LA DENUNCIA SOCIAL EN "EL SUEÑO DEL CELTA" DE MARIO VARGAS LLOSA
La denuncia social en ‘El sueño del celta’
Por: José Alejandro Vanegas Mejía jose.vanegasmejia@yahoo.es
Al leer la novela ‘El sueño del celta’, de Mario Vargas Llosa, recordamos la deuda que tenemos con este escritor desde antes de que se le otorgara el Premio Nobel de Literatura 2010. Ahora acaba de aparecer su obra ‘La civilización del espectáculo’ y se acentúa más ese olvido en que hemos tenido al escritor peruano.
‘El sueño del celta’ es el resultado de incansables indagaciones sobre un tema que siempre ha rondado la mente de Vargas Llosa. No en vano fue el Perú, como Colombia, escenario de la explotación del caucho en Sudamérica. Los atropellos, vejaciones y asesinatos sobre los cuales floreció la industria cauchera necesitaban una voz autorizada que trajera al presente tanta ignominia. Apareció entonces Vargas Llosa con un testimonio sustentado en sesuda investigación: ‘El sueño del celta’. Ya habíamos leído ‘La vorágine’, del colombiano José Eustacio Rivera y, acompañados por Arturo Cova y Alicia fuimos capaces de recorrer la casi impenetrable manigua hasta cuando, según la frase final de esta conocida novela, “se los tragó la selva”. Pero la obra de Rivera, aunque nos da a conocer la rudeza de ese inhóspito territorio, nos embruja y deja absortos más que todo por la forma literaria que envuelve las acciones. Esto no quiere decir que se deje por fuera el maltrato que sufren los caucheros en el relato. En la obra que comentamos, Vargas Llosa va más allá. El personaje central es Roger Casement, nacido en Dublín, Irlanda, en 1864. Aunque es necesario leer la obra para comprenderla a cabalidad, en una breve alusión a la misma debemos destacar la forma como Casement relata sus experiencias en el Congo Belga, donde se desempeña como cónsul británico encargado de rendir informes sobre lo que ocurre en esa posesión belga. Su espíritu aventurero y su extremada juventud por esos años no le impiden consignar en sus datos las atrocidades cometidas contra los africanos con el propósito de abrir las rutas del caucho para el reino de Bélgica.
Después de su período en el Congo, Casement oficia como cónsul en Iquitos y se encuentra allí con horrores semejantes a los comprobados en el Congo. La Casa Arana, mencionada ya por ‘La vorágine’, es dueña de vidas y haciendas. Julio César Arana, “Rey del caucho en el Putumayo”, ejerce su poder económico desde sus oficinas en Londres y solo después de innumerables denuncias y juicios internacionales puede verse alguna mejoría en las caucherías americanas y africanas.
La Casa Arana, tan conocida por su frecuente aparición en crucigramas, queda retratada de cuerpo completo en esta novela de Vargas Llosa. Y aunque el autor es literato y profesor universitario de literatura, su narración no se queda en descripciones paisajísticas --que las tiene-- de los extensos territorios conquistados en el Congo por exploradores como Henry Morton Stanley, fundador de Leopolville, sino que denuncia las crueldades y la impunidad. Ni siquiera el rey Leopoldo II de Bélgica escapa a Casement, cuando de señalar responsables se trata.
El mérito de Vargas Llosa consiste en seguir los pasos de Roger Casement tanto en África como en tierras amazónicas, y en consultar documentos para sustentar un extenso relato que no se queda en la ficción y pasa a ser, dolorosamente, parte de la historia negra de la humanidad.
Mario Vargas Llosa es uno de esos escritores que crean a su alrededor una atmósfera de resistencia o animadversión, ya sea por alguna opinión suya o por posiciones políticas no compartidas por mucha gente. No creemos que su ideología necesite defensores de oficio y mucho menos que su concepción del mundo tenga que ver con su importancia o no en el mundo intelectual. Algo parecido ocurrió con Jorge Luis Borges durante toda su vida. Lo que sí es aconsejable, y recomendamos en esta columna, es la lectura de ‘El sueño del celta’. Aún no hemos leído ‘La civilización del espectáculo’ pero, salida de la pluma de un pensador universal con tan amplia visión de mundo, debe ser interesante.