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DORIS LESSING: NOBEL FALLECIDA

23 Noviembre 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

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DORIS LESSING: NOBEL FALLECIDA

 

 

José Alejandro Vanegas Mejía

 

 

 

El 17 de este mes falleció la gran escritora, ganadora del Premio Nobel de literatura 2007, Doris Lessing. Su nombre de soltera: Doris May Tayler, nacida el 22 de octubre de 1919 en Kermanshah, actualmente Irán. Doris tenía 6 años cuando su familia se trasladó a Rodesia del Sur, hoy Zimbabwe y allí residió hasta los 30 años. Su padre fue un antiguo combatiente de la Primera guerra Mundial. 

 

Doris Lessing escribió más de cuarenta obras y alcanzó celebridad desde 1950, con la aparición de su primer libro: ‘Canta la hierba’. Se le considera comprometida con las ideas liberales y fue ícono de las causas marxistas, anticolonialistas, antisegregacionistas y feministas.

 

c03 jd 18nov lessingTal vez pueda conformarse un perfil de Doris Lessing a partir de varias de sus frases famosas: “El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia sino la constancia”. “La biblioteca es la más democrática de las instituciones porque nadie, en absoluto, puede decirnos qué leer, cuándo y cómo”. “Reconsidera tu vida conforme la vas viviendo, de la misma forma que si estuvieras escalando una montaña y continuamente vieras los mismos paisajes desde distintos puntos de vista”. “Escribir te hace más humano”. “Piensa mal, pero en todos los casos piensa por ti mismo”. “Yo solo poseo una de las menos importantes cualidades necesarias para escribir: la curiosidad”. “He estado siempre en el borde, observando, deslizándome hacia la salida; detesto pertenecer”. “En algún momento de la edad adulta, la mayoría de la gente cae en la cuenta de que un siglo no es más que el doble de sus años”.

 

La obra de Doris Lessing tiene mucho de autobiografía y se inspira a menudo en su experiencia africana, su infancia y sus desengaños vitales, sociales y políticos que la hicieron feminista, comunista, pacifista y anticolonialista. Tuvo una formación autodidacta. Su enorme curiosidad intelectual, la dimensión y naturaleza de sus inquietudes, la empujaban a explorar sin descanso formas y temas distintos. 

 

Doris Lessing ha rechazado encasillarse en los límites estrechos de un género. Alguien dijo de ella que era “uno de los ojos más insobornablemente independiente del siglo XX”. Su obra más importante es, sin duda, ‘El cuaderno dorado’, aclamado como un hito fundamental por los movimientos de liberación de la mujer de los años sesenta y setenta. Esta novela, publicada en 1962, se clasifica dentro del género llamado ‘ficción del espacio interior’, que explora la ruptura mental y social. Su obra ‘Bajo mi piel’ (1994), fue muy bien acogida en Sudáfrica, aunque cuarenta años antes su autora había sido expulsada de ese país.  

 

En 2007 Doris Lessing recibió el Premio Nobel de Literatura “por su capacidad de transmitir la épica de la experiencia femenina y narrar la división de la civilización con escepticismo, pasión y fuerza visionaria”. Del discurso pronunciado por la escritora en la ceremonia del Premio Nobel, citamos el siguiente extracto: «Algunos de los tan publicitados nuevos escritores no han vuelto a escribir o no han escrito aquello que querían, que se proponían escribir. Y nosotros, los mayores, quisiéramos susurrar a esos oídos inocentes: “¿Aún conservas tu espacio? ¿Tu espacio único, propio y necesario donde puedan hablarte tus propias voces, solo para ti, donde puedas soñar? Entonces, sujétate fuerte, no te sueltes”. Es imprescindible, sin embargo, alguna clase de educación».

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MIRADAS DISTINTAS SOBRE GARCÍA MÁRQUEZ

18 Noviembre 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

jvanegasMiradas distintas sobre García Márquez




Por. José Alejandro Vanegas Mejía                                     jose.vanegasmejia@yahoo.es


Hace muchos años, cuando decidí con un compañero de estudios basar nuestro trabajo de grado en la obra literaria de García Márquez, pensamos solo en analizar su principal novela: ‘Cien años de soledad’. Quedaron por fuera de nuestro proyecto cuentos del futuro Nobel colombiano. Sus otras novelas las consideramos como intentos del autor para encontrar la forma definitiva de contar el particular mundo de su infancia. Así, pues, nos interesó todo lo que tuviese que ver con la obra y muy tangencialmente los aspectos y factores inherentes al laureado narrador

 

Hoy, después de haber leído todas las obras de García Márquez y de analizar críticamente sus elementos constitutivos, visualizo al ser humano que ha creado un universo y ha sabido acercarlo al lector mediante la prosa fluida, que en su pluma se vuelve mágica. Ahora hay tiempo para centrarse más en el hombre-creador que en su creación misma. Claro que este nuevo plano del conocimiento se debe a los enfoques o diversas miradas que han lanzado sobre Gabo muchos estudiosos de su quehacer literario y, sobre todo, seguidores de sus pasos. Ellos, por diferentes vías, se han convertido en sus biógrafos.

 

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M. Vargas Llosa    Eligio García Márquez      Plinio A. Mendoza       Gerald Martín  J. L. DzGranados


Entre la lista larga de quienes con más persistencia se han dedicado a desentrañar las claves y enigmas del mundo de García Márquez se cuentan Mario Vargas Llosa, Eligio García Márquez, Plinio Apuleyo Mendoza, el inglés Gerald Martin, el mismo García Márquez y, últimamente, Aída García Márquez y José Luis Díaz-Granados. Cada uno de estos escritores  aborda al autor de Cien años de soledad desde puntos de vista diferentes. Vargas Llosa aportó el conocimiento que tenía de primera mano sobre su compañero de pensión en París; lo conocía tan bien --y lo apreciaba tanto-- que lo convirtió en padrino de uno de sus hijos. Eligio relegó un poco su segundo apellido, como para que no lo asociaran con la gloria de su hermano; pero estuvo siempre alrededor del Macondo de su infancia. Plinio Apuleyo Mendoza, compañero de labores y de viajes de Gabo, realizó una extensa entrevista con el escritor; así nació ‘El olor de la guayaba’. Gerald Martin se convirtió en sombra de García Márquez y logró escribir una biografía tan extensa que deja extenuado al lector; además, García Márquez, con su obra ‘Vivir para contarla’ opacó la  publicación de Martin.

 

05aida_garcia.jpg En abril de este año, Aída García Márquez, hermana de Gabriel, publicó ‘Gabito, el niño que soñó a Macondo’. Para Aída, Gabriel era el dibujante de tiras cómicas, el director de teatro, el mago, el cantante y tantas cosas más que practicó en su infancia y con las cuales manipulaba a sus hermanos y amigos. Como si fuese poco, hace apenas dos meses salió a la luz pública el libro ‘Gabo en mi memoria’, del poeta, novelista y periodista samario José Luis Díaz-Granados, también pariente de García Márquez. Este autor recuerda el primer encuentro con su primo, sus deseos de imitarlo y, en cierta forma, cómo contribuyó la imagen de Gabo al desarrollo de su vocación hacia la literatura. Las numerosas reuniones de Díaz-Granados con García Márquez, antes y después del Premio Nobel, ilustran al lector sobre las relaciones interpersonales del escritor. 

 

Con estas dos últimas obras el lector completa el ambiente que rodeó al hijo del telegrafista de Aracataca. Como quien dice, ahora sí, García Márquez por fuera y por dentro; porque sus parientes han cerrado el círculo abierto muchos años antes, cuando frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía recordó aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

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CARLOS MONSIVÁIS EN LA LITERATURA MEXICANA

3 Noviembre 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

jvanegasCarlos Monsiváis en la literatura mexicana

 

 


Por: José Alejandro Vanegas Mejía             jose.vanegasmejia@yahoo.es

 


No hay dudas de que en México la Revolución de 1910 constituye un hito al cual hay que recurrir para comprender muchos de los cambios que ese país ha experimentado durante un siglo. La cultura, y en general la vida mexicana, gira en forma diferente a partir del triunfo revolucionario logrado en 1916. Se señalan entre estas fechas la reapertura de la Universidad Nacional, que había sido clausurada por el emperador Maximiliano. Ocurrió también el final del Modernismo, cuando el poeta mexicano González Martínez decidió “torcerle el cuello al cisne”, expresión simbólica que representaba el final de ese movimiento literario.

 

 

En literatura, por ese tiempo, si es cierto que se derrumbaba el Modernismo introducido por el nicaragüense Rubén Darío --quien había muerto en 1916--, aparecían los Contemporáneos y los Estridentistas, que trataron de combatir por diversos medios el mensaje revolucionario con el Vanguardismo y la experimentación formal. Pero en las décadas de los años 20 y 30 los llamados “Poetas de la soledad”, José Gorostiza y Xavier Villaurrutia, entre otros, encarnaron el ideal revolucionario. En prosa “Los de abajo”, del modernista Mariano Azuela, dejaría como recuerdo las matanzas de la guerra. Mucho más tarde la narrativa de Juan Rulfo --“El llano en llamas”-- mostraría una huella de la soledad que los conflictos de la Revolución produjeron en los desencantados habitantes de los desérticos  campos mexicanos.

 

 A mediados del siglo XX México todavía seguía siendo un país en busca de una definición. Ese es el tema predominante en los ensayos de Octavio Paz. Sin embargo, la literatura encuentra su cauce en autores jóvenes que indagan en el pasado de su nación pero escriben con la mira puesta en nuevas técnicas narrativas. Aparece entonces, a los 26 años de edad, Carlos Fuentes  con “Los días enmascarados” (1954), a los que siguió su novela “La región más transparente” (1958). Fuentes se había sumergido en las corrientes de la novela experimental de Joyce y Faulkner, de donde obtuvo la técnica que le permitió representar los procesos mentales de sus personajes. Otra obra de Fuentes es “Las buenas conciencias” (1959). En “La muerte de Artemio Cruz” (1962) el autor utiliza el fluir de la conciencia y juega con los pronombres personales para situarse alternativamente en el papel del moribundo Artemio, de su conciencia o del propio narrador.


CARLOS-MONSIVAIS.jpgPero la literatura no podía quedarse en Fuentes, fallecido en 2012. Carlos Monsiváis, ensayista, poeta y periodista también hace parte de los brillantes exponentes de la literatura. Nacido el 4 de mayo de 1938 en Ciudad de México, Monsiváis aportó a la literatura mexicana más de cincuenta obras y miles de artículos periodísticos publicados en revistas culturales y medios de comunicación en los cuales laboraba. Mezcló con maestría la investigación sicológica de su país con trabajos literarios de importancia sobre el cine, la televisión y el bolero. El ensayista Adolfo Castañón lo llamó ‘El hombre ciudad’. Entre sus obras están: ‘Pedro Infante: las leyes del querer’; ‘Frida Kahlo’; ‘Recetario del cine mexicano’; ‘Aires de familia: cultura y sociedad en América Latina’; ‘Los mil y un velorios de la crónica roja’; ‘El bolero, clave del corazón’. A lo largo de su carrera periodística y literaria Monsiváis recibió importantes premios, entre ellos ‘Premio Nacional de Periodismo’, años 1995 y 1997. ‘Premio Claus para la Cultura y el Desarrollo’, del gobierno de Holanda en 1998. ‘Premio Anagrama de ensayo’, año 2000. ‘Premio Nacional de Ciencias y Artes’, 2005. ‘Premio Iberoamericano Ramón López Laverde’, 2006. Carlos Monsiváis falleció en México el 19 de junio de 2010.

 

 

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ALICE MUNRO, NOBEL CANADIENSE

18 Octubre 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

jvanegasAlice Munro, Nobel canadiense

 


                                       Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                                        

 


Alice Munro es una de las narradoras más destacadas en lengua inglesa. Acaba de ser galardonada con el Premio Nobel de literatura y por eso hablaremos de ella en este artículo. Si tenemos en cuenta que en la literatura algunos autores de reconocida importancia han creado su propio mundo para mover en él a sus personajes, no debemos sorprendernos al comprobar que Alice Munro haya inventado una zona especial como denominador común para sus relatos. Es una región que llaman “Munro Tract”, algo así como el “Condado de Munro”, al igual que lo hizo García Márquez con su ‘Macondo’, William Faulkner con ‘Yoknapatawpha’, Juan Carlos Onetti con ‘Santa María’, Juan Rulfo con ‘Comala’ y los pueblos desolados de sus obras, para no citar a V. S. Naipaul y los barrios judíos de Varsovia.


 A Munro sus primeros años en una granja canadiense la marcaron en forma decisiva y crearon en ella un trasfondo para sus relatos. De hecho, Alice Ann Laidlaw (nombre de soltera) nació en Wingham, Ontario, Canadá el 10 de julio de 1931. Se casó en 1951 con James Munro y con él se trasladó a Vancouver, donde manejaron una librería al tiempo que veían crecer a sus tres hijas. Más tarde, en 1976, Alice se casó con Gerald Fremlin y encontró por fin el apoyo definitivo para consolidar su carrera de escritora. Se inició con algunos cuentos desde 1950 pero mantuvo un bajo perfil, a pesar de haber escrito y publicado ‘La vida de las mujeres’ (1971), ‘Las lunas de Júpiter’ (1986), ‘El progreso del amor’, ‘Amistad de juventud’, ‘Secreto a voces’ (1994) y ‘El amor de una mujer generosa’ (1998). En este siglo XXI empezó a ser conocida por los relatos de la colección ‘Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio’ (2001) y por ‘Escapada’ (2004).

 

 En 2006 publicó ‘La vista desde Castle Rock’ en el cual habla extensamente de su familia y describe las dificultades de sus padres. Para esa fecha insinuaba su retiro de las letras, pero sorprendió a la crítica literaria con ‘Demasiada felicidad’, en 2009. En 2012 publicó otro libro de relatos: ‘Mi vida querida’ (Dear life), centrada en recuerdos personales. La autora afirma: “Son las primeras cosas --también las más fieles--, que tengo que decir sobre mi propia vida”. Los relatos breves de Munro se centran en las relaciones humanas analizadas a través de la lente de la vida cotidiana. Esta característica ha contribuido a que la consideren ‘la Chejov canadiense’. Munro es la decimotercera mujer galardonada con el Premio Nobel. Su universo está poblado, en su mayoría, por protagonistas femeninos. Sin embargo, ella no se considera feminista sino que ve mucho más complicado introducirse en la mente de un hombre. Está reconocida como maestra del relato corto contemporáneo.


 La nueva Premio Nobel ha obtenido distinciones importantes por su obra; entre ellas tres veces el Premio literario Governor General’s. En 1998, el National Book Critics Circle estadounidense por su obra ‘Una mujer generosa’. En 2004 el Premio Giller. En 2005 en España recibió el Premio Reino de Redonda. También en España, en 2011, el Premio Tormenta por ‘Demasiada felicidad’.

 

 Son palabras de Alice Munro: “Quiero que el lector sienta que las cosas son sorprendentes. No el ‘qué pasa’, sino la forma en que todo sucede”. “Veo la vida como piezas separadas que no acaban de encajar entre sí”. Por su parte, su editora en español, Silvia Querini, define la producción de la escritora como “un universo que muestra la complejidad que está hirviendo debajo de la aparente banalidad”. Algunos de sus cuentos los ha escrito Alice Munro en Cartagena, Colombia, donde suele pasar temporadas de descanso.

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ADIÓS A MUTIS, EL GAVIERO MAYOR

26 Septiembre 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

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Adiós a Mutis, el gaviero mayor

                                                      Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                                             

Álvaro Mutis, el escritor, ensayista y poeta colombiano, ha muerto. Sin embargo, se afirma que los poetas no mueren. A propósito de sus ensayos hemos releído un artículo suyo sobre la novela ‘Luz de agosto’ del novelista norteamericano William Faulkner. Mutis ya opinaba con propiedad y suficiente conocimiento alrededor de la obra del Nobel de literatura 1949. El motivo que Mutis encontró para comentar la obra de Faulkner fue la afirmación categórica que había lanzado José Ortega y Gasset: “El tema de la novela está totalmente agotado”. Al respecto expresa Mutis: “La novela no fue, antes de Proust, sino una fábula cuya moraleja variaba según el espíritu del autor: Rousseau, Goethe, Lamartine y aun, por extraño que parezca, el mismo Balzac, nos dan buena cuenta de ello. Con la lección de Proust y James Joyce vino al mundo una nueva dimensión de este género literario”.


 Si tenemos en cuenta que estos conceptos de Álvaro Mutis fueron expresados en 1943, cuando el poeta y escritor colombiano solo tenía veinte años, comprenderemos la vastedad de su cultura y la tenacidad de sus propósitos. Por otra parte, su formación académica no parecía ser sólida, pues él mismo nos cuenta: “Nací en Bogotá, en 1923. Hice mis primeros estudios en Bruselas. Regresé a Bogotá y traté infructuosamente de terminar el bachillerato en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. El billar y la poesía pudieron más y jamás alcancé el ansiado cartón de bachiller”. Como dato curioso cabe anotar que al realizar un balance de las mejores novelas del siglo XX, según el veredicto autorizado de críticos literarios universales, las dos que encabezan esa selección son ‘Ulises’, del irlandés James Joyce y ‘En busca del tiempo perdido’, del francés Marcel Proust. Desde 1943 lo había expresado así el frustrado bachiller Mutis.


 Hasta 1991 solo se conocían de Mutis su primer libro de poemas ‘La balanza’ (1947) y ‘Los elementos del desastre’ (1953). Además, en prosa, ‘Diario de Lecumberri’ (1960), escrito en la cárcel mexicana del mismo nombre, ‘La mansión de Araucaíma’ (1973). También se admiraba su obra poética desarrollada entre los años 1948 y 1970, que aparece con el título ‘Summa de Maqroll, el gaviero’. En 1983 Mutis recibió el Premio Nacional de Literatura  y su nombre se arraigó aún más en las letras colombianas. Otras obras de Álvaro Mutis son ‘La nieve del almirante’ (1986) distinguida en Francia como la mejor novela extranjera; ‘Ilona llega con la lluvia’ (1988) y ‘Un bel morir’ (1989). Posteriormente el poeta, narrador y ensayista escribió ‘La última escala del Trump Steamer’ (1990), ‘Amircar’ (1990)  y  ‘Abdul Bashur, soñador de navío’ (1991).


 No todo es olvido en torno a la obra literaria de Mutis y de su innegable valor. No en vano le otorgaron el Premio Nacional de Literatura Colombiana, Premio Príncipe de Asturias, Premio Médicis, Premio Cervantes (considerado el “Premio Nobel de las letras hispánicas”). En su plan de joven ensayista Álvaro Mutis abordó otra obra de Faulkner: ‘Mientras agonizo’. Se advierte la preferencia y admiración del colombiano por la producción integral del integral del autor de ‘El sonido y la furia’, entre otras novelas psicológicas y simbólicas de la nueva literatura norteamericana. Preferencia que no es gratuita, puesto que Faulkner, Hemingway y Dos Passos fueron quienes marcaron la ruta a los narradores hispanoamericanos de la actualidad. Los colombianos estamos en deuda con Mutis porque no alcanzamos a valorar su importancia y prestigio por fuera de nuestra patria. Una prueba: la biblioteca del Instituto Cervantes de Estambul se llama Álvaro Mutis. Dos pruebas más: Francia le otorgó el Premio Médicis Étranger en 1989 e Italia el Premio Nonino en 1990. Cuando pensamos que este escritor nuestro ni siquiera fue bachiller, entendemos su inmensa capacidad para producir ideas y manejar con genialidad el don de la palabra.

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CENTENARIO DE ALBERT CAMUS

14 Septiembre 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

jvanegasCentenario de Albert Camus


                                            Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                                      

 

 


Muchas características comunes encontrarán los lectores que consulten vida y obra de Sartre y de Camus. Como es natural, por más aproximaciones que haya entre ellos al final las diferencias señalarán el carácter individual de estos dos escritores franceses. Comencemos por decir que a Camus se le niega con frecuencia el apelativo de filósofo. Sin embargo, no es posible hablar del argelino sin asociarlo a la corriente filosófica conocida como el existencialismo, aunque él mismo no estaba de acuerdo con este encasillamiento. De otra parte, para que no haya dudas, en sus estudios alcanzó título en filosofía.


 220px-Tiziano - SísifoEste año se conmemora el centenario del natalicio de Albert Camus, uno de los intelectuales más influyentes en la cultura universal durante el siglo XX. Nació en Mondovi, Argelia, colonia francesa en el norte de África el 7 de noviembre de 1913. Allí pasó su infancia y parte de su juventud antes de radicarse en París. En 1935 publicó su primer libro, ‘El revés y el derecho’; tenía veintidós años de edad. Albert Camus militó en el partido comunista; poco después renunció a él. Frecuentó los cafés y las tertulias que en el Barrio latino de París animaban famosos escritores y filósofos, entre ellos Jean-Paul Sartre. Por esa época, 1942, Camus publicó ‘El extranjero’, novela corta que se estudia en colegios y academias como modelo de narrativa sicológica. Este relato y ‘El mito de Sísifo’ fueron acogidos por la crítica literaria con grandes elogios y abonaron definitivamente la senda del escritor. Después vendrían obras de gran reconocimiento en el mundo de las letras universales: ‘Bodas’, ‘La muerte feliz’, ‘La peste’, ‘La caída’, ‘El hombre rebelde’, ‘El exilio y el reino’, ‘El verano’ y otras.


 Los lectores de ‘El extranjero’, guiados por el personaje Meursault, asisten a la serie de acontecimientos que para cualquier persona normal deberían ser de capital importancia. Sin embargo, este hombre se muestra insensible, no solo ante el cadáver de su anciana madre sino en todas las situaciones que se desarrollan en el relato. Debo anotar, al margen, que una de las ediciones de esta trajinada obra tiene como título ‘El raro’, más acorde con el carácter del protagonista. Sobre ‘El hombre rebelde, cito textualmente: “‘El hombre rebelde’ es un tratado filosófico sobre la rebeldía. Examina tanto la rebeldía como la revuelta, que para el escritor argelino deben ser vistas como un mismo fenómeno manifestado en el ámbito personal y social, respectivamente”. Dice Camus en ‘El hombre rebelde’: “¿Qué es un hombre rebelde? Un hombre que dice no. Pero negar no es renunciar: es también un hombre que dice sí desde su primer movimiento. El rebelde da media vuelta. Marchaba bajo el látigo del amo y he aquí que hace frente. Opone lo que es preferible a lo que no lo es.”


 Como periodista Albert Camus laboró en Editorial Gallimard, donde logró convertirse en editor. Pero su fuerte, según sus propias palabras, era el teatro, porque “es el lugar de la verdad”. Por eso no es raro encontrarlo como autor de ‘Calígula’, ‘El malentendido’, ‘Estado de sitio’, ‘Los justos’ y ‘Los posesos’. Por paradoja del destino, Camus no pudo ver cumplido su anhelo de abrir al público lo que constituía su máxima aspiración: el Nuevo Teatro de París; el autor dramático falleció el día 4 de enero de 1960, pocas semanas antes de la fecha de inauguración. Albert Camus recibió el premio Nobel de literatura 1957. Según la Academia sueca, lo mereció “por desarrollar una obra que ilumina en profundidad los problemas que la actualidad plantea a la conciencia humana”.


 Camus no alcanzó a publicar su última obra: ‘El primer hombre’, cuyo borrador fue encontrado al momento de su muerte.

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NO HAY POR QUÉ CAMINAR SOBRE CENIZAS

14 Agosto 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

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No hay por qué caminar sobre cenizas


                                           Por: José Alejandro Vanegas Mejía

 

 

   

                                                                  

En alguna parte he leído que “La mente humana tiene un primitivo mecanismo de defensa que niega cualquier realidad que provoque un estrés excesivo al cerebro. Se le llama negación.”


El-jardin-de-las-cenizas.jpgHace algunos años leí una novela publicada en 2001 bajo el título ‘El jardín de las cenizas’, del escritor canadiense Dennis Bock. Trata del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y los horrores producidos sobre la población de esa infortunada isla japonesa. La narración alterna las opiniones del autor con los patéticos testimonios de una de las víctimas, quien cuenta desde el instante en el cual la bomba hizo contacto con el pequeño puente donde ella jugaba con su hermanito, hasta el momento actual de la narración. Con el correr de los años uno de los científicos responsables de la experiencia atómica la localiza y se interesa por brindarle ayuda médica y emocional. Ella, por su parte, ya en territorio norteamericano, participa en conferencias, sobre todo en universidades y centros culturales de reconocido prestigio; en esas exposiciones condena hasta el cansancio la acción despiadada de los Estados Unidos. El científico, en silencio, nunca refuta sus diatribas y hasta parece apoyar sus denuncias mientras rumia su inexcusable culpa.


Nunca he vuelto a encontrar esa novela de Bock. Sendas narraciones con el mismo nombre han sido escritas por la panameña Gloria Guardia y por la autora colombiana Jacqueline Donado. Tratan temas totalmente diferentes al del escritor norteamericano. El autor serbio Danilo Kis publicó ‘Jardín Ceniza’, ajena a las citadas anteriormente. La novela de Bock es más impactante que ‘Las flores de Hiroshima’, que desarrolla una temática similar. Quizás cuántas obras literarias haya alrededor de la bomba atómica. Pero bastaría con leer los dos primeros libros mencionados para comprobar que la irracionalidad humana no tiene límites. También, para complementar el sentimiento de repudio a la violencia, es recomendable leer ‘Hiroshima, mi amor’.


No he querido que pase el mes de agosto sin referirme a esa catástrofe genocida. Increíblemente hay personas que se empecinan en restar importancia a hechos tan graves y contundentes como el lanzamiento de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki. Recientemente ocurre lo mismo con el llamado Holocausto judío. Para qué pensar en eso --dicen  como justificación--, si lo único que se consigue es desarrollar un tremendo estrés. Un reciente estudio sobre jóvenes adictos a la tecnología informática asegura que “…después de leer un artículo deprimente sobre el derretimiento de los glaciares o la extinción de alguna especie, la gran mayoría de jóvenes buscaba algo trivial que purgara el miedo de su cerebro; entre sus elecciones favoritas estaban las noticias de deportes, los videos graciosos de gatos y los cotillones de celebridades”.


Otro acontecimiento que nos gustaría olvidar es el estallido de seis camiones cargados con explosivos en Cali. Ocurrió en la madrugada del 7 de agosto de 1956 y arrasó casi 80 manzanas del centro de la ciudad. Aún hoy pesan sobre nuestro recuerdo los 1200 muertos e igual número de desaparecidos de ese día fatal. La capital del Valle del Cauca poco a poco se repuso de esa tragedia, pero cada 7 de agosto el país rememora estos inexplicables hechos. De nada vale el mecanismo de defensa con el que desearíamos soslayar esa dura realidad. La teoría de la negación no es aplicable en estos casos de exterminio masivo. Ni siquiera el paso de los años nos brinda el anhelado consuelo. Nos queda, eso sí, la esperanza de que en el futuro el ser humano encuentre una senda más expedita, o por lo menos más transitable que nos acerque a la felicidad. Porque no hay razón para transitar siempre sobre jardines de cenizas.

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LOS LIBROS, TESOROS DE TODOS LOS TIEMPOS

31 Julio 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

jvanegasLos libros, tesoros de todos los tiempos


                                              Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                                        

 

 

 

 


Podría decirse que cuando se entra a una librería el mundo se sitúa delante del lector. Allí, entre tantos miles de páginas, está acumulada la historia de la humanidad, o parte de ella, si se trata de una librería especializada. La misma sensación se percibe dentro de una biblioteca. Pero hablemos de la colección de textos que se exponen en una librería. En mi caso personal, la vida de estudiante me permitió adquirir libros que en aquellos momentos no podía leer por falta de tiempo. La sola idea de que más tarde esas obras no se consiguieran con facilidad, me llevó a comprarlas para leerlas más tarde, ‘algún día’. Esa es la razón por la cual ahora, con el tiempo suficiente de una rutina sin horarios, dedico muchas horas a la lectura de algunos libros que permanecieron sin abrir. Otras joyas literarias, leídas con premura hace años, requieren hoy mi repaso o revisión y en ellas encuentro el indeclinable placer de entrar al mundo recreado por los autores.


Para ser coherente con lo expresado en las líneas anteriores, confieso que acabo de releer la ‘Divina Comedia’, de Dante Alighieri con el único fin de comparar y sacar conclusiones con la exposición que Dan Brown hace en su novela ‘Inferno’, publicada apenas en mayo de este año. Esas lecturas, pues, actualizan, refuerzan o por lo menos permiten contrastar opiniones sobre autores y obras. Hay personas dedicadas exclusivamente a la venta de libros viejos. Los más conocidos en el mundo occidental son los expendedores de textos raros y antiguos, establecidos en las orillas del río Sena, en París, muy cerca del Barrio Latino. Se les conoce como los ‘bouquinistes’, porque en francés ‘bouquin’ significa libro viejo. Allí, en sus quioscos, venden su mercancía a intelectuales verdaderos  y  aun  a  los  de  nuevo  cuño.


En algunas librerías importantes del país hemos encontrado secciones apartadas donde reposan obras que no han perdido mérito, a pesar del tiempo. En esos casos no es relevante buscar la fecha de su edición; mucho menos importa hasta dónde ha descendido su precio con el correr de los años; sólo interesa el contenido. De esa forma compré una vez, por pocos pesos, un libro excelente: “El Mediterráneo es un mar joven”, del escritor colombiano Eduardo Mendoza Varela. Mediante su lectura nos dejamos llevar por los escarpados senderos de las islas Córcega y Cerdeña, Grecia con sus históricos monumentos y, en fin, por los territorios bañados por el Mar Mediterráneo.    


El comprador de libros viejos puede pasar horas enteras delante de un estante antes de pagar por su compra. Podría pensarse que medita sobre el costo de una obra; sin embargo, eso es lo de menos, pues estos ejemplares, sin excepción, muestran una serie de precios tachados, siempre en descenso, hasta terminar con el que en ese momento debe pagar el cliente.  Lo que en realidad evalúa el comprador es el contenido del libro, para lo cual revisa el índice en busca de temas de interés.


Recientemente, en una librería de Santa Marta encontré uno de esos libros que debieron merecer mejor suerte cuando fueron expuestos por primera vez. Se trata de “Los buscadores de oro”, de Augusto Monterroso. En esta obra el narrador guatemalteco describe escenas de su vida, desde la infancia, sin omitir detalles que los lectores quisieran conocer. La prosa de Monterroso es de lo más castizo que se pueda encontrar. Sin embargo, en nuestra ciudad no se conoce suficientemente a este narrador centroamericano. Tal vez por eso no se vendió aquí el libro “Los buscadores de oro”. Una vez presté a un estudiante mi viejo ejemplar del poema de Mio Cid, lleno de comentarios de los editores más los subrayados míos. Me lo devolvió, porque era un libro muy viejo con hojas amarillentas. Pero tuvo la gentileza de darme las gracias. ¡De cuánta información se pierde quien no es capaz de hojear y ojear un libro que, aunque se le tenga relegado al olvido, no deja de ser interesante!

 

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UN AÑO MÁS SIN JORGE LUIS BORGES

14 Junio 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

jvanegasUn año más sin Borges


                          Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                                            jose.vanegasmejia@yahoo.es 

 

 

 


BORGESExactamente hoy se cumplen 27 años de la muerte de Jorge Luis Borges. Estamos sin su presencia humana pero no sin su obra prodigiosa. El 14 de junio de 1986 se extinguió el ciclo vital del poeta y cuentista argentino. Ocurrió en Ginebra, Suiza. Este escritor, que había nacido el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, era hijo de un abogado y profesor de psicología en una escuela normal; el niño Georgie, como lo llamaban en su casa, aprendió el idioma inglés antes que el español, razón por la cual leyó el Quijote por primera vez en una traducción. Estudió en Ginebra y vivió en España; todo antes de cumplir los veinte años. Su sola afición y pasión por crear revistas literarias podrían reservarle un lugar en las letras hispanoamericanas y universales. Pero Borges apenas comenzaba a insinuarse y a señalar que su vida cultural sería no solo extensa sino destacadísima en el campo de las letras.


En 1914 Borges aprendió francés y latín en Suiza y se familiarizó con las obras de Victor Hugo, Zola, Voltaire, Flaubert, Maupassant y los poetas simbolistas; también descubrió a Carlyle y a Chesterton, que ejercerían en él gran influencia. Durante esos años aprendió alemán por su cuenta y así pudo comprender a los poetas expresionistas. Por esa época conoció las obras de filósofos alemanes, especialmente de Schopenhauer y de Nietzsche, quienes marcaron en forma decisiva su pensamiento. En Argentina Jorge Luis Borges participó en la fundación de las revistas Prisma (1921-1922), Proa (1922-1926) y Martín Fierro. En 1938 sufrió un accidente grave que le afectó la visión a causa de una herida en la cabeza. Con el tiempo padecería ceguera total. No obstante, desde 1938 hasta 1946 trabajó en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires y se convirtió en director de la misma desde 1955 hasta 1973. A partir de 1955 fue profesor de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. 


La primera época de Borges está signada por la poesía, género en el que se destacan temas históricos de su país, recogidos en  los volúmenes ‘Fervor de Buenos Aires’ (1923), ‘Luna de enfrente’ (1925) y ‘Cuaderno de San Martín’ (1929). Poco a poco el escritor fue abandonando la poesía para dedicarse al ensayo y posteriormente al cuento. En ‘Inquisiciones’ (1925) el autor reunió algunos de sus ensayos filosóficos y literarios. Una colección de cuentos basados en criminales reales es la titulada ‘Historia universal de la infamia’ (1935). La colección de poemas ‘Ficciones’ y ‘El Aleph’ son obras famosas de Borges.


En 1961 Borges recibió el Premio Formentor, otorgado por el Congreso Internacional de Escritores. Este es, prácticamente, el comienzo de su reputación internacional. También recibió el Premio Alfonso Reyes, en México (1973). Con su vasta producción de cuentos Jorge Luis Borges creó un mundo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo. Su obra a veces no es de fácil comprensión debido a una simbología personal que el autor se esmeró en crear y perfeccionar. El propio Borges se define como ‘un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura’.


Borges fue un devorador de conocimientos y estudió con profundidad la obra de grandes escritores y pensadores ingleses, entre ellos Chesterton, Joseph Conrad, Robert Louis Stevenson, Rudyard Kipling y Thomas de Quincey. La obra de Borges está poblada de temas recurrentes que giran alrededor de la condición humana, del tiempo, del destino y de la muerte. Hay en su producción un trasfondo filosófico que se desplaza entre laberintos serpenteantes y con frecuencia se refleja en simbólicos espejos. Algunas frases de Borges son: “Somos nuestra memoria. Somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. “La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que llega”. “Que otros se jacten de las páginas que han escrito. A mí me enorgullecen las que he leído”.

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LEO MATIZ: DE MACONDO PARA EL MUNDO

30 Mayo 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

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Leo Matiz: de Macondo para el mundo

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                               

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Un artista de la fotografía colombiana y del mundo fue Leonel Matiz Espinoza, conocido como Leo Matiz. Se le rinde tributo de admiración a este maestro del arte en la XXIV Exposición estándar de Flores, evento auspiciado por la Corporación Club de jardinería de Santa Marta. Aunque es muy conocido en el interior del país, para nosotros los costeños es apenas un nombre que nos dice algo en forma remota, porque no hemos asimilado la importancia que adquirió nuestro paisano a lo largo de su prolífica existencia. Es tiempo de que recordemos quién fue este genio de la fotografía, y de que apreciemos parte de su obra durante los días viernes y sábado en el Club Santa Marta.

Leo Matiz nació el 1 de abril de 1917 en Aracataca. En 1933 publicó en la revista ‘Civilización’, en Barranquilla, sus primeras caricaturas. Realizó su primera exposición en la confitería ‘Excelsior’ de Santa Marta. En 1937 realizó una exposición de dibujos en el cine ‘Variedades’ de Santa Marta. Ese mismo año se vinculó al periódico El Tiempo, donde se inició como caricaturista. En 1939 laboró en El Espectador como corresponsal gráfico. En 1940 viajó a Panamá para realizar varias exposiciones de sus caricaturas en Centroamérica y continuar a pie hacia México. Expuso en la sede diplomática colombiana en Costa Rica. En 1941 llegó a México. Se vinculó a los estudios cinematográficos Churubusco y allí trabajó al lado del famoso fotógrafo Gabriel Figueroa. En 1943 abrió la ‘Exposición de tipos y costumbres de México’. El año 1944 lo sorprendió en los Estados Unidos, donde expuso acuarelas y otras pinturas en el Advertising Club of New York. En 1945 la prensa mexicana le concedió el premio como ‘Mejor reportero gráfico’ de ese año por ‘el contenido social de sus imágenes y su innovador estilo fotográfico’. Aprovechó su permanencia en México para trabajar con el famoso pintor David Alfaro Siqueiros en el mural ‘Cuauthémoc contra el mito’. Realizó reportajes para las revistas ‘Norte’ y ‘Life’ como enviado especial a Sudamérica.

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La vida de Leo Matiz estuvo rodeada de la bohemia de su época, sobre todo cuando se inició como caricaturista y pintor en Bogotá. Pero comprendió a tiempo que su futuro estaba ligado a la fotografía y a ella dedicó su extraordinario talento. En 1948 fue destinado a cubrir la IX Conferencia Panamericana en Bogotá como reportero de la agencia de prensa Pix Corporation. Fue herido en el ‘Bogotazo’ producido por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. El 2 de agosto de ese año fue enviado por las Naciones Unidas para cubrir como observador y fotógrafo los acuerdos de paz del conflicto árabe-israelí bajo la Misión del Conde Bernardotte. Un año después, las Naciones Unidas realizaron una exposición en Lake Success, Nueva York, sobre las imágenes captadas por Leo Matiz en Oriente Medio. En esa ocasión fue reconocido como uno de los diez mejores fotógrafos del mundo.

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El fotógrafo de Macondo estuvo en Brasil por encargo de la revista ‘Selecciones del Reader’s Digest’; desde allí le enviaba reportajes. También trabajó en Venezuela, en la sección gráfica de ‘Así es Caracas’. En 1984 inauguró en Bogotá la Galería de Arte y Fotografía Leo Matiz, con la exposición titulada ‘Luz, líneas y sombras’. En 1992 la Galería Il Diafragma de Milán, Italia, realizó una retrospectiva de su obra fotográfica. En 1995 fue nombrado por el gobierno francés ‘Chevalier des Arts et des Lettres’ en grado de Comendador. Entre las numerosas fotografías del álbum ‘Macondo visto por Leo Matiz’ se destacan fotografías como ‘Vendedora de plátanos’, ‘Campesinos’, ‘Cabellera’, ‘El hombre del reloj’, ‘Niño de la canoa’, ‘Sancocho trifásico’, ‘Gaitero’, ‘Cargando quesos’, ‘Cantante vallenato’, ‘Bebiendo agua del charco’, ‘Niños en burro’ y ‘Las viudas de Montiel’. Leo Matiz murió en Bogotá el 24 de octubre de 1998. Su fotografía más famosa se titula ‘La red o pavo de mar’.

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