225.000 rusos. Por su parte, Napoleón logró reunir en tres meses más de 200.000 hombres. Las hostilidades comenzaron el 15 de junio de 1815. Después de dos victorias parciales Napoleón perdió la batalla en Waterloo, cerca de Bruselas; lo derrotó el veterano duque de Wellington. Lo que vino después fue su segunda abdicación y su confinamiento en la inhóspita isla británica de Santa Elena. La Batalla de Leipzig, llamada también Batalla de las Naciones, fue otra derrota sufrida por Napoleón.

     Dijo Napoleón: “Mi verdadera gloria no es haber ganado cuarenta batallas; Waterloo empañará el recuerdo de tantas victorias. Lo que no se esfumará, lo que vivirá eternamente es mi Código Civil. Solamente mi Código, por su simplicidad, le ha hecho más bien a Francia que todas las leyes que me precedieron”. En efecto, es la base de todo el Derecho de Francia y modelo de los sucesivos códigos civiles de más de 24 naciones. Como tema relacionado con el Gran Corso leamos lo siguiente: La expresión: “Vísteme despacio que tengo prisa” se atribuye a Napoleón; pero se afirma que el emperador Augusto decía a sus ayudantes: “Apresúrense lentamente”. Según Suetonio, historiador romano posterior a Augusto, este emperador aconsejaba: “Caminad lentamente si queréis llegar a un trabajo bien hecho”.    

 

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RECORDANDO AL NOVELISTA THOMAS MANN

6 Junio 2015 , Escrito por JOSÉ A. VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

RECORDANDO AL NOVELISTA THOMAS MANN
RECORDANDO AL NOVELISTA THOMAS MANN

 Por: José Alejandro VanegasMejia                              jose.vanegasmejia@yahoo.es      

                                                              

Un día como el de mañana, 6 de junio, registra algunas efemérides importantes. Podríamos citar, entre todas, la formación de la república ligur de Venecia por Napoleón Bonaparte, en 1797. Pero también merece mencionarse la proclamación del hermano de este emperador, José ‘Pepe Botellas’ como rey de España en 1808. No quedaría bien dejar por fuera el natalicio del Dalai Lama del Tibet, en 1935. Hay que recordar el desembarco de los Aliados en Normandía en 1944. Robert Kennedy fue asesinado en 1968. Vamos a dedicar esta columna al novelista alemán autor de ‘La montaña mágica’ y ‘Los Buddenbrook’, entre otras obras.

     Paul Thomas Mann nació el 6 de junio de 1875 en Lübeck, Alemania. Novelista, cuentista, crítico social, ensayista, filántropo; todo eso fue Mann, nacionalizado en los Estados Unidos. Su nombre fue vinculado con el movimiento intelectual que buscaba consolidar la armonía entre los pueblos. Se lo considera heredero de Goethe en la expresión del alma alemana, de Heine en la ternura y la belleza y de Kant en la profundidad de sus pensamientos.

     Aunque su novela más conocida es ‘La montaña mágica’ (1924), el Premio Nobel de Literatura 1929 se le otorgó principalmente por ‘Los Buddenbrook’, obra clásica de la literatura contemporánea. Publicada en 1901, fue su primera novela de larga extensión, según dice el propio autor en su autobiografía ‘Relato de mi vida’.  Mann confiesa su actitud al mismo tiempo cariñosa y destructiva hacia la tradición como característica de su literatura. En 1894 había publicado ‘La caída’, con éxito rotundo.

     En ‘Los Buddenbrook’, subtitulada ‘Decadencia de una familia’, narra el progresivo declive de una estirpe en el curso del siglo XIX. Contiene elementos autobiográficos del autor. En sus páginas aparece la oposición entre mundo y arte, un tema recurrente en Thomas Mann. Abarca desde 1835 hasta 1876 y refleja el estilo de vida y el modo de pensar y actuar de la burguesía emergente y adinerada. En cierto modo, como lo afirma un crítico reciente, ‘Los Buddenbrook’ tiene similitud con ‘Cien años de soledad’ por cuanto en ambas novelas las familias protagonistas están destinadas a desaparecer; ambas comparten el mismo fin: la extinción de la especie.

     En cuanto a ‘La montaña mágica’, el autor pensó escribir una novela corta pero se le fue alargando a medida que introducía personajes en diferentes situaciones. En efecto, el escritor se entera de la forma como pasan el tiempo su esposa Katia y otros pacientes en un sanatorio situado en la montaña. Ese ambiente lo motiva. Al visitarla se interesa por lo que allí ocurre y escribe esta obra que tiene que ver con la vida alemana en los años anteriores a la Primera guerra mundial.

     Thomas Mann es autor de la tetralogía ‘José y sus hermanos’ (1933-1943), ‘Muerte en Venecia’ (1913), ‘Carlota en Weimar’ (1939), ‘Doctor Faustus’ (1947) y ‘Confesiones del aventurero Félix Krull’ (1954). Son pensamientos suyos: “La belleza, como el amor, hace sufrir”. “Pensad como hombre y actuad como hombres pensantes”. “La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz”. Thomas Mann murió el 12 de agosto de 1955 en Zurich, Suiza.

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POR QUÉ Y PARA QUÉ "ACOTACIONES"

18 Mayo 2015 , Escrito por JOSÉ A. VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                     jose.vanegasmejia@yahoo.es

Una imagen muy conocida en programas de televisión es aquella que nos muestra un gato que, al mirar su propia cola, intenta morderla y genera un movimiento circular que al final lo marea, sin conseguir su propósito inicial. Como el felino en referencia, las Acotaciones de hoy girarán en torno a sí mismas, con el fin de tomarlas como objeto o tema de conversación.

Algunos lectores preguntarán al autor qué son, en esencia, sus Acotaciones. La respuesta precisa no aparecerá jamás en esta columna, aunque semana tras semana sigan ocupando un espacio en el periódico que les abrió sus páginas hace ya más de treinta años. Es más fácil, en cambio, decir por qué y para qué se escriben estas Acotaciones. Esas opiniones, reseñas, remembranzas, críticas, sugerencias y aclaraciones que cada viernes aparecen en la página editorial de EL INFORMADOR constituyen un ejercicio que el autor se ha impuesto voluntariamente, tal vez para mantener en actividad sus facultades mentales. ¿Para qué dichas Acotaciones? Para continuar con el rol de docente; porque, esfumado el auditorio físico del aula por causa de la jubilación, un docente de toda la vida necesita y busca receptores que deseen leer un discurso que tal vez tenga interés para ellos. Cada Acotación pretende llevar una información que en algunos casos el lector desconoce; otras veces solo sirve para ampliar lo ya sabido. Ocurre con frecuencia que lo nuevo para un lector joven es un hecho fuertemente arraigado en la memoria de un adulto: muchos de ellos con la lectura de esos artículos regresan a sus emocionantes años juveniles, a lugares donde fueron actores indiscutidos.

Las Acotaciones de los viernes pueden agruparse por temas. A grandes rasgos podemos clasificar sus contenidos como lingüísticos, literarios, urbanos, sociales, culturales, históricos, crítica política, la vida nacional y comentarios generales. En muchos casos el autor considera que ha logrado su objetivo si consigue motivar al lector para que indague sobre temas apenas esbozados en su columna. Eso equivale, al fin y al cabo, a dejar una tarea que debe realizarse en casa, como hacíamos en nuestra época de estudiantes.

No es imposible que las numerosas Acotaciones de los viernes, en el futuro, aparezcan compiladas en un libro, con temas agrupados por afinidad. Es una aspiración que no solo depende de la voluntad del autor sino de la acogida que los lectores dispensen a este esfuerzo que reúne ya más de cuatrocientos artículos.

Un dato que debo dar a conocer es que, además de quienes leen Acotaciones de los viernes por Internet (en los periódicos virtuales Seguimiento y Nuevos días) y de los lectores habituales de este diario local, esta columna llega a más de trescientos noventa contactos que la reciben por medio de mi correo electrónico. Estos últimos, con sus opiniones y sugerencias sirven de retroalimentadores y garantizan la continuidad de un trabajo que, aunque arduo, brinda satisfacciones al autor.

Algunas veces el corto espacio obliga a resumir temas que merecerían mayor expansión. Pero, como dijimos antes, dejar la inquietud también es un logro. No falta quien en la calle me solicite la ampliación de una idea que ha dejado en el lector más inquietudes que respuestas. Todo eso, aunque parezca negativo, es una virtud que nuestra columna semanal produce en quienes pasan la vista sobre lo que decimos cada viernes. Por algo la duda metódica fue y sigue siendo un mecanismo que nos lleva al conocimiento, según Descartes.

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EDUARDO GALEANO HA FALLECIDO

16 Abril 2015 , Escrito por JOSÉ A. VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

EDUARDO GALEANO HA FALLECIDO
EDUARDO GALEANO HA FALLECIDO

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                      jose.vanegasmejia@yahoo.es

El periodista y escritor Eduardo Galeano es autor de una obra muy conocida entre los latinoamericanos. Se titula “Las venas abiertas de América Latina” (1971) y constituye un documento que denuncia la realidad de nuestros países frente a la explotación de las grandes potencias del mundo.

Fuimos a buscarlo al aeropuerto. Cuando el connotado ensayista uruguayo descendió del avión y ocupó el lugar que le brindamos para transportarlo hasta el centro de la ciudad, apagó el cigarrillo que acababa de encender y nos dio una lección de humildad: “La ley es para todos”, dijo, señalando el imperativo anuncio que yo había colocado pocos días antes: “No fume dentro de este vehículo”. Aquella mañana de abril, frente al visitante vestido deportivamente, con suéter cuello de tortuga, pensamos en el momento que estábamos viviendo. El escritor seguía para Marruecos, donde dictaría una de las tantas conferencias que le solicitaban.

No podía pasar desapercibida la presencia del uruguayo que, con el respaldo de su inmenso acervo cultural, exponía sus ideas acerca de la explotación centenaria de nuestro subcontinente. No era posible, en fin, dejar de asombrarse ante la figura de un crítico que se atrevía a decir: “El Banco se llama Mundial, como el Fondo Monetario se llama Internacional, pero estos hermanos gemelos viven, cobran y deciden en Washington. Quien paga, manda; y la numerosa tecnocracia jamás escupe el plato donde come. Siendo, como es, el principal acreedor del llamado Tercer Mundo, el Banco Mundial gobierna a nuestros países cautivos, que por servicio de deuda pagan a sus acreedores externos 250 mil dólares por minuto; y les impone su política económica en función del dinero que concede o que promete. No hay manera de apagar la sed de esa vasija agujereada: cuanto más pagamos, más debemos, y cuanto más debemos, mejor obedecemos…”

Eduardo Germán María Hughes Galeano ha publicado muchas obras interesantes. Si se profundiza en el sentir de este pensador sudamericano, se verá cómo gran parte de su producción se estructura alrededor de la justicia o injusticia social. No podemos soslayar el hecho de que Galeano recibió en Suecia, el 19 de mayo de 2010, el Premio Stig Dagerman en reconocimiento a su trabajo literario. Se dice que equivale a un “premio Nobel Rebelde”.

Era, por eso, un acontecimiento y un motivo de satisfacción tener a Eduardo Galeano entre nosotros en esa fecha memorable. Entre sus obras, además de “Las venas…” están: “Violencia y enajenación” (1971), “Crónicas latinoamericanas” (1972), “Vagamundo” (1973), “Memorias del fuego” I, II y III (1982-1986), “Las caras y las máscaras” (1984), “El siglo del viento” (1986)“, “Nosotros decimos no” (1989), “Las palabras andantes” (1993), “Úselo y tírelo” (1994), “Carta al señor Futuro” (2007)“. Dos libros famosos de Galeano son “Su majestad el fútbol” (1968) y “El fútbol a sol y sombra” (1995). También es autor de “Manos arriba” y “La canción de nosotros”.

Eduardo Galeano nació en Montevideo el 3 de septiembre de 1940 y falleció en la misma ciudad el 13 de abril de 2015. Honremos su memoria con dos de sus famosas frases: “El mundo se divide, sobre todo, entre indignos e indignados, y ya sabrá cada quien de qué lado quiere o puede estar”. “Quien no está preso por la necesidad está preso por el miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen”.

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LA RAUDA FLECHA TERMINÓ SU VUELO

12 Abril 2015 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

LA RAUDA FLECHA TERMINÓ SU VUELO
LA RAUDA FLECHA TERMINÓ SU VUELO

 

Por: José Alejandro Vanegas Mejía Jose.vanegasmejia@yahoo.es

El lunes 6 de este mes falleció en la ciudad de Lorica, Córdoba, Gustavo Díaz Naar. En su pueblo lo conocían más por su apodo: ‘El Flecha’. Lorica lo despidió como correspondía a un hombre autóctono, al “filósofo recochero” que regresó a su patria chica cuando no pudo terminar sus estudios universitarios en Cartagena. Fue propietario de los bares ‘El Tuqui Tuqui’ y ‘El mismo Tigre Mono’, lugares donde se nutrió de numerosas anécdotas escuchadas al tiempo que incrementaba sus propias narraciones. En todos los pueblos encontramos personajes como El Flecha, aunque no corran con la suerte de Gustavo Díaz Naar, quien encontró un padrino literario que lo sacó de los cuadriláteros o tinglados de boxeo para situarlo en la memoria de los colombianos. El Flecha, ese hombre que, según él mismo, era un “boxeador de profesión y bacán de fracaso”, entregó su alma al Creador.

Se sabe tan poco de Gustavo Díaz Naar que, necesariamente, hay que hablar del más prominente de sus amigos: David Sánchez Juliao, escritor, periodista, novelista, cuentista y diplomático. En este caso el conocimiento que tenemos de El Flecha se debe no a la pluma sino a la exposición oral que su paisano dio a conocer allá por los años ochenta. ‘El Flecha’, ‘El Pachanga’ y otros relatos se escuchan todavía, grabados en medios magnetofónicos. Desde el comienzo este género narrativo fue sometido a discusión entre los entendidos. Hay quienes consideran que no debe llamarse literatura; otros prefieren denominarlo, con cierto desdén, ‘literatura casete’. Lo cierto es que por el solo hecho de utilizar la lengua como vehículo de difusión, los trabajos de Sánchez Juliao pertenecen a la oralidad, que hace parte de la literatura. Además, este autor fue el primero en el mundo en grabar un audiolibro en un casete, con los temas ‘¿Por qué me llevas al hospital en canoa, papá?’ y ‘El Pachanga’.

Sánchez Juliao escribió otros relatos, casi todos relacionados con la cotidianidad de los pueblos. El aspecto jocoso aflora en muchas de sus obras, la mayor de las cuales tal vez sea ‘Pero sigo siendo el rey’, con la cual ganó el Premio Nacional de Novela Plaza & Janés en 1983. También son del autor costeño ‘Historias de Raca Mandaca’ (1974), ‘Nadie es profeta en Lorica’ (1979), ‘Mi sangre aunque plebeya’ (1986) y ‘Buenos días, América’ (1988), entre otras. Sus obras han sido traducidas a doce idiomas; muchas de ellas aparecen como adaptaciones para cine y televisión. No puede olvidarse que el escritor recibió en vida 17 Premios India Catalina.

Tal vez no se sepa, o no se recuerde que es de Sánchez Juliao una expresión que aparece en la publicidad radial y televisiva todos los días. Siempre que la escucho me remito a la pequeña obra ‘Abraham Al Humor’, en la cual el turco del cuento dice “Ahorra o nunca”. Hoy, la Flecha lanzada al mundo literario con tanto éxito, se ha encontrado con el narrador que la disparó. Como un bumerang describió un círculo completo para retornar a las manos que en la eternidad la esperaban desde el 9 de febrero de 2011.

 

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