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SOBRE "LA NUEVA OLA" EN EL CINE EN LOS AÑOS 50

16 Mayo 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

jvanegas

 

Por: José Alejandro Vanegas Mejía

        jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

 

 

 

El cine es un arte. De hecho, se le llama el séptimo arte y comparte esa categoría con la música, la danza, la escultura, la arquitectura, la literatura y la pintura. Su origen y su desarrollo deben mucho a la fotografía, sin la cual no existiría. Sería prolijo e innecesario hablar extensamente del cine; con solo tomar algunos de sus momentos sale a flote su importancia. Habrá quienes en forma experta diserten sobre las diversas facetas que nos ofrece el cinematógrafo; ellos, con sobrados fundamentos nos darán cátedra y nos deslumbrarán con sus profundos conocimientos. Nosotros, simples admiradores del cine que conocimos, viviremos del recuerdo, sin aplicar un análisis exhaustivo a las películas que nos dejaron huellas por razones que muchas veces no logramos determinar. Pero esa incapacidad no nos impide separar películas excelentes de filmes mediocres o definitivamente malos.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                

 La época de los años sesenta y setenta, por ejemplo, nos ofreció “Bella de día” y “La felicidad” como joyas de la filmografía francesa. No hay que ser un crítico avezado para reconocer los méritos de ambas cintas. También en esos años nos impresionaron películas como “La dolce vita” y “Dos mujeres”, esta última interpretada por Sofía Loren, la actriz símbolo sexual que en pareja con Marcello Mastroianni recrearon numerosas escenas de la vida cotidiana en Italia. Pero años antes conocimos lo que se llamó “La nueva ola”, aparecida en la década de 1950. A ella pertenece Alain Resnais, de quien hablaremos un poco en esta columna periodística.  

 

Resnais nació el 3 de junio de 1922 en Vannes, Francia. Murió en París el 2 de marzo de este año. Fue director de cine y guionista. Con François Truffaut y Jean-Luc Godard conformó una trilogía importante de figuras de la “Nueva ola”. Hay que recordar que con esta denominación la crítica designó a un grupo de cineastas franceses surgido a finales de la década de 1950. Estos realizadores se basaban en postular como máxima aspiración la libertad de expresión y, sobre todo, la libertad técnica en el campo de la producción fílmica. Esto, desde luego, fue una reacción contra las estructuras que el cine francés imponía hasta ese momento. Los integrantes de la “Nueva ola” afirmaban que si el escritor de novelas escribe con una pluma o un bolígrafo, el director de cine debe escribir con una cámara, pues se encuentra por encima de todo y la película nace de él. Llamaban ese instrumento “Caméra-stylo”, es decir, “Cámara-bolígrafo”. 

 

La periodista francesa Françoise Giroud fue quien primero utilizó le expresión “Nouvelle vague” (Nueva ola) en 1957. Una encuesta realizada por ella le permitió constatar que existía una nueva ola de cinéfilos formados en cineclubes. Esta modalidad de exposición tuvo mucho auge en universidades y centros culturales, en los cuales casi siempre las sesiones terminaban con un foro sobre la película exhibida. No hay duda de que una de las películas emblemáticas de la Nueva ola es “Hiroshima, mi amor”, de Alain Resnais con guion de la escritora francesa Marguerite Duras. Pero son también conocidas “Noche y niebla” (1951) y “El año pasado en Marienbad” (1961), ambas de Resnais. Además, “Los cuatrocientos golpes” de François Truffaut (1959). La Nueva ola no fue exclusiva de Francia. Muchos países, entre ellos los de América Latina, produjeron obras al estilo de esta forma particular de presentar la realidad. Se considera que la “Nueva ola” ha sido la única revolución verdadera en el cine después de la introducción del sonido en las películas. Y cabe agregar que esa ola, que no duró mucho en el tiempo, también se manifestó en la música y en la pintura.

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FERNANDO VALLEJO EN LA FERIA DEL LIBRO

1 Mayo 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

jvanegas 

Por: José Alejandro Vanegas Mejía 

        jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

 

 

 


Hoy 2 de mayo estará en la XVII Feria del Libro de Bogotá el escritor Fernando Vallejo. Pasará la tarde firmando sus libros y a las 6 ofrecerá la charla “Los temas de Vallejo”. El domingo regresará a la feria para hablar de su nueva novela: “Casablanca la bella”. 

 

FERNANDO VALLEJOVallejo renunció a la ciudadanía colombiana en el 2007, y aunque después quiso recuperarla, todavía no lo ha conseguido. Veamos algunas de sus expresiones relacionadas con nuestro país: “Esa mala patria de Colombia ya no es la mía. No quiero volver a saber de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso morir”. “De pequeño descubrí que Colombia era un país asesino, el más asesino de todos; luego me di cuenta de que era un país atropellador y mezquino y ahora, con la reelección de Álvaro Uribe, descubrí que era un país imbécil”. 

 

La literatura del escritor antioqueño causa escozor. Muchos lectores de “La puta de Babilonia” nunca llegaron al final de la obra. Algunos aducen que hay exageraciones intolerables; otros opinan que la lectura de esta obra puede causar contradicciones en el pensamiento de creyentes católicos. En todo caso, el polémico libro de Vallejo no puede pasar inadvertido bajo los ojos del lector. 

 

Entre quienes saben de literatura, Vallejo ocupa un lugar destacado. Y no es gratuito ese sitial, pues el narrador ha cosechado triunfos literarios de renombre continental debido al aprecio que se tiene a su prosa. Una prueba es la afirmación que encontramos en la prensa especializada: “Como una de las voces más personales, controvertidas y exuberantes de la literatura actual en español fue calificada la obra del escritor paisa Fernando Vallejo por parte del jurado que le otorgó el prestigioso premio ‘Feria Internacional de Literatura en Lenguas Romances’, FIL, en el 2011”. Este certamen tiene como sede la ciudad de Guadalajara, México. Además, Vallejo ha recibido otras distinciones: Premio Ariel en 1979 a la mejor ópera prima y mejor ambientación por la película “Crónica roja”. Premio Ariel en 1981 a la mejor ambientación por el largometraje “En la tormenta”. Premio Rómulo Gallegos en 2003 por la novela “El desbarrancadero”. Doctor honoris causa de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, en 2009. 

 

Fernando Vallejo es autor de “La virgen de los sicarios”, obra que fue pasada al cine y causó una polémica que aún hoy no ha cesado. Pero también es de Vallejo la novela “El desbarrancadero”, donde el autor se muestra irreverente y procaz. Como ensayo escribió “Logoi: una gramática del lenguaje literario”. 

 

Cuando se lee a Vallejo es inevitable pensar en Vargas Vila, igualmente desterrado de las antologías literarias pacatas, donde lo irreverente o iconoclasta no tiene cabida. En los programas de español de las escuelas las obras de Vallejo no tienen espacio. Sin embargo, el valor de este escritor contemporáneo no puede ser desconocido solo porque los falsos moralistas pretendan mantenerlo en el ostracismo.

 

Los premios internacionales que ha ganado Fernando Vallejo le han dado alguna solvencia económica. El galardón obtenido en Guadalajara le reportó una bolsa de 150.000 dólares, que destinó a dos asociaciones caritativas mexicanas defensoras de animales. Cabe anotar que Vallejo reside en México desde 1971. El premio anterior a este último, el Rómulo Gallegos, Vallejo lo destinó a un albergue de perros callejeros, a quienes el escritor llama sus hermanos. Esta excentricidad acrecienta aún más la animadversión que los críticos mojigatos sienten por este narrador. Sin embargo, no pueden desconocer que en el 2012 los lectores de la revista Foreign Policy lo reconocieron como uno de los diez intelectuales más influyentes de Iberoamérica.

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GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ NOS DEJA UN GRAN VACÍO

27 Abril 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 
 

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Por: José Alejandro Vanegas Mejía

 

 

 

 
                                                                         

GABO.png“¿Quién me ha robado el mes de abril?”, se preguntó el poeta y cantautor español Joaquín Sabina al enterarse de la infausta noticia. No sabemos cuántas exclamaciones tan sentidas se han expresado en todo el mundo a raíz de la muerte de Gabriel García Márquez. Lo que sí debo mencionar es que en mi libro ‘Espejos astillados de la memoria’ acuñé el título ‘Ojalá no te mueras nunca’ para conjurar el posible deceso de nuestro Nobel de literatura. Naturalmente, la Parca no acepta sugerencias y mucho menos acata imposiciones.

 

Gabriel García Márquez ha muerto. Su prosa esplendorosa se dio a conocer con la publicación de “Cien años de soledad” en 1967, aunque veinte años antes ya estaban en letra de molde sus primeras producciones. “La tercera resignación” (1947) y “Eva está dentro de su gato” (1948) tienen el mérito que corresponde a un buen narrador principiante. Sin embargo, con la hecatombe producida por “Cien años de soledad” los lectores volvieron atrás en busca de los pasos iniciales del escritor de Aracataca. Fue entonces cuando encontraron obras como “La hojarasca” (1955), “El coronel no tiene quien le escriba” (1961) y “La mala hora” (1962). Se ha escrito tanto sobre estas obras que no vale la pena insistir en comentarlas. 

 

En cambio, hay que destacar algunos elementos de “El otoño del patriarca” (1975), por cuanto esta novela recoge características de los gobernantes que, engolosinados con el poder, se convierten en dictadores. Para García Márquez no basta una visión centrada solo en los Trujillo de República Dominicana; ni son suficientes las tropelías de los Somoza en Nicaragua ni los crímenes de dictadores sudamericanos para estructurar en un relato la radiografía de tiranos en general. Por eso el Patriarca de Gabo es una amalgama de todos ellos, sin dejar por fuera a Stroessner del Paraguay ni a Rosas de Argentina, aunque las épocas no se correspondan con los años recientes. En esta obra hay algo de Videla en Argentina y de Pinochet en Chile, pues el autor se propuso la tarea de retratar al ‘dictador total’. En relación con el poder y la soledad que él genera, son pertinentes dos pensamientos de García Márquez: “No hay nada que se parezca más a la soledad del poder que la soledad de la fama”. “El poder es sin duda la expresión más alta de la ambición y la voluntad del ser humano, y por eso, resume a la vez toda su grandeza y toda su miseria”. 

 

Gabriel García Márquez, el más importante escritor en lengua española después de Cervantes, ha partido hacia la eternidad. Y con él se ha ido el colombiano más ilustre de nuestra historia. Nos queda su gloria, su ejemplo, y nos anima la esperanza de que las nuevas generaciones vean en “el hijo del telegrafista de Aracataca” un ejemplo, una guía en el camino incierto que Colombia debe transitar. Para perpetuar su nombre queda la ‘Fundación Gabriel García Márquez para el nuevo periodismo iberoamericano’, que a su vez creó el ‘Premio Gabriel García Márquez de periodismo’ y el ‘Premio Iberoamericano de cuento’, que también lleva su nombre. 

 

En una entrevista que concedió hace años, García Márquez contó que en una pequeña taberna europea observó, en la penumbra del lugar, a un anciano que en forma discreta tocaba el piano para los asistentes. Afirmó que, de no haber sido escritor ni periodista, a él le hubiese gustado ser ese pianista que tocaba para que los demás fueran felices. Eso equivale a la afirmación que Gabo siempre tuvo en sus labios: “Escribo para que mis amigos me quieran más”. Hoy, ante la irremediable ausencia del único Nobel que tenemos, hemos descubierto lo mucho que lo queremos. Paz en la tumba del Maestro.

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EL ETERNO NIÑO DE HOLLYWOOD

11 Abril 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

 

 

jvanegasPor: José Alejandro Vanegas Mejía           jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

 

 

 

 


Cuando recibí como premio, en el primer año de la primaria, un pequeño libro sobre la vida de dos estrellas de cine que en esos momentos triunfaban en la pantalla, no tuve la capacidad suficiente para comprender la verdadera dimensión de esos representantes del arte escénico. El librito era un poco más grande que las cajas de fósforos usadas en ese tiempo. (¿Quién se acuerda todavía de los fósforos El Globo?). Tenía pastas gruesas, durísimas, como las de los mejores diccionarios que ha publicado Larousse. De eso hace tantos años que poco conservo de su contenido. Pero sí tengo presente que en las páginas pares aparecían dibujos relativos a los dos astros del cine mientras que en las impares se relataban, entrelazadas, las vidas de ambos actores. El libro se llamaba ‘Mickey Rooney y Judy Garland’.Hablaré del actor fallecido hace unos días, el 6 de abril de 2014. En verdad le había perdido el rastro. Es más, pensé que había muerto hacía mucho tiempo. Pero no. Después de haberlo visto en la película cómica ‘El mundo está loco, loco, loco, loco’ (1963), Mickey Rooney siguió en el mundo falso del cine y estuvo a punto de cumplir noventa y cuatro años de vida en este universo real.

 

MICKEY-R.jpgMickey Rooney, cuyo nombre original era Joseph Yule, Jr., nació en Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos el 23 de septiembre de 1920. Comenzó su carrera a los seis años; pero cuando tenía solo diecisiete meses acompañó a sus padres en una de sus presentaciones. De hecho, los padres de Mickey eran actores itinerantes de vodevil. Fue Rooney, sin dudas, el actor de cine que más años permaneció en la pantalla, haciendo honor a su frase favorita: “Cuando abro la puerta de la nevera y se enciende la luz, quiero actuar”. En 1927 Mickey Rooney se convirtió en estrella del cine mudo con un personaje que se volvió muy popular: Mickey Mc Guire, cuyo nombre adoptó para toda la vida. Pero fue la serie de películas ‘Andy Hardy’, filmada entre 1937 y 1944, la que lo convirtió en ídolo en los Estados Unidos. Por supuesto, el actor fue el número uno de la taquilla entre los años 1939 y 1941.

 

La pareja Rooney-Garland acaparó la atención de los cinéfilos por sus presentaciones en las películas musicales ‘Los hijos de la farándula’ (1939), ‘Armonías de juventud’ (1940), ‘Chicos de Broadway’ (1941) y ‘Girl crazy’ (1943). Pero en la actividad artística de Mickey Rooney hay muchas otras películas exitosas, como ‘Amanecer sangriento’ (1956) y ‘El corcel negro’ (1979), entre las más de doscientas cintas en las que participó. En televisión trabajó en las series ‘El crucero del amor’ (1982), ‘Las chicas de oro’ (1988) y ‘Se ha escrito un crimen’ (1993).  Obtuvo cuatro estatuillas honoríficas del premio Oscar.

 

De la vida sentimental de Mickey Rooney hay que destacar que se casó con ocho mujeres, entre ellas Ava Gardner. Todas eran mucho más altas que él: su estatura alcanzaba el metro con cincuenta y siete centímetros. Bueno, se ha ido Mickey Rooney, actor que seguiremos viendo en ‘Una noche en el museo’ gracias a las repeticiones que nos brindan en cualquier momento los canales de TV cable. Apenas el mes pasado había filmado algunas escenas de ‘Una noche en el museo 7’. Y para que no se diga que murió alejado de su profesión, debe tenerse en cuenta que actualmente participaba en la película ‘El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde’, basada en la novela de Robert Louis Stevenson.  

 

  

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LA HISTORIA LA CUENTAN LOS TRIUNFADORES

31 Marzo 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

  

jvanegasPor: José Alejandro Vanegas Mejía

        jose.vanegasmejia@yahoo.es 

 

 

 

 

 

 


Esta frase ha hecho carrera. Y aunque no sean verdaderos triunfadores, los autores de algunas obras “histórico-literarias” posan de héroes, mártires o patriotas cuyas ejecutorias deben ser admiradas por las futuras generaciones. 

 

Si nos interesase la Historia, así, con mayúscula, gran material de lectura tendríamos en textos como “Vida de los doce césares” de Suetonio, “Vidas paralelas” de Plutarco, “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar y otras tantas citadas en Acotaciones anteriores. O también consultaríamos la colección de Editora Cinco, que nos presenta en forma objetiva las biografías de Marco Polo, Einstein, Rousseau, Gandhi, César, entre otras. Pero con el poco tiempo que en los colegios se dedica a la historia universal, los jóvenes colombianos de ahora tienen como recurso sumergirse en las páginas de obras que muestran aspectos de la vida del país pero desde la óptica de quienes en su debido momento tuvieron en sus manos las riendas de esta Colombia ‘descuadernada’, según palabras del expresidente Carlos Lleras Restrepo. 

 

Por esa senda de la escritura insulsa y siempre sesgada, llegamos a obras que pretenden conformar nuestra historia; es decir, la que encontrarán en el futuro nuestros nietos. Así, nos topamos con “Aquí estoy y aquí me quedo” de Ernesto Samper Pizano; “Memorias olvidadas” de Andrés Pastrana Arango y “No hay causas perdidas” de Álvaro Uribe Vélez. No sabemos que haya libros escritos por los expresidentes Julio César Turbay ni Virgilio Barco Vargas. 

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El libro de Samper es un intento de justificación para sus cuatro años de gobierno. El proceso 8000, según el autor, es un montaje alimentado por calumnias, zancadillas y traiciones urdidas por opositores a su gestión presidencial y aun por allegados al mandatario, funcionarios con insaciables ambiciones personales. El “Cartel de Cali” no apareció por allí; y si le lanzó algún ‘paracaídas’ en el momento crucial de la segunda vuelta electoral, fue a espaldas del Presidente. Conclusión: “Aquí estoy y aquí me quedo” es una pieza seudo literaria en la cual, tras bambalinas, se observa la mano experta del periodista Daniel Samper, hermano del autor.  

 

Andrés Pastrana también aporta lo suyo a ese sainete que nos mueve de un lado para otro desde hace unos cuantos años. “Memorias olvidadas” es más digerible que la defensa escrita de Samper. Sin duda, el oficio de periodista de su autor contribuyó a la fluidez del texto. De otra parte, su estilo directo, en diálogos impecables hace bastante amena su lectura. Se observa en el libro de Pastrana el interés constante de que se le considere merecedor del premio Nobel de la Paz. Afirma que por menos le fue otorgado a Anwar Sadat en 1978. (Página 174). 

 

El libro de Uribe es un elogio a su estirpe antioqueña. Cuando niño, su padre lo increpa, desde la primera página, y le exige portarse como un varón. Ese es el núcleo del libro: el personaje se toma la introducción, el nudo y el desenlace. Por ningún lado queda espacio para reconocer errores. Los paramilitares no existen. Solo hay personas que tienen derecho a defenderse; y si forman cooperativas para lograr sus objetivos, cuanto mejor. Sus herederos, dignos exponentes de la clase empresarial antioqueña, son solo jóvenes visionarios, forjadores de riqueza para su país. Las basuras no les impiden avanzar hacia el promisorio futuro. 

 

Esa es la Historia que encontrarán nuestros nietos: sin narcotráfico en el gobierno; sin paramilitares a lo largo de la geografía colombiana y sin los llamados ‘falsos positivos’. Porque quienes acceden al poder, con sus ‘memorias’ escritas al final de sus respectivos mandatos, pretenden tapar la amarga realidad con parrafadas que serían dignas de mejores causas, pero que, en la pluma de sus autores son solo justificaciones. Imposibles de aceptar, por supuesto.

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LA FOTOGRAFÍA: PELDAÑO PARA EL CINE

22 Marzo 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

 

jvanegas                                            Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                         jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

 


 


Con frecuencia aparecía un vehículo cerrado, con grandes avisos en los costados y un parlante encima para anunciar la efectividad de Mejoral para el alivio de todos los dolores (mejor mejora Mejoral, decía el lema) o de Sal de uvas Picot, o de Sal de frutas LUA. Por esos años Mejoral no necesitaba propaganda, porque se usaba hasta para arrancar de raíz los callos de los pies. Las sales promocionadas por las camionetas mencionadas eran artículos obligados en los hogares, donde se los guardaba en frascos bocones, a disposición de toda la familia. Esos vehículos recorrían los barrios en busca de paredes más o menos blancas en donde poder proyectar películas que ya para esa época eran viejas. Sin embargo, los niños seguían detrás del ruidoso móvil que los conducía hasta la improvisada pantalla de turno.

 

No viene al caso describir la algarabía y el desorden de la chiquillada antes, durante y después de la proyección. Solo destacamos el asombro que se reflejaba en los rostros infantiles ante el paso de una caravana perseguida por los indios en el Oeste, o de la captura, ¡por fin! del malo de la película. Como es fácil suponer, nadie pensaba en los procesos que debió sufrir el cine para llegar a ese estado de desarrollo.

 

El cine es un arte; el séptimo, para mayor precisión. Para que apareciera fue necesario que Joseph Nicéphore Niépce inventara la fotografía, por el año 1826, más o menos. Eso prueba que un invento lleva al nacimiento de otros. Pensemos en la rueda, o en la pólvora, si nos quedaban dudas. Después de la fotografía hubo grandes inventos que se desarrollaron a lo largo del siglo XX: la radiofoto, la telefoto y la televisión son apenas unas pocas de sus derivaciones. Actualmente admiramos los avances logrados por el cinematógrafo, llamado simplemente cine. No nos detenemos a pensar en su invención y primeros pasos, cuando los hermanos Auguste-Marie y Louis-Jean Lumière lograron recrear la realidad, tras arduos y agotadores intentos en la fábrica de su padre, Antoine. Eso ocurría por los años 1894 y 1895. Los dos inquietos franceses obtuvieron una sustancia gelatinosa compuesta con bromuro. 

 

Con una rudimentaria caja de 20 por 12 centímetros lograron no solo imágenes tomadas de la realidad sino que fueron capaces de proyectarlas para dar la sensación de movimiento. El hecho ocurrió en Lyon, donde residían los Lumière, aunque habían nacido en Besançon. La primera película filmada por los hermanos Lumière muestra a los obreros de la fábrica en el momento de su salida; se conoce como ‘La sortie de l’usine Lumière à Lyon’ (‘La salida de la fábrica Lumière en Lyon’). De esos mismos días es ‘L’arrivée d’un train à la gare’ (‘La llegada de un tren a la estación’). Siguieron otras cortas secuencias, entre ellas ‘Le jardinier arroseur arrosé’ (‘El jardinero rociador rociado’), de carácter jocoso. Son escenas filmadas en 1895, presentadas en ‘El Gran Café’ por el precio de un franco. Una placa de mármol colocada en el sitio donde funcionó ese modesto café, recuerda el nacimiento del cinematógrafo.

 

Este sábado 22 de marzo se cumplen 119 años de ese acontecimiento, pionero del cine actual. Es una efemérides que debemos recordar los cinéfilos, como mínimo gesto de agradecimiento por el legado de los hermanos Lumière. Pensemos que detrás de tanta maravilla tecnológica están los esforzados visionarios que hicieron posible el prodigio del séptimo arte.

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RECONOCIMIENTOS INSUFICIENTES

15 Marzo 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

 

jvanegas TINTERO

Por: José Alejandro Vanegas Mejía

         jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

   

                                                              

 

Comencemos con las palabras del pensador, escritor y maestro argentino Domingo Faustino Sarmiento: “Puede juzgarse el grado de civilización de un pueblo por la posición de las mujeres en la sociedad”. El sábado pasado se conmemoró el Día Internacional de la Mujer. Hubo un retorno al año 1911 para señalar que fue en Nueva York donde se produjo el incendio en el cual perecieron más de 120 mujeres obreras de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist. En 1910 la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas reunida en Copenhague, Dinamarca, proclamó el Día Internacional de la Mujer, aunque la primera celebración se llevó a cabo en 1911. 

 

A lo largo de la Historia la mujer ha sido protagonista de hechos trascendentales. Basta recordar aquí a Helena, la hermosa espartana causante de la guerra que en relato magistral apreciamos en La Ilíada. Pero dejemos atrás la mitología. La humanidad conoce las acciones heroicas de Juana de Arco en Francia. Esta valerosa mártir, al frente de un ejército, liberó a la ciudad de Orleans y derrotó a los ingleses en el siglo XV. La mujer, en fin, ha dejado huellas en las diferentes manifestaciones humanas. No podríamos reseñar sino algunos de esos aportes, como el de Marie Curie en el descubrimiento del radio, elemento químico; recibió por ello el Premio Nobel de física en 1903; posteriormente fue galardonada con el de química en 1911. En la literatura también podríamos extendernos en la ponderación de mujeres que han descollado por su exquisitez en el estilo o por la profundidad en sus planteamientos, como Marguerite Yourcenar, en Francia, autora de la obra “Memorias de Adriano”, libro que tiene como característica el ser consultado por jefes de estado con el fin de asimilar esplendorosas ideas para el manejo político de las naciones. 

 

Estas notas de hoy hubiesen podido comenzar con una referencia extensa sobre Policarpa Salavarrieta, Antonia Santos o María Cano para mostrarlas como ejemplos de la lucha revolucionaria y sindical colombiana. Fueron estas mujeres, en su momento, verdaderas representantes del inconformismo y la protesta ante las injusticias sociales. Siempre quedarán sin mencionarse muchísimos casos de mujeres anónimas, pero en una fecha memorable como esta no puede dejar de  citarse a la madre Teresa de Calcuta, cuya vida consagrada al cuidado de los leprosos la hizo merecedora del premio Nobel de la paz en 1979. En el plano latinoamericano, indagando solo en la actividad literaria, encontramos a la chilena Gabriela Mistral. Era educadora, lo cual por sí solo nos habla de su vocación humanitaria. Su obra fue coronada con el premio Nobel de 1945. Con el mismo galardón, pero en el campo de la paz mundial, fue distinguida la líder centroamericana Rigoberta Menchú, orgullo no solo del género femenino sino del componente indígena que hace parte de nuestra conformación étnica. Para ella fue el premio Nobel de la paz en 1992.

 

Es necesario pensar en los tiempos que se avecinan, en los desafíos que afrontará la mujer en el futuro, sobre todo dentro de las comunidades o conglomerados sociales que día a día se tornan más complejos. Están presentes en nuestras mentes las modestas madres campesinas colombianas con su  agobiante carga de pesares y su callado aporte a la economía del país; las desplazadas de los campos por la violencia cotidiana; las forjadoras de patria como madres comunitarias y las innumerables mujeres que con el pesado título de ‘cabezas de hogar’ sacan adelante a sus hijos a pesar de la indiferencia del Estado. 

 

Nuestro saludo para todas ellas. Los homenajes que muchas reciben el 8 de marzo de cada año siempre serán insuficientes.

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LA POESÍA AMERICANA PERSONIFICADA

9 Marzo 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

 

jvanegasTINTERO

Por: José Alejandro Vanegas Mejía

         jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

 

 


“Los poetas no se hacen; nacen”. Fue la respuesta que Juana de Ibarbourou dio a un periodista que la entrevistó cuando cumplió sus ochenta y dos años. Un hecho destacado en la vida de Juana de Ibarbourou es su exaltación definitiva a la fama, en 1929, cuando en el Salón de los pasos perdidos, del palacio legislativo, en Uruguay, un grupo de artistas y diplomáticos encabezados por el poeta y ensayista mexicano Alfonso Reyes proclamó a la poeta como ‘Juana de América’. Desde ese momento atrajo las miradas de poetas destacados como Federico García Lorca y el peruano José Santos Chocano. No les faltaba razón pues en esos momentos era la más audaz poeta del continente; la ‘best-seller’ del romanticismo rioplatense con sus versos plenos de erotismo.


JuanaDeIbarbourouJuana Fernández Morales, casada con el capitán vasco-francés Lucas Ibarbourou, de quien tomó su apellido, nació en Melo, capital del departamento de Cerro Largo, frontera con el Brasil el 8 de marzo de 1892. Mañana se conmemora una efemérides más de su nacimiento. En sus primeros poemas usó el seudónimo de Jeannette d’Ibar, con el apellido de su esposo apocopado.


En la entrevista mencionada la poeta confesó al periodista: “Escribo espontáneamente, sin preparativos artificiales; cuando siento una idea, una palabra, un paisaje, se me vuelven como una obsesión aquí, en la cabeza. No entiendo a los poetas que piensan que para escribir versos hay que encender velas o escuchar música. Lo mío es sencillo, natural, y así debe ser porque la poesía no se fabrica, no se provoca; se siente o no se siente”. La poeta uruguaya fue amiga de Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez, Jorge Luis Borges, Gabriela Mistral y Alfonsina Storni.

 

Juana de Ibarbourou fue recibida como miembro de la Academia de la Lengua Uruguaya en 1947. En 1959 le otorgaron el Premio Nacional de Literatura. Su poesía se enmarca dentro del modernismo de Rubén Darío, con variación posterior hacia el vanguardismo y final influjo de surrealismo. En cuanto a su temática, tiende a la exaltación sentimental y a la compenetración con la naturaleza. Aunque todas sus poesías alcanzaron gran reconocimiento, hay que destacar que ‘Lenguas de diamante’ (1918) fue la que la lanzó a la escena literaria. Son famosos sus poemas ‘Cántaro fresco’ (1920), ‘Raíz salvaje’ (1922), ‘La rosa de los vientos’ (1930), ‘Cuentos autobiográficos de la infancia’ y ‘Chico Carlo’ (1944). Para niños escribió ‘Ejemplario’ (1937), ‘Los sueños de Natacha’ (1945) y muchas otras composiciones. Sus obras han sido traducidas a varios idiomas. En ‘Chico Carlo’, de género dramático, Juana de Ibarbourou recoge frescas vivencias biográficas que ella transforma en asunto literario a través de una prosa magistral. Son relatos en los cuales la realidad cotidiana de los recuerdos infantiles se combina con la fantasía de esos primeros años.

 

Esta poeta uruguaya fue admirada por don Miguel de Unamuno y José María Vargas Vila. Se dice de ella que era sumamente bella. En sus inicios sus versos van en busca de un amor casto y erótico; es entonces cuando escribe ‘Raíz salvaje’. Pero en la vida de Juana de Ibarbourou no todo fue felicidad. En 1942 murió su marido. Juana se escudó en la morfina y cambió por completo su comportamiento. En 1950 escribió ‘Perdida’ y en 1955 ‘Romances del destino’. Su imagen se ha conservado como un mito. Archivos valiosos de sus obras se conservan en las universidades de Stanford y Harvard, en Estados Unidos”. Murió en Montevideo en 1979, después de un encierro voluntario pero en posesión de sus facultades intelectuales.

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¿ESCRITORES-PERIODISTAS O VICEVERSA?

14 Febrero 2014 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

¿Escritores-periodistas o viceversa?

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                           Por: José Alejandro Vanegas Mejía                     jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

Ejemplos de obras literarias presentadas al estilo de reportajes y crónicas abundan en todos los países. Entre nosotros la más conocida es “Crónica de una muerte anunciada” de García Márquez, aunque con éxito también han publicado novelas el periodista Antonio Caballero (“Sin remedio”) y Germán Castro Caycedo (“Perdido en el Amazonas”, “El Karina” y decenas de relatos más). Pero el ejemplo de Truman Capote y de los escritores-periodistas que hemos mencionado no siempre es seguido con fortuna. El oficio de reportero de guerra sirvió a Ernest Hemingway para sobresalir posteriormente entre los escritores de su época, sobre todo como representante de ‘La generación perdida’. Sin embargo, no todo periodista tiene garantizado su éxito como autor literario.

El periodismo y la literatura son dos manifestaciones que, por nutrirse ambos de la palabra, comparten cualidades que en cierta forma los unen. No obstante, conviene no confundir estas dos formas de expresión social. Muchas veces, muchísimas veces, el periodismo no logra convertirse en literatura, aunque ello no significa incapacidad por parte de quien lo practica. El escritor debe tener algo importante que exteriorizar, además de guardar en su haber un acervo cultural que le permita no solo citar sino relacionar, opinar o argumentar, si se trata de autor de ficción, crítica o ensayo, respectivamente. Si no cuenta con esos recursos, además de técnicas narrativas que permitan la ilación de hechos y acciones en una trama que sirva de soporte a la construcción de su discurso, el narrador se perderá en un océano de vaguedades y digresiones; es decir, en un laberinto que en el lenguaje se llama tautología.

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Un caso afortunado de periodismo como ejercicio para la literatura es el de Truman Capote, periodista y escritor estadounidense de padres españoles. Nació en Nueva Orleans (Lousiana) el 30 de septiembre de 1924 y murió el 25 de agosto de 1984 en Los Ángeles. A los dieciséis años publicó su primera narración; trabajó en Nueva York en una revista y en el periódico New Yorker. En 1945, a los veintiún años, ganó el premio O. Henry con un cuento, lo que permitió que a temprana edad se le conociera en el mundo de las letras. A partir de ese momento tuvo contrato con varias casas editoras.

Posteriormente publicó su primera novela: “Otras voces, otros ámbitos”; con esa obra se convirtió en el escritor más discutido de su tiempo, sin duda por penetrar en un mundo de fantasía y de ensueño que contrastaba con el realismo de la novelística norteamericana abanderada por William Faulkner, John Steinbeck, John Dos Passos y otros narradores.

Aunque Capote publicó también las novelas “Árbol de la noche”, “Color local”, “El arpa verde” (adaptada para el teatro), “Se oyen las musas”, “Desayuno en Tiffany’s”, “El invitado del día de Acción de gracias”, ”Música para camaleones” y dejó inconclusa la novela “Plegarias con respuesta”, su obra cumbre es “A sangre fría” (1966), una novela que debe su argumento a un hecho real, y su éxito a la experiencia que el autor había adquirido como periodista. “A sangre fría” es una novela no ficticia, según palabras contradictorias de su autor. En ella Capote reconstruye un asesinato ocurrido en la vida real; las víctimas son unos granjeros de Kansas, la familia Clutter, a manos de dos ex-presidiarios psicópatas: Dick Hickock y Perry Smith. El novelista, con base en técnicas periodísticas, logró estructurar un relato estremecedor. La fuerte compenetración de Truman Capote con uno de los personajes influyó en forma decisiva en la vida del autor.

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GERMÁN ARCINIEGAS: HOMBRE DE LAS AMÉRICAS

5 Diciembre 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

jvanegasGermán Arciniegas: Hombre de las Américas

 


Por: José Alejandro Vanegas Mejía     jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

 

 

 Quienes piensan que la rebeldía puede heredarse, consideran natural que Germán Arciniegas desarrollara una permanente actividad libertaria durante sus noventa y nueve años de vida. Perucho Figueredo, bisabuelo materno de Germán Arciniegas fue el autor de ‘La Bayamesa’, el himno nacional de Cuba. Intentó una revolución y fue fusilado. Sus hijas viajaron a los Estados Unidos y una de ellas, Luz, se casó con el ingeniero cubano Basilio Angueyra, quien viajó a Colombia a trabajar con Francisco Javier Cisneros, el pionero de los ferrocarriles en nuestro país. Aquí nació Aurora Angueyra Figueredo, madre de Germán Arciniegas. La familia materna del escritor e historiador fue quien inventó y tejió la primera bandera cubana, que hoy reposa en el Museo de la Habana. 

 

germc3a1n-arciniegas.jpgGermán Arciniegas nació el 6 de diciembre de 1900 en Bogotá. Era hijo del hacendado Rafael Arciniegas Tavera y Aurora Angueyra Figueredo. En la cultura colombiana se lo sitúa en el grupo llamado Los Nuevos, donde se destacan Alberto Lleras Camargo, León De Greiff, Darío Echandía y Rafael Maya, entre otros importantes personajes de su generación. Arciniegas estudió derecho en la Universidad Nacional, donde obtuvo el título de abogado. Fue fundador de la Federación de Estudiantes de Colombia. A los 28 años se vinculó al periódico El Tiempo; director de la sección editorial y posteriormente jefe de redacción y director del Suplemento Literario. 

 

En la diplomacia fue nombrado vicecónsul de Colombia en Londres en 1929; posteriormente, canciller de la embajada de Colombia en Buenos Aires. Se desempeñó como embajador en Italia en 1959 y en Israel en 1962. Ejerció el mismo cargo en Venezuela en 1966, y en la Santa Sede en 1976. Arciniegas fue elegido dos veces a la cámara de representantes. Entre 1941 y 1942, como ministro de Educación creó el Instituto Caro y Cuervo, el Museo de Arte Colonial de Bogotá, la Biblioteca Popular y fortaleció la Escuela Normal de Colombia con la vinculación de insignes pedagogos e investigadores franceses, alemanes y españoles; entre ellos se destacó la figura del antropólogo Paul Rivet. 

 

En el campo de la docencia Germán Arciniegas dejó su huella en la Universidad Nacional, el Externado de Colombia y la Universidad Libre. En la Universidad de los Andes regentó por muchos años la Cátedra de América. Fue miembro de la Academia Colombiana de la Lengua y de la de Historia, la cual presidió durante varios años. Fue miembro honorario del Instituto de Artes y Letras de los Estados Unidos y vicepresidente, en 1943, del Comité Americano por la Libertad de la Cultura. Arciniegas fue considerado por escritores como ‘Hombre de las Américas’ y ‘El colombiano universal’. Su extensa producción comprende 68 libros. Se caracteriza por cuestionar siempre la historia oficial de América. Entre sus obras sobresalen: ‘Biografía del Caribe’, ‘El estudiante de la mesa redonda’, ‘América, tierra firme’, ‘Los comuneros’, ‘América mágica’, ‘América en Europa’, ‘Este pueblo de América’, ‘Bolívar y la revolución’, ‘El continente de los siete colores’. En este último analiza el fenómeno del mestizaje y la creación de un continente como un crisol de culturas y razas. También escribió Arciniegas ‘El caballero de El Dorado’. Su libro ‘Entre la libertad y el miedo’ fue publicado en México; después de ser editado varias veces, se permitió su circulación en Colombia; había sido prohibido en por lo menos diez países debido a que criticaba la presencia de siete dictadores en los gobiernos de Hispanoamérica. 

 

Antes de ‘Cien años de soledad’ el libro más difundido en el mundo, escrito por un latinoamericano, fue ‘Biografía del caribe’, del escritor que hoy cumpliría ciento trece años de vida.

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