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Posts con #escuelas y movimientos filosoficos tag

¿EXISTE UNA FILOSOFÍA LATINOAMERICANA?

18 Agosto 2013 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #ESCUELAS Y MOVIMIENTOS FILOSÓFICOS

¿EXISTE UNA FILOSOFÍA LATINOAMERICANA?

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Si pensamos en sistemas filosóficos a la manera tradicional europea, la respuesta es terminante: sencillamente, no. Existen corrientes filosóficas practicadas en diferentes países de América Latina. Para aseverar la existencia de una filosofía latinoamericana tendríamos que demostrar con claridad meridiana una "reflexión" original sobre la identidad de América Latina, sus problemas, sus situaciones particulares y un "filosofar" que correspondiese a esa identidad, a esos problemas, a esas situaciones.

Antes de abordar el interrogante, motivo de este artículo, repasemos brevemente el origen del problema. Dentro de las diferentes problemáticas abordadas en Latinoamerica sobre problemas cardinales, cabe destacar la  polémica planteada en el siglo XVI sobre la esencia de lo verdaderamente humano y las relaciones que pudiesen existir entre esta y los indígenas americanos. Los conquistadores españoles negaban el estatus antropólogico a los nativos americanos lo cual generó el conflicto ideológico conocido como "la disputa de Valladolid" entre Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda. El debate fue clave para el cambio de paradigma sobre la visión del mundo como perteneciente a una unidad cultural con respecto al sistema político imperante.

En el siglo XX, en el año de 1968, apareció la obra "¿Existe una filosofía de nuestra América? (Descarga completa en PDF) de Augusto Salazar Bondy en el cual el autor plantea la necesidad de que hispanomerica posea una  filosofía propia capaz de interpretar su propia realidad y sirviese para la búsqueda de vías de desarrollo. Las conclusiones de Salazar Bonty es que no existe en América Latina una filosofía auténtica y original, sino imitativa e inauténtica porque la vida social produce un pensamiento alienante y encubridor de la realidad social.

Su posición  universalista contrasta con la postura culturalista de Leopoldo Zea; en su obra "La filosofía americana como filosofía sin más" se opone a los que argumentan la no existencia de sistemas en Latinoamerica. Para Zea, lo importante para la existencia de una filosofía propia, auténtica y original no es la creación de sistemas sino tratar de dar respuesta a los problemas surgidos de una determinada realidad; en este caso, partir y volver a la realidad latinoamericana y permitir la resolución de sus problemas más sentidos; así, deberá presentarse con originalidad sin la repetición inútil de problemas ajenos De tal manera, puede existir filosofía en un poema, una novela, o un ensayo.

A las anteriores consideraciones, habría que agregar que a partir de los años sesenta, se suma la llamada "postura crítica" que rechaza la existencia de una filosofía latinoamericana porque ha sido un producto ideológico y no una empresa libre. Según esta postura la filosofía se usa en América latina para mantener la situación política imperante para el beneficio de ciertas clases sociales.

Para nuestro propósito descriptivo, anotemos que la filosofía en América latina se ha desarrollado desde las siguientes perspectivas: La corriente historicista, la corriente ontológica, la corriente liberacionista  y, últimamente, la corriente intercultural.

La corriente historicista: Trata de interpretar la historia de América Latina y el desarrollo de las ideas filosóficas en el subcontinente.

La corriente ontológica: Busca identificar los elementos propios de la identidad cultural latinoamericana.

La corriente liberacionista: Conocida también con el nombre de "filosofía de la liberación" que constituye una reflexión sobre las condiciones que permitan la búsqueda de la emancipación política, económica y cultural; una mayor equidad y justicia social.

La corriente intercultural: Nestor García Canclini dice en su obra "Ideología, cultura poder":  "Todo relativismo cultural se basa en esta idea de que hay culturas diferentes y de que unas son tan legítimas como las otras" Existen varias posturas: Fornet-Betancourt parte de la filosofía de la liberación para buscar una aproximación a la tradiciones filosóficas de la humanidad; Bolívar Echeverría parte desde la vertiente ontológica para oponerse a la racionalidad capitalista europea mediante la construcción de un modo de ser, de un ethos latinoamericano y Santiago Castro-Gómez parte del historicismo para realizar la reflexión desde los estudios poscoloniales.

La filosofía latinoamericana está en un proceso de construcción que requiere de un amplio camino de reflexión para que pueda obtener un verdadero reconocimiento.

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EL RACIONALISMO CARTESIANO

6 Abril 2012 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #ESCUELAS Y MOVIMIENTOS FILOSÓFICOS

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La razón como única fuente del conocimiento verdadero fue el postulado fundamental de la filosofía cartesiana. Al analizar los conocimientos previos, Descartes partió del engaño que produce el conocimiento sensible de una parte, y de las razones mal fundamentadas por la otra, consideró que la única vía segura para hallar la verdad se encontraba en rechazar cualquier conocimiento. Por esa vía, descubre que de lo único que no puede dudar es de su propia duda. Aparece como una verdad clara y distinta su principio "pienso, luego existo". Encuentra el método:

LA DUDA METÓDICA:

“Así, fundándome en que los sentidos nos engañan algunas veces, quise suponer que no había cosa alguna que fuese tal y como ellos nos la hacen imaginar; y, en vista de que hay hombres que se engañan al razonar y comente paralogismos, aun en las más simples materias de geometría, y juzgando que yo estaba tan sujeto a equivocarme como cualquier otro, rechacé como falsas todas las razones que antes había aceptado mediante demostración; y finalmente, considerando que los mismos pensamientos que tenemos estando despiertos pueden también ocurrírsenos cuando dormimos, sin que en este caso ninguno de ellos sea verdadero, me resolví a fingir que nada de lo que hasta entonces había entrado en mi mente era más verdadero que las ilusiones de mis sueños. Pero inmediatamente después caí en la cuenta de que, mientras de esta manera intentaba pensar que todo era falso, era absolutamente necesario que yo, que lo pensaba, fuese algo; y advirtiendo que esta verdad: pienso, luego existo, era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos eran incapaces de conmoverla, pensé que podía aceptarla sin escrúpulo como el primer principio de la filosofía que andaba buscando.”  René Descartes, "Discurso del Método", IV Parte.

"Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y las demás cosas exteriores, no son sino ilusiones y ensueños, de los que él se sirve para atrapar mi credulidad. Me consideraré a mí mismo como sin manos, sin ojos, sin carne, ni sangre, sin sentido alguno, y creyendo falsamente que tengo todo eso. Permaneceré obstinadamente fijo en ese pensamiento, y, si, por dicho medio, no me es posible llegar al conocimiento de alguna verdad, al menos está en mi mano suspender el juicio. Por ello, tendré sumo cuidado en no dar crédito a ninguna falsedad, y dispondré tan bien mi espíritu contra las malas artes de ese gran engañador que, por muy poderoso y astuto que sea, nunca podrá imponerme nada. Pero un designio tal es arduo y penoso, y cierta desidia me arrastra insensiblemente hacia mi manera ordinaria de vivir; y, como un esclavo que goza en sueños de una libertad imaginaria, en cuanto empieza a sospechar que su libertad no es sino un sueño, teme despertar y conspira con esas gratas ilusiones para gozar más largamente de su engaño, así yo recaigo insensiblemente en mis antiguas opiniones, y temo salir de mi modorra, por miedo a que las trabajosas vigilias que habrían de suceder a la tranquilidad de mi reposo, en vez de procurarme alguna luz para conocer la verdad, no sean bastantes a iluminar por entero las tinieblas de las dificultades que acabo de promover. " René Descartes, "Meditaciones metafísicas"

Los pasos en los que se basa el método cartesiano son: 

1. "No admitir jamás como verdadero cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era, es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención." 

2. "Dividir cada una de los problemas en tantas partes como sea posible para obtener una mejor solución." 

3.  "Comenzar el razonamiento por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco hasta el conocimiento de los más compuestos."

4. "Hacer en todo momento enumeraciones completas y revisiones generales."

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EL ABSURDO COMO FILOSOFÍA

5 Abril 2012 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #ESCUELAS Y MOVIMIENTOS FILOSÓFICOS

Creemos suficiente la lectura de "El mito de Sísifo", un ensayo de Albert Camus para la cabal comprensión de la filosofía del absurdo. La figura de Sísifo se convierte en una metáfora del discurrir existencial del hombre; la inutilidad de sus esfuerzos, la incomprensión de la realidad que afronta cotidianamente, el refugio en la ciencia, la religión y la moral para tratar de hacer suyo un mundo; para encontrar razón en el sin sentido, el quehacer en el intervalo que transcurre entre el nacer y el morir se torna en angustia pero se acepta el absurdo. El aceptamiento del absurdo conduce a valorar las experiencias y fundamentalmente a cuantificarlas. Descubre que el destino le pertenece. 

 

EL MITO DE SÍSIFO

                                                            Albert Camus

 

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Los dioses habían condenado a Sísifo a hacer rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con alguna razón que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza.

Si se ha de creer a Homero, Sísifo era el más sabio y prudente de los mortales. No obstante. Según otra tradición, sin embargo, se inclinaba al oficio de bandido. No veo en ello contradicción. Difieren las opiniones sobre los motivos que le convirtieron en un trabajador inútil en los infiernos. Se le reprocha, en primer lugar, alguna ligereza con los dioses. Reveló sus secretos. Egina, hija de Asopo, fue raptada por Júpiter. Al padre le asombró esa desaparición y se quejó a Sísifo. Éste, que conocía del rapto, ofreció a Asope darle informes con la condición de que diese agua a la ciudadela de Corinto. Prefirió la bendición del agua a los rayos celestes.

Por ello fue castigado y enviado al infierno. Homero nos cuenta también que Sísifo había encadenado a la Muerte. Plutón no pudo soportar el espectáculo de su imperio desierto y silencioso. Envió al dios de la guerra, quien liberó a la Muerte de manos de su vencedor.

Se dice además que Sísifo, estando próximo a morir, quiso imprudentemente poner a prueba el amor de su mujer. Le ordenó que arrojara su cuerpo sin sepultura en medio de la plaza pública. Sísifo se encontró en los infiernos y allí irritado por una obediencia tan contraria al amor humano, obtuvo de Plutón permiso para volver a la tierra con objeto de castigar a su mujer. Pero cuando volvió a ver el rostro de este mundo, a gustar del agua y el sol, de las piedras cálidas y el mar, ya no quiso volver a la sombra infernal.

Los llamamientos, las iras y las advertencias no sirvieron para nada. Vivió todavía muchos años más ante la curva del golfo, con el mar majestuoso y las sonrisas de la tierra. Fue necesario un decreto de los dioses. Mercurio bajó a la tierra a coger al audaz por el cuello, y quitándole de sus alegrías, le condujo a los infiernos, donde estaba ya preparada su roca.

Se ha comprendido ya que Sísifo es el héroe absurdo. Lo es tanto por sus pasiones como por sus tormentos. Su desprecio de los dioses, su odio a la muerte y su pasión por la vida, le han valido este suplicio indecible en donde todo el ser se emplea en no acabar nada. Es el precio que hay que pagar por las pasiones de esta tierra. No se nos dice nada sobre Sísifo en los infiernos. Los mitos están hechos para que la animar la imaginación.

En éste, se ve solamente todo el esfuerzo de un cuerpo tenso para levantar la enorme piedra, hacerla rodar y ayudarla a subir una cima eternamente recorrida; se ve el rostro crispado, la mejilla pegada a la piedra, la ayuda de un hombro que recibe la masa cubierta de arcilla, de un pie que la detiene, el continuo esfuerzo de los brazos, la seguridad enteramente humana de dos manos llenas de tierra. Al cabo de este largo esfuerzo, medido por el espacio sin cielo y el tiempo sin profundidad, se alcanza el objetivo. Sísifo mira entonces como la piedra rueda en unos instantes a ese mundo inferior desde donde habrá de volverla a subir hacia la cumbre. Él vuelve a bajar de nuevo a la llanura.

Es durante esta vuelta, esta pausa, que Sísifo me interesa. ¡Un rostro que padece tan cerca de las piedras, es ya él mismo piedra!

Veo como ese hombre vuelve a bajar con paso lento, pero igual, hacia el tormento cuyo fin no conocerá. Esta hora que es como una respiración y que vuelve tan seguramente como su desgracia: es la hora de la conciencia. En cada uno de los instantes en que abandona la cima y se hunde poco a poco en la madriguera de los dioses, es superior a su destino. Es más fuerte que su roca.

Si este mito es trágico, es porque su protagonista es consciente. ¿Dónde estaría, en efecto, su pena, si a cada paso le sostuviera la esperanza de triunfar? El obrero de hoy trabaja durante todos los días de su vida en las mismas tareas y ese destino no es menos absurdo. Pero no es trágico sino en los raros momentos en se hace consciente. Sísifo, proletario de los dioses, impotente y rebelde conoce toda la magnitud de su condición miserable: es en ella que piensa durante su descenso. La clarividencia que debía constituir su tormento, consuma al mismo tiempo su victoria. No hay destino que no se supere con el desprecio.

Si el descenso se hace así algunos días en el dolor, puede hacerse también con alegría. Estas palabras no están de sobra. Imagino a Sísifo volviendo hacia su roca, y el dolor estaba en el principio. Cuando las imágenes de la tierra se aferran demasiado fuertemente al recuerdo, cuando el llamado de la felicidad se hace demasiado urgente, sucede que surge la tristeza en el corazón del hombre: es la victoria de la roca, la roca misma. La inmensa angustia es demasiado pesada para poderla sobrellevar. Son nuestras noches de Getsemaní. Pero, las verdades aplastantes perecen al ser reconocidas.

Así, Edipo obedece primeramente al destino sin saberlo. En el momento que sabe, comienza su tragedia. Pero en el mismo instante, ciego y desesperado, reconoce que el único vínculo que le une al mundo es la mano fresca de una muchacha. Resuena, entonces una frase desesperada: «A pesar de tantas pruebas, mi edad avanzada y la grandeza de mi alma me hacen juzgar que todo está bien». El Edipo de Sófocles, como el Kirilov de Dostoievsky, dan así la fórmula de la victoria absurda. La sabiduría antigua se une con el heroísmo moderno.

No se descubre lo absurdo sin sentirse tentado a escribir algún manual de felicidad. « ¿Cómo? ¿Por caminos tan estrechos...?». Pero no hay más que un mundo. La felicidad y el absurdo son dos hijos de la misma tierra. Son inseparables. Sería un error decir que la felicidad nace forzosamente del descubrimiento absurdo. Ocurre también que el sentimiento de lo absurdo nazca de la felicidad. «Juzgo que todo está bien», dice Edipo, y estas palabras son sagradas. Resuena en el universo hosco y limitado del hombre. Enseñan que no todo está agotado, que no ha sido agotado. Expulsan de este mundo a un dios que había entrado en él con la insatisfacción y el gusto de los dolores inútiles. Hacen del destino un asunto humano, que debe ser arreglado entre los hombres.

Toda la alegría silenciosa de Sísifo consiste en eso. Su destino le pertenece. Su roca es su cosa. Del mismo modo el hombre absurdo, cuando contempla su tormento, hace callar a todos los ídolos. En ese universo vuelto de pronto a su silencio, las mil vocecitas maravillosas de la tierra se levantan. Llamadas inconscientes y secretas, invitaciones de todos los rostros constituyen el reverso necesario y el precio de la victoria. No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche. El hombre absurdo dice “sí” y su esfuerzo jamás cesará. Si hay un destino personal, no hay un destino superior, o, por lo menos no hay más que uno al que juzga fatal y despreciable. Por lo demás, él se sabe dueño de sus días.

En ese instante sutil en que el hombre se vuelve sobre su vida, Sísifo, volviendo hacia su roca, en ese ligero giro, contempla esa serie de actos sin ligazón en que se convierte su destino. Creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado por su muerte. Así, persuadido del origen completamente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha. La roca sigue rodando.

Dejo a Sísifo al pie de la montaña. Se vuelve a encontrar siempre con su carga. Pero Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. Él también juzga que todo está bien. Este universo, desde ahora sin amo, no le parece estéril ni fútil. Cada uno de los granos de esta piedra, cada destello mineral de esta montaña llena de oscuridad, forman por sí solo un mundo. El peso mismo de la roca hacia la cumbre basta para llenar el corazón de un hombre.

Hay que imaginarse a Sísifo feliz.

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