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VNIVERSITAS

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SOBRE EL PODER SOLITARIO DE LOS DICTADORES

23 Mayo 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

jvanegasSobre el poder solitario de los dictadores

 


                                                    Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                        

 


El poder obsesiona y obnubila. Los dictadores en la Historia ocupan un sitial que ellos mismos crean y en el cual  pretenden perpetuarse. Encuentran en el poder una herramienta que les otorga la fuerza necesaria para someter, humillar y degradar a los seres que, por desgracia, padecen el rigor injusto de sus decisiones. El poder embriaga; por eso es difícil que quien lo detente considere la posibilidad de abandonarlo. Por el contrario, cada vez quiere más. Esta es la razón por la cual nunca encontraremos un dictador “en uso de buen retiro”. Las extravagancias de esos gobernantes los convierten en seres excéntricos, exóticos, ridículos. Pero todo eso no sería tan peligroso si no fuera porque dichos excesos poco a poco los conducen a la irremediable condición de asesinos.


Cuando leemos las historias de estos déspotas encontramos muchos rasgos comunes entre ellos. La literatura está poblada de dictadores: ‘Tirano Banderas’, del español Ramón Del Valle-Inclán; ‘Yo, el Supremo’, del paraguayo Ernesto Roa Bastos; ‘El señor presidente’, del guatemalteco Miguel Ángel Asturias; ‘La fiesta del Chivo’, de Mario Vargas Llosa y ‘El otoño del patriarca’, de Gabriel García Márquez, son unos cuantos ejemplos de narraciones en las cuales los dictadores aparecen de cuerpo entero. Ni para qué hablar de Juan Manuel de Rosas en Argentina, de los Somoza en Nicaragua, de Pinochet en Chile o de otros sátrapas de ingratos recuerdos. Los dictadores dejan constancia de su desprecio por la vida de los demás mientras defienden la suya en medio de la mayor placidez posible. Siempre habrá gobernantes déspotas; pero también habrá esperanza de que la justicia los alcance, aunque sea en el tramo final de su existencia.


Acaba de morir Jorge Rafael Videla, titular de la dictadura argentina desde 1976 hasta 1981. ¿Quién puede decir ‘paz en su tumba’? Ni siquiera mereció un funeral como jefe de Estado. Pero en todo caso, tuvo un deceso diferente al de los miles de sus paisanos que fueron lanzados vivos al mar, desde helicópteros, en cumplimiento de sus órdenes supremas. Videla nació en Mercedes el 2 de agosto de 1925. Cuando falleció afrontaba un proceso por el Plan Cóndor, nombre con el que se conoció la coordinación de actividades criminales entre las cúpulas de los regímenes dictatoriales del Cono Sur (Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia). Este plan se llevó a cabo durante las décadas de 1970 y 1980, con la asesoría de los Estados Unidos. Consistió en el seguimiento, vigilancia, detención, interrogatorios con tortura, traslados entre países y desaparición y muerte de personas consideradas como subversivas por dichos regímenes. Pues bien, sin contar con la prisión perpetua que cumplía el dictador a la hora de su muerte, lo esperaba otra condena por lo del Plan Cóndor.


Son tan grotescos estos dictadores, y tan ignorantes en cuanto a conocimientos universales, que con frecuencia arremeten contra la cultura. Videla en su gobierno, mediante el decreto 2038 de 1980, prohibió la enciclopedia Universitas, la Gran Enciclopedia Salvat y el Diccionario Salvat.  Ya había hecho quemar en un lote baldío miles de ejemplares de ‘Pantaleón y las visitadoras’, ‘La tía Julia y el escribidor’  y otras obras de Vargas Llosa. La misma suerte corrieron novelas de García Márquez y poemas de Pablo Neruda. Se dice que también fue presa de las llamas el texto ‘Cuba electrolítica’, para estudiantes de ingeniería.


Definitivamente, las figuras fantasmagóricas de tantos seres humanos desaparecidos por el dictador Videla podrían formar un ejército de vengadores, suficiente para no dejarlo descansar en paz.

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ROMANTICISMO, REALISMO Y NATURALISMO EN LITERATURA

9 Mayo 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

jvanegasRomanticismo, Realismo y Naturalismo en literatura 


                   Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                           jose.vanegasmejia@yahoo.es 

 

 

 

                                                                                                             

Una indagación o encuesta a nivel mundial dejó en claro que las dos novelas más importantes del siglo XX son ‘Ulises’, del irlandés James Joyce y ‘En busca del tiempo perdido’, del francés Marcel Proust. En ambas no hay sino ficción, principalmente en la primera de ellas, que se basa en el héroe mitológico de ‘La Odisea’, de Homero.


En la literatura encontraremos romanticismo, realismo y naturalismo, seguidos de otros “ismos” de menor importancia. Sin embargo “lo histórico”, por muy mezclado que se encuentre en estos movimientos o escuelas, no podrá confundirse con lo novelesco. Le falta el elemento imaginario o fantasioso característico del cuento y la novela. Por esa razón ‘El nombre de la rosa’, de Umberto Eco, a pesar de parecer historia no es sino una novela histórica muy bien narrada y sumamente documentada. Igual sucede con la novela ‘El cementerio de Praga’, también de Eco.

 

Conviene señalar que una obra realista no es un reflejo fiel de lo que vemos. Esa obra será solo “verosímil”, es decir, parecida a la realidad pero nunca real, calidad que ni siquiera la Historia logra alcanzar. También es cierto que las modas literarias, o movimientos llamados a veces escuelas, se suceden en el tiempo y por lo general presentan características antagónicas que sugieren la intención de unas generaciones de acabar con las tendencias literarias de sus predecesores. Influye en ello la situación social imperante, aunque muchas veces no es factor determinante.


En este comentario periodístico nos interesa referirnos al realismo y al costumbrismo en relación con el romanticismo, al cual suceden en el tiempo. El Romanticismo, nacido en Europa con base en los deseos de libertad, evasión y culto a lo sensible, impone el predominio de los sentidos ante lo racional. El corazón gana esta partida frente al cerebro. La literatura recurre a lo melancólico y encuentra en América el campo propicio que le brinda el paisaje y, en general, el ambiente creado por una vasta comunidad que a comienzos del siglo XIX se halla ante la liberación de sus territorios. ¿Qué hacer con una libertad anhelada pero para la cual no había una preparación adecuada? El romanticismo, con su postulado de libertad como bandera, ofrece un campo abonado a las antiguas colonias de España en América; en nuestro país florecería plenamente en 1867con la novela ‘María’, de Jorge Isaacs.


En el realismo el lector no busca la musicalidad que le brindaba el romanticismo. Por el contrario, se aprecia en sus obras la crudeza de un lenguaje que se esfuerza por copiar la realidad, por muy impactante que ella resulte. En este último caso estaríamos frente al naturalismo literario. La novela propiamente romántica fue cediendo el paso poco a poco a los hechizantes cuadros de costumbres. En España los antecedentes están en ‘El Lazarillo de Tormes’. Aunque es el costumbrismo, con sus estampas pueblerinas, la fuente en la cual abreva la literatura realista, las obras costumbristas no tienen el rigor que demanda la Historia.   


 Las novelas de Tomás Carrasquilla son ejemplos incomparables del costumbrismo colombiano. ‘Frutos de mi tierra’, ‘Grandeza’ y ‘La Marquesa de Yolombó’ recogen la idiosincrasia de los pueblos antioqueños de la época del autor y contribuyen, de gran manera, al reconocimiento que nuestra literatura tiene dentro del amplio mundo de las letras castellanas. Pero son solo novelas, no textos de historia. Igual ocurre con ‘El general en su laberinto’, de García Márquez.


A propósito de estos temas, hemos leído la novela ‘El oro de Mefisto’, de Eric Frattini. La trama, que se basa en la supuesta huida de Hitler de Alemania y su establecimiento en Sudamérica como resultado de la Operación Odessa (concebida para preservar la vida de los nazis que darían origen al Cuarto Reich, en el futuro) es una novela que combina la realidad con la ficción. Solo diremos, antes de intentar una reseña o comentario de esta obra que, al combinarse allí la realidad con la ficción, es tarea del lector determinar dónde están los límites entre estos dos componentes.  

 

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LOS APORTES DE LA FAMILIA CURIE

5 Mayo 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

       Los aportes de la familia Curie

 

  jvanegas        Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                                                                                       jose.vanegasmejia@yahoo.es

Como ocurre a menudo en cuentos y otros escritos, la idea inicial de un autor puede tomar un rumbo diferente al previsto por él. Entonces las acciones lo conducen a terrenos que, muchas veces, resultan también interesantes. Es el caso de este artículo, concebido para destacar el aniversario de la muerte de Pierre Curie, quien falleció el 19 de abril de 1906 al ser arrollado por un carruaje tirado por caballos. Este hecho, lamentable para la ciencia, es menos importante que los aportes legados a la humanidad por Pierre Curie, su esposa Marie y su hija Irène. Por ello, descartado el propósito inicial, hablaremos de esta familia de científicos.

 Pierre Curie nació el 15 de mayo de 1859. Cursó estudios de ciencias en la Sorbona. Con su hermano descubrió que se produce un potencial eléctrico cuando se ejerce una presión en un cristal de cuarzo. Lo llamaron piezoelectricidad. En otros estudios sobre magnetismo descubrió que las sustancias magnéticas, a cierta temperatura conocida como punto de Curie, pierden su magnetismo. En 1895 Pierre Curie trabajó como profesor en la Escuela de Física y Química de París. Ese año se casó con Marie. Dejó su trabajo sobre el magnetismo para trabajar con su esposa. En 1898 anunciaron el descubrimiento de dos nuevos elementos: el polonio y el radio. El primero de ellos bautizado así en honor a la patria de Marie, Polonia. Los esposos Curie compartieron en 1903 el Premio Nobel con el francés Henri Becquerel, por el descubrimiento de los elementos radiactivos. En 1904 Pierre fue nombrado profesor de física en la Universidad de París. En 1905 fue aceptado como miembro de la Academia Francesa.

 La vida de Marie Curie no es menos destacada. Sus dos premios Nobel marcaron un hito en la historia de estos galardones. En efecto, Manya Sklodowska, nacida el 7 de noviembre de 1867 en Varsovia (Polonia) en el seno de una familia dedicada a la docencia, padeció estrecheces económicas en su infancia. Trabajó como institutriz y asistió a una “universidad volante” creada en Varsovia. En sus ratos libres se dedicaba al estudio de la física y las matemáticas. En 1891, por fin, se instaló en París. Los estudiantes de la Universidad de la Sorbona se preguntaban: “¿Quién es esa muchacha de aspecto tímido y de expresión obstinada que viste tan pobremente?”. Todos la miraban con desdén. Los estudiantes la llamaban ‘la extranjera de apellido imposible’ o ‘la estudiante silenciosa’. No podían ellos imaginar que esa joven se convertiría más tarde, bajo el nombre de madame Curie, en una mujer ilustre y una gloria para la ciencia universal.

 Manya se licenció en ciencias físicas en 1893 y el año siguiente, mediante una beca, se licenció en matemáticas. Cuando en 1894 se conoció con Pierre, ya se hacía llamar Marie. Durante la Primera Guerra Mundial Marie Curie recorrió hospitales de campaña para ayudar a los cirujanos con las nuevas técnicas radiológicas. Por esa entrega desinteresada en busca del bienestar de sus congéneres, fue llamada “Suprema bienhechora de la humanidad”. No sobra agregar aquí una opinión de Einstein: “Madame Curie es, de todos los personajes célebres, el único al que la gloria no ha corrompido”. Finalmente, Marie falleció en 1934, víctima de leucemia causada por la radiación. Irène Curie algo heredó de sus padres: ella y su esposo, el francés Fréderick Joliot, descubrieron la radiactividad artificial en 1934. Por ello recibieron el Premio Nobel de Química de 1934.  

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"EL PRINCIPITO" NO ES LITERATURA INFANTIL

2 Mayo 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

jvanegas ‘El Principito’ no es literatura infantil

Por: José Alejandro Vanegas Mejía       jose.vanegasmejia@yahoo.es

El presidente de Bolivia, Evo Morales, en un arranque de sinceridad acaba de confesar que detesta la lectura. A duras penas lee los títulos de los escritos; cuando se entusiasma un poco alcanza a leer algunas páginas, y si adquiere la energía y la motivación suficientes, es capaz de leerse un capítulo. Que esto lo diga el presidente de una nación es bastante preocupante, por el mensaje negativo que transmite a los niños y jóvenes. No sabemos cuál es el promedio de libros leídos por los bolivianos en un año; sin embargo, esperamos que entre sus escasas lecturas seleccionen ‘El Principito’, pequeño texto del cual hablaremos hoy.

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Cuando abordamos el tema de la literatura infantil generalmente nos referimos a obras escritas para niños. Sin embargo, lo correcto sería asignar esa denominación a escritos producidos por infantes como resultado de su imaginación. Esa imprecisión debería desaparecer y, de una vez por todas, llamar literatura infantil la concebida en el segundo de los casos citados. Así las cosas, tendremos que reconocer que ‘El Principito’, del escritor francés Antoine de Saint Exupéry, no pertenece a la literatura infantil sino a la literatura para niños.

A veces el profesor de la asignatura, en forma desganada exige a sus alumnos un análisis de esta corta producción sin haberla leído él mismo. En esos casos, de tanto oír y revisar los trabajos realizados por sus pupilos, termina entendiendo el contenido de ‘El principito’. Pero, como ocurre con ‘El túnel’, ‘El viejo y el mar’ y otras obras literarias, la vida de sus autores pasa inadvertida, como si los cuentos y las novelas surgieran de la nada. En esta ocasión daremos crédito al autor de la pequeña obra maestra. Saint-Exupéry nació en Lyon el 29 de junio de 1900; además de escritor fue piloto de guerra. Vale la pena mencionar otras novelas suyas: ‘El aviador’, ‘Piloto de guerra’ (Pilote de guerre) y ‘Vuelo de noche’ (Vol de nuit). Ganó varios premios literarios con ‘Tierra de hombres’ (Terre des hommes), pero su fama la debe a ‘El Principito’ (Le Petit Prince), publicado en 1943. Aunque primero fue piloto civil, de correos, logró que la aviación francesa lo enrolara para cumplir misiones en la segunda guerra mundial. Cuando se disponía a localizar y fotografiar tropas alemanas que amenazaban con avanzar sobre territorio francés, lo derribó un bombardero nazi el 31 de julio de 1944. Este dato es importante porque acaba con la creencia de que el escritor pudiese haber sobrevivido y, como el personaje de su famoso cuento, se hubiese convertido en morador solitario en un territorio remoto.

La desaparición definitiva de Saint-Exupéry la confirmó el piloto alemán que abatió su avión sobre el Mar Mediterráneo. En efecto, Horst Rippert afirmó: “Vi sus insignias tricolores y maniobré para instalarme a su cola y derribarle”. Además, en 2003 un submarino rescató trozos del avión del escritor francés, el Lightning P38. Hace cuatro años la ciudad de Marsella cubrió su cielo con aviones e inauguró la exposición “Saint-Exupéry. Invitation au voyage” (Saint-Exupéry. Invitación al viaje), evento que concluirá en julio de este año. ‘El Principito’ fue escrito en un hotel de Nueva York y se publicó por primera vez en los Estados Unidos. Se afirma que ha sido traducido a 180 lenguas y dialectos. Entre las enseñanzas que el autor quiso perpetuar a través de su personaje se destaca la siguiente: “Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”.

                              Elprincipito

‘El Principito’ no es un cuento más en medio del vasto campo de la literatura. Se lo considera una alegoría, es decir, una cadena de metáforas con sentido profundo que no siempre es fácil de advertir. Por eso compartimos la opinión de quienes sostienen que “cada opinión es una verdad desde su punto de vista. No hay una sola forma de interpretar las cosas ni nadie puede decir qué es lo correcto o cómo se tiene que interpretar tal o cual cosa”. No es necesario mirar más allá de nuestro entorno para comprobar la sensatez de ese aserto. Cuántas discusiones y conflictos encontrarían soluciones si asimiláramos seriamente las enseñanzas que nos ha dejado Saint-Exupéry por intermedio de su pequeño príncipe. Como colofón: No está bien, pero se acepta, que el presidente de Bolivia no lea ‘El Principito’. Lo peligroso sería que cayera en sus manos ‘El Príncipe’, de Maquiavelo y lograra leerlo.

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MANUEL ZAPATA OLIVELLA

20 Marzo 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

 

jvanegasRecordando a Manuel Zapata Olivella

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                                                    jose.vanegasmejia@yahoo.es



 

 

Siempre quise escribir extensamente sobre la vida y obra de Manuel Zapata Olivella. Pero me hubiese gustado hacerlo en vida del notable narrador, para destacar su carcajada interminable en los encuentros literarios. Él sabía que nunca se iría de entre nosotros; y más seguro estaba de que regresaría a los suyos, a sus mayores, gracias a una corriente bienhechora que finalmente transportaría sus cenizas al África Negra.


MANUEL-ZAPATA-OLIVELLA.jpgNadie puede encontrar en la historia de Colombia a un ciudadano más orgulloso de sus orígenes que Zapata Olivella. Sus obras no son sino un recorrido en busca de sus ancestros, hacia la semilla. Como pocos negros se restregaba esa palabra como si tuviera el temor de que su piel se le aclarase si no procedía así. Cada charla o conferencia era una expresión explícita de su origen. No había queja, no tenía razones para quejarse, pues su talante y su recia personalidad eran argumentos suficientes para respaldar sus convicciones.

 

Con el correr del tiempo valoraremos lo que hemos perdido. La presencia de Manuel Zapata en foros internacionales sobre negritudes ya no será posible. Y sucesores colombianos no se vislumbran en el horizonte. Quince días apenas antes de su muerte había participado en una de esas reuniones en Senegal, el África, su entrañable madre patria. Y con el acervo adquirido en profundas investigaciones sobre su raza recorrió el mundo varias veces, bien fuera con el grupo folclórico de su hermana Delia Zapata o por decisión propia, pues toda la vida fue un trashumante empedernido. Un vagabundo, como prefería que lo llamaran.


 Cuando Zapata tenía veintiséis años publicó la novela “He visto la noche”. Es el recuento de “mis “travesuras en Harlem”, como me lo expresa en una dedicatoria sobre la primera página de esa obra, que además de mostrar el trato humillante y discriminatorio que recibían los negros en Nueva York, pone de manifiesto las angustias de los parias en la famosa urbe. Sin embargo, el autor descubrió la solidaridad entre los negros, no importa de qué país provengan.


 El año siguiente el escritor colombiano publicó “Tierra mojada”, novela en la cual describe los problemas que padecen los cultivadores de arroz en las riberas del río Sinú. Se aprecia allí, nuevamente, el estilo realista del autor y su compenetración con los padecimientos de sus coterráneos. Para el prólogo de esta obra Zapata Olivella consiguió en Nueva York un concepto del consagrado escritor peruano Ciro Alegría; sí, el autor de “El mundo es ancho y ajeno”. Alegría, al final de dicho prólogo dice: “Que la tradición viva de la raza africana, la cual a despecho de siglos de opresión afirma con su sola presencia su indestructibilidad; que la actitud de respeto y defensa del hombre que abrigan los mejores, y el ejercicio continuado del difícil trabajo de escribir, hagan de Zapata Olivella el gran expresador, porque no solamente puede llegar a contar bien sus historias, sino que comienza por sentirlas, convirtiéndolas de este modo en mensaje”. Las demás obras de Zapata Olivella darían la razón a Ciro Alegría.


 No escribió el narrador de Lorica una obra que no sintiera; es más, su versatilidad le permitió utilizar el drama para representar muchas de sus creaciones: “Hotel de vagabundos” y “El rey de los cimarrones” son ejemplos de este género cultivado por Zapata Olivella. Era, además, cuentista, ensayista, folclorista, documentalista y antropólogo. Había olvidado ya la medicina. “La calle 10”, “Detrás del rostro”, “Chambacú, corral de negros”, “En Chimá nace un santo” son otras novelas de Zapata Olivella. Pero entre todas la que mejor refleja la convicción del autor es “Changó, el Gran Putas”, que incluye cantos y ritos; es de carácter antropológico. El contenido profundo de ese trabajo no ha sido valorado como lo merece; sin embargo el conjunto de la obra de este negro monumental es motivo de estudios especiales en Academias de América Latina, Europa y Estados Unidos. Nosotros, como siempre, estamos en deuda.

 

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MAFALDA: UN CUMPLEAÑOS PARA REFLEXIONAR Y REIR

17 Marzo 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

jvanegasQuino y un aniversario más de ‘Mafalda’

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                                                                 jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

 

 

 


El 15 de marzo de 1962, un día como hoy, fue creada la historieta gráfica ‘Mafalda’. Su autor, conocido mundialmente como Quino, responde al nombre de Joaquín Salvador Lavado Tejón, nacido en Mendoza, Argentina, el 17 de julio de 1932. Aunque se inició como dibujante en 1954, el éxito comenzó a sonreírle en 1962, cuando publicó su primer libro de recopilación de chistes gráficos titulado ‘Mundo Quino’ y creó la historieta ‘Mafalda’.

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 No se puede hablar de ‘Mafalda’ sin destacar la recia y admirable personalidad de su autor. Por eso hay que decir que de la mano de Quino ‘Mafalda’ inició un sorprendente recorrido: en 1964 apareció en el semanario Primera Plana. El año siguiente el diario El Mundo empezó a publicar esta historieta. Cuando en 1966 ‘Mafalda’ apareció como libro, la edición se agotó en dos días. En 1968 se publicó por primera vez en Italia. Un año más tarde el escritor y semiólogo Umberto Eco hizo la presentación del libro ‘Mafalda la contestataria’. En 1971 la historieta se dio a conocer en todo el mundo y comenzó a circular como serie animada.


 La importancia de ‘Mafalda’ puede medirse no solo por su traducción a más de treinta idiomas sino por lo que significa para la gente pensante. Para que tengamos una idea de la injerencia de este personaje en la vida real, citemos apartes de la propuesta que pretendía nombrar a esta niña “Ciudadana ilustre de la ciudad de Buenos Aires”. Decía la propuesta, en su justificación: “Mafalda simboliza lo mejor del espíritu de muchos jóvenes argentinos que no se resignan a acatar el orden establecido y pretenden modificarlo y enriquecerlo con sus propias ideas. Mafalda hizo reflexionar muchas veces a sus lectores sobre la validez de los hábitos, creencias, prejuicios y lugares comunes, ayudando de este modo a construir una sociedad mejor”. El proyecto continuaba diciendo: “Mafalda sigue siendo, en la memoria colectiva de los argentinos, la chica preguntona, irreverente e inesperada que planteó en su momento tantos interrogantes molestos a la sociedad argentina”. La propuesta, al final, no prosperó. Se argumentó que los títulos honoríficos son solo para las personas, sin tener en cuenta que ‘Mafalda’ es más humana que muchos seres humanos. En una entrevista, Julio Cortázar contestó: “Lo importante no es lo que yo piense de ‘Mafalda’ sino lo que ella piense de mí”. Y García Márquez, por su parte, considera que “después de leer a ‘Mafalda’ me di cuenta de que lo que te aproxima más a la felicidad es la quinoterapia”.


 Quino, en determinado momento dejó de dibujar la historieta, que para esa época aparecía en la revista ‘Siete días’. El 25 de junio de 1973 cesó su publicación. El autor afirmó, como justificación, que se le habían agotado las ideas. Lo cierto es que el peso que llegó a tener ‘Mafalda’ sobre su vida era enorme. A partir de ese año se radicó en Milán. El nombre ‘Mafalda’ es un acrónimo tomado de la palabra Mansfield, marca de una fábrica argentina de electrodomésticos para la cual la niña traviesa, en forma disimulada, debía servir de referencia. La acompañarían sus padres y unos niños que integraban la pandilla. Al final no se realizó el contrato y Quino resolvió darle otro rumbo a su personaje.


 Se dice que Quino hace parte, en Argentina, de “una generación durante la cual el humor fue perseguido y encarcelado”; y de “cuando sonreír era una amenaza y reír abiertamente, un peligro”. Así como no han crecido físicamente ‘Carlitos’ ni ‘El pequeño Larousse’, ‘Mafalda’ sigue siendo una niña de seis años que reflexiona con más fundamento que muchos adultos. Tal vez por eso, al aceptarla en la España de Franco, sus apariciones iban precedidas de la advertencia “Texto para adultos”. Y es que ‘Mafalda’, aparte de su aversión a la sopa, es una contestataria que no traga entero y con su lenguaje velado critica los vicios y excesos de la sociedad.

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ANACRONISMOS Y NOBLES BESTIAS

8 Marzo 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

jvanegasAnacronismos y nobles bestias

 

Por: José Alejandro Vanegas Mejía

 

                                                                             jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

 

Los dos amigos habían salido temprano para Bogotá. Uno de ellos ya conocía la ruta, pues una vez tuvo que hacer ese viaje, iniciado en un bus de Cosita Linda y continuado dentro de un Copetrán, empresas que por esos tiempos competían con Brasilia. El ‘Primo’, como el veterano llamaba al bisoño, jamás había emprendido un recorrido tan largo. Su experiencia se limitaba al trayecto Manaure-Riohacha; de vez en cuando se aventuraba hasta Bosconia y eso le parecía sumamente extenuante. Así, pues, el veterano se convirtió en guía de su primo y varias veces tuvo que despertarlo para ilustrarlo sobre algún sitio de importancia. “Mire, primo, --le dijo-- ese puentecito que usted ve allá es un monumento nacional”. Lo señaló con el dedo y continuó: “Debajo de ese puente se dieron plomo Simón Bolívar y Cristóbal Colón”. El primo, sin ánimo para preguntar, cerró de nuevo los ojos y cuando despertó ya estaban en las calles del norte de Bogotá.

 

Este relato de un hecho rigurosamente cierto da pie para explicar qué es un anacronismo: “Error que resulta de situar a una persona o cosa en un período de tiempo que no se corresponde con el que le es propio”. En efecto, Cristóbal Colón (1451 – 1563) nunca hubiese podido encontrarse con Simón Bolívar (1783 – 1830). Otro ejemplo de anacronismo se aprecia en una de las primeras versiones para televisión de la novela ‘María’. En una de las imágenes de los protagonistas principales  --se supone que en la hacienda ‘El Paraíso’-- aparecen unos postes del alumbrado eléctrico. Es un detalle que puede pasar inadvertido para muchos espectadores, pero no deja de ser una falla de quienes deben velar por la verosimilitud de la obra.

 

 El tema de estas Acotaciones me viene a la memoria ahora porque hace apenas dos semanas escuché en un programa radial de una de nuestras emisoras la intervención de un comentarista. En medio de la algarabía que es costumbre en estos espacios, cuando uno de ellos pudo al fin hacerse oír, expresó, refiriéndose al encargado oficial del deporte en el Distrito: “Ese funcionario es como el caballo de Troya, que donde pisaba no volvía a crecer la hierba”. En esa infortunada expresión hay mucho más que un simple anacronismo. Lástima que la extensión de una columna periodística no permita explotar todo lo que podría obtenerse de tamaño despropósito. Pero sí podemos sacar espacio para ilustrar a los lectores sobre la famosa frase. Se le atribuye a Atila, rey de los hunos y conocido como ‘el azote de Dios’. No se refería él en forma concreta a uno de los seis caballos que estuvieron a su servicio y a lomo de los cuales invadió el imperio romano de Oriente y la Galia; el más famoso de sus nobles bestias se llamó Othar. Quien causaba desolación y exterminio no era su caballo de turno sino el propio Atila. En este caso, si vamos a los adornos de los que se vale la literatura, diremos que se toma el instrumento (caballo) por el agente que causa el efecto (jinete Atila).

 

A propósito del tema que nos ocupa, es bueno recordar que muchos personajes de la historia universal son recordados no tanto por lo que hicieron sino por sus fieles compañeros de batalla. Babieca es tan famoso como su dueño, el Cid. Rocinante va unido siempre a Don Quijote. No separamos a Bucéfalo de Alejandro Magno. Algunos de estos equinos han quedado en el olvido; pero Mahoma estuvo siempre agradecido por los servicios que le prestó Lazlos, su primer caballo. Sería injusto no mencionar en este desfile a Pegaso, cabalgadura de Zeus, a Strategus y su propietario, Aníbal, y a Incitatus, el caballo de Calígula. El nombre de Simón Bolívar se asocia a su famoso corcel Palomo.

 

La pregunta que se impone es esta: ¿Qué relación existe entre los caballos mencionados y la ocurrencia de anacronismos? Lo que deseamos criticar es la ligereza o el poco rigor con que se afirman hechos que en el tiempo van separados por años y, muchas veces, por siglos. El episodio del caballo de Troya, con el cual los soldados engañaron a los troyanos habría ocurrido, según lo relata Homero en La Ilíada, entre los siglos XVI y XII antes de Cristo. Las gestas de Atila sobre sus caballos datan del siglo V de nuestra era. Esta aclaración, sin agregar que el caballo de madera abandonado por los griegos en Troya no podía dejar huella en ninguna parte. Por último, vale la pena aclarar también que lo de ‘noble bestia’ no se utiliza aquí con doble intención: con el apelativo ‘noble animal’ generalmente se alude al caballo, aparte del uso malévolo que las suegras dan a esa conocida expresión.

 

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JULIO CORTAZAR Y "RAYUELA": 50 AÑOS.

1 Marzo 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

               jvanegas         Bodas de oro del ‘Boom literario’

                     Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                              

 

 


Este año es importante para las letras castellanas. Se cumple medio siglo de la aparición de ‘Rayuela’ novela de Julio Cortázar. Puede afirmarse que con esta obra, publicada en 1963, comenzó el llamado ‘boom literario latinoamericano”. El mundo de la literatura volvió sus ojos hacia América Latina y descubrió que el idioma español permitía un tratamiento diferente al que había proliferado en España. No obstante las obras de narradores como Alejo Carpentier, Miguel Ángel Asturias, muy conocidos en Europa, y de autores como Ernesto Sábato, Juan Carlos Onetti y Juan Rulfo, los lectores del viejo mundo ignoraban lo que por estas tierras ocurría con el manejo de la lengua de Cervantes. Claro que sí descollaban con luz propia Borges, Neruda y ya admiraban a Rubén Darío y sus innovaciones dentro del modernismo literario.


 Fue el argentino Julio Cortázar quien, con ‘Rayuela’, revolucionó la lengua castellana. Esta obra, que desde el comienzo concede licencia al lector para que puede leerla en el orden que mejor le parezca, llamó la atención de los críticos y hoy, cincuenta años después, sigue siendo objeto de estudios y tesis de grado en instituciones de enseñanza. En francés, lengua que dominaba Cortázar, el título es ‘Marelle’, que en el castellano nuestro equivale a ‘Peregrina’ o ‘Golosa’, el juego de niños en el cual se salta de una casilla a otra sobre una figura trazada en el suelo. De esa manera puede leerse ‘Rayuela’. Pero como es mejor leer las obras y no atenernos a una síntesis de ellas y mucho menos a la arbitraria explicación de sus mensajes, preferimos dar a conocer algunas notas sobre su autor.


 Julio Cortázar nació en la embajada argentina en Bruselas (Bélgica) el 26 de agosto de 1914. Cuando llegó a París, en 1951, en sus valijas había abierto espacio para llevar consigo gran parte de la agobiante situación argentina bajo el régimen de Perón, dictador que había subido al poder en 1946.


Ya en Francia, dotado con una beca de estudios, prolongó su permanencia y más tarde se convirtió en ciudadano francés. Trabajó para la Unesco y no dejó de escribir. Entonces aparecieron ‘Final de juego’, ‘Las armas secretas’ y ‘Todos los fuegos el fuego’. También escribió ‘Los premios’, ‘Historia de Cronopios y de Famas’, ‘La vuelta al día en ochenta mundos’ y ‘Un tal Lucas’, entre otros.


 Su permanencia en el exterior era voluntaria cuando solicitó la nacionalidad francesa en los años setenta, pero en 1976 su exilio se convirtió en forzoso, pues su libro de cuentos ‘Octaedro’ (1974) mereció la condena de la Junta Militar argentina de ese momento. Resultado de su actividad política permanente fue la aparición del ‘Libro de Manuel’, novela donde se muestra solidario con las protestas sociales. Cortázar entregó los derechos  de autor a las familias afectadas por la dictadura del general Lanusse en Argentina. Más tarde, cuando por la misma obra le concedieron el premio Médicis, ese dinero  contribuyó a sostener la causa chilena en contra de las torturas del general Pinochet. No en vano el autor había formado parte, junto con García Márquez, del Tribunal Russell  para  el  análisis  y  la  consiguiente condena del dictador.


 El compromiso de Cortázar con la protesta social en nuestro subcontinente, lo patentiza en esta afirmación: “Si yo me hubiera quedado en Argentina probablemente no habría llegado a entender nunca lo que pasaba en mi propio país”.


 A partir de su primer viaje a Cuba y su contacto físico con la Revolución cubana, Cortázar comprendió que hay un destino latinoamericano en juego. Lo afirma convencido: “Ya no es posible refugiarse en la torre de marfil de la literatura pura, el cine puro, la pintura pura. Hay que estar ligado de alguna manera al destino de nuestros pueblos.”


 El verdadero Cortázar está atomizado en su literatura pero también en su acción por fuera del arte. Cortázar murió el 12 de febrero de 1984 en París.

 

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JULIO VERNE: NO SOLO CIENCIA-FICCIÓN

7 Febrero 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

 

jvanegasJulio Verne: no solo ciencia-ficción 


                                         Por: José Alejandro Vanegas Mejía


                                   jose.vanegasmejia@yahoo.es

                                                                     


Muchos hechos de importancia tuvieron ocurrencia en el mundo un día como hoy. Unos nos interesan más que otros, como es natural. Recordemos que el 8 de febrero de 1587 murió María Estuardo, reina de Escocia. Pedro el Grande murió en 1725 y asumió el mando Catalina I de Rusia. En 1920 nació Lana Turner, actriz estadounidense. Cinco años después, en 1925, vino al mundo Jack Lemmon, actor cómico de los Estados Unidos. Diez años más tarde, en 1935, nació James Dean, rebelde ícono del cine juvenil norteamericano y mundial. También en una fecha como esta, la navegante inglesa Ellen Mac Arthur, después de 71 días completó una vuelta al mundo en un velero de 25 metros de eslora. Pero hoy nos dedicaremos solo a honrar la memoria de un gran escritor universal.


BlogJulioVerne547.jpgHablando de Julio Verne, recordemos que nació el 8 de febrero de 1828 en la ciudad de Nantes, este de Francia. A los 77 años murió en Amiens, en 1905. Julio Verne no escribió por escribir: predijo la televisión, el helicóptero, el submarino y naves espaciales. Su primer éxito lo obtuvo con ‘Cinco semanas en globo’ (1862). Como agente de bolsa viajó a Inglaterra, Escocia, Noruega y Escandinavia. El escritor francés también viajó por África y América del Norte, lo que desarrolló su entusiasmo por los relatos de aventura mezclados con avances científicos. La novela ‘Viaje al centro de la tierra’, por ejemplo, obligó a Verne a investigar sobre geología, mineralogía y paleontología. Iguales exigencias superó para el resto de sus obras: ‘De la tierra a la luna’, ‘La vuelta al mundo en 80 días’, ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’, ‘Las aventuras del capitán Hatteras’,  ‘Los hijos del capitán Grant’, ‘En torno a la luna’, ‘La isla misteriosa’, ‘Miguel Strogoff’, ‘Un capitán de quince años’, ‘Las tribulaciones de un chino en China’, ‘El faro del fin del mundo’, ’Los viajes del capitán Cook’…


Con el pretexto de recordar a Julio Verne, los docentes de español y literatura podrían, o mejor, deberían inculcar al estudiante la costumbre de leer. Y nada más oportuno que situar al niño o adolescente frente a las obras del escritor a quien se considera el fundador de la moderna literatura de ciencia-ficción. Este tipo de literatura, con sus relatos sorprendentes de aventuras e inventos que dejaban atónitos a los niños y jóvenes de hace algunas décadas, debe su auge a escritores que, para la época actual, han pasado a formar parte de los gratos recuerdos. Este año escolar sería bueno que los profesores de los grados seis y siete se convirtieran en testigos presenciales (llamémoslos cómplices) de la amistad entre sus alumnos y los escritores de obras como las que hemos señalado. También podrían convidar a Emilio Salgari, Jack London, Herman Melville o Robert Louis Stevenson, sin descartar las producciones literarias amenas de  nuestros escritores. Después de establecer estos lazos perdurables, el educando tomará por su cuenta su propia responsabilidad y se adentrará cada vez más en el mundo de los libros.


La mayor parte de las obras de Verne fueron ciencia-ficción. Actualmente se las mira como precursoras de muchos inventos y descubrimientos que la ciencia ha hecho realidad. Pero poco se habla de dos obras publicadas después de la muerte del autor. Son ‘El eterno Adán’ (1910) y ‘La extraordinaria aventura de la misión Barsac’ (1920). En ellas Julio Verne se muestra escéptico y preocupado por los resultados que el desarrollo de la ciencia y la tecnología pueda producir sobre la especie humana. Paradójicamente, son las mismas preocupaciones que nos desvelan después de más de un siglo del fallecimiento de Julio Verne.

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CURIOSIDADES Y CAPRICHOS EN EL LENGUAJE

31 Enero 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

 

 

  

jvanegasCuriosidades y caprichos en el lenguaje


                            Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                                                                

 

                                                                

El lenguaje articulado, en su dinámica del día a día no se detiene y por esa razón su uso se lleva por delante imprecisiones y errores que muchas veces pasan inadvertidos. En otros casos esas inexactitudes terminan por imponerse aun entre hablantes cultos. En cuanto a imprecisiones tenemos ejemplos como la aceptación del término ‘redondo’ en lugar de ‘esférico’. Se dice que un balón de fútbol es redondo y eso nos parece correcto; sin embargo, tiene forma de esfera y, por lo tanto, es esférico. Desde la escuela primaria nos vienen diciendo que la tierra es redonda, como una naranja. Y así lo aprendimos.


¿Quién no escucha diariamente, sobre todo en los programas deportivos, que un equipo venció a su rival “por la mínima diferencia”? Si el partido jugado terminó 20 a 19 también fue mínima la diferencia. Y si se tratase de un partido de basquetbol no sería raro un resultado de 100 contra 99 tantos. Pero la costumbre nos obliga a aceptar que “la mínima diferencia” es 1 a 0.


El lenguaje es un organismo vivo; por eso en el habla, sobre todo, se permiten muchas licencias. Así, por ejemplo, cuando un orador expresa, llevado por la emoción de su perorata: “Como dijo el poeta…”, ningún oyente se atreve a preguntarle de qué poeta se trata, ni él tendría una respuesta a la mano. Con su afirmación solo quiere dar credibilidad o respaldo a sus palabras. Estos casos no causan daño a nadie y por eso no generan polémicas.


En el lenguaje encontramos expresiones consolidadas por el uso y el abuso que hacemos de ellas: con solo leer o escuchar la primera palabra adivinamos el resto. Así ocurre con “investigación exhaustiva”, “tomar atenta nota”, “llevar algo hasta sus últimas consecuencias”, “mi vida es un libro abierto” y otras frases cliché (algunos dirán ‘frases de cajón’).


Llama la atención la forma como los medios de comunicación se precipitan en la búsqueda de apodos para artistas y deportistas. Los periodistas quieren ser los primeros en asignar remoquetes para jactarse de que los bautizaron con tal o cual sobrenombre. Tal es el caso del exfutbolista Gilberto García, nacido en Pueblo Viejo y señalado por un periodista como “Alcatraz” García. Otro periodista, para no quedarse atrás, quiso que se lo llamara “La ostra” García; pero el primer apodo ya estaba consolidado. Si bien con la palabra ‘alcatraz’ se rendía un reconocimiento a las aves que surcaban el cielo sobre las aguas de la costa Caribe antes de que las empresas carboneras acabaran con esta especie animal, otros apodos suenan ridículos, como “El enano que canta”, para referirse al cantante Nelson Ned; “La ronca de oro” como distintivo de Helenita Vargas y “El ruiseñor del Cesar” para Jorge Oñate. Pero tenemos que soportar esas denominaciones porque el lenguaje popular, y más concretamente el habla coloquial, se nutren de pequeñas cosas que, mirándolas bien, son inocuas y pertenecen a la civilización del espectáculo, según la última obra del Nobel Vargas Llosa. Mientras tanto, seguiremos encontrando en los medios de comunicación una nutrida fauna donde son fáciles de identificar un “Chigüiro” Benítez al lado de un “Pájaro” Carpintero o de un “Pato” Abbondancieri.

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