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"PONTE LA CAMISETA; NO TE LA COLOQUES"

17 Noviembre 2016 , Escrito por ALGOCAST

 

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                      jose.vanegasmejia@yahoo.es

La frase que da título a este artículo la escuchamos en una emisora hace unos días. Su redacción atrajo nuestra atención porque seguramente el autor de la misma sabe exactamente que la palabra ‘poner’ está padeciendo los embates del verbo ‘colocar’. Cada vez que juega nuestra selección de fútbol las ciudades colombianas amanecen tachonadas con las camisetas amarillas que nos identifican. Consideramos que se trata de un nacionalismo sano que nadie ha impuesto. Simplemente, una sensación diferente, difícil de explicar, nos invade hasta cuando termina el evento programado. Y aunque no portemos en el pecho esa importante divisa, todo el día sentimos el peso de la camiseta; es decir, mentalmente la llevamos puesta.

     Ya era hora de que algún medio de comunicación saliera en defensa del desprotegido ‘poner’. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos ilustra sobre las cuarenta y siete acepciones que tiene ‘poner’ mientras que ‘colocar’ solo tiene unas cuatro, especialmente las relacionadas con inversiones en bolsas de valores. Así, pues, es correcto decir “Fulano ‘colocó’ acciones en tal empresa”; pero querer emplear para todo el verbo ‘colocar’ puede inducirnos a error. Como dato estadístico, un lector encontró que en Cien años de soledad García Márquez utilizó 167 veces formas del verbo poner. En cambio colocar y sus derivados aparecen solo 8 veces en esa obra.

     ¿Por qué tanto temor al uso de ‘poner’? No tienen la culpa quienes crecieron bajo la observación perentoria de sus amables maestras de escuela. Ellas reprendían a esos niños si se atrevían a decir, por ejemplo: “Puse mi cuaderno en el maletín”. Se apresuraban las ‘seños’ a remachar sobre ese verbo y procuraban que los demás estudiantes oyeran la supuesta corrección: “De manera que usted ‘puso’. Las que ‘ponen’ son las gallinas”. Y se quedó para siempre esta frase en la memoria de los infantes. Pero a estas alturas, cuando ya no somos infantes y tenemos la certidumbre de que el verbo ‘poner’ no es exclusivo de las aves de corral, no hay razón para enviarlo al ostracismo. La recomendación es que acudamos a rescatarlo. Porque usted puede, por ejemplo, ‘ponerse’ pálido por un susto pero le queda mal ‘colocarse’ rojo de la rabia.

     Una vez, en una entrevista deportiva un futbolista afirmaba que no había motivos para que sus compañeros se ‘colocaran’ nerviosos frente a un equipo más poderoso. Otro ejemplo es el de muchos sacerdotes que en un momento determinado de la misa solicitan a sus feligreses “colocarse de pie”. En esta columna periodística la palabra ‘poner’ y sus derivadas aparecen quince veces. Puede parecer una exageración abundar y ahondar en el tema, pero la finalidad de tanta exigencia es conseguir que se tenga en cuenta el uso de dicho vocablo, sin pretender la eliminación del manoseado ‘colocar’.

     Como puede observarse desde el comienzo de este artículo, un título periodístico ha marcado el contenido del texto. Gracias, pues, a los periodistas que esta vez nos dieron la idea inicial. Por otra parte, así como hemos criticado usos incorrectos difundidos por muchos comunicadores, en este caso agradecemos la cordial invitación. No olviden nuestros lectores que los colombianos estamos a la espera de muchos acontecimientos que en épocas futuras se considerarán históricos, no solo en el campo del deporte. Es necesario, pues, que estemos preparados para celebrar cada uno de ellos con la camiseta puesta, bien puesta, no colocada.

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BOB DYLAN: UN NOBEL DE LITERATURA POLÉMICO

14 Octubre 2016 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #APUNTES EN MI BLOG

BOB DYLAN: UN NOBEL DE LITERATURA POLÉMICO
BOB DYLAN: UN NOBEL DE LITERATURA POLÉMICO
BOB DYLAN: UN NOBEL DE LITERATURA POLÉMICO
BOB DYLAN: UN NOBEL DE LITERATURA POLÉMICO

El Premio Nobel concedido por la Academia sueca al cantante estadounidense Robert Allen Zimmerman, conocido por el nombre artístico de Bob Dylan, abre una polémica no solo a nivel mediático, sino igualmente, a nivel académico. En algún artículo publicado en este blog, aseverábamos que los límites de la literatura como arte son bastante imprecisos. No podemos negar que las canciones, en último término, están fundamentadas en una creación poética previamente escrita a la cual se le ha agregado la música. En este sentido, las letras de las canciones pertenecen al género lírico. El premio, aunque cause alguna sorpresa porque  no se otorgó a un autor considerado como novelista, poeta o dramaturgo, tiene antecedentes que son válidos recordar en este momento en que algunos se rasgan las vestiduras: Theodor Mommsen, el historiador alemán, ganó el galardón en 1902 con su célebre "Historia de Roma", y Winston Churchil, el primer mininistro británico, también lo obtuvo en 1953 por obras de carácter histórico como "Memorias""La crisis mundial" "La segunda guerra mundial". En los casos mencionados, ambos autores pretendían objetivos muy diferentes a los meramente estéticos. Consideramos que la apertura hacia otras perspectivas, enriquece el quehacer literario en vez de menoscabarlo. El hecho en sí mismo, deja de ser controversial. La discusión se debe plantear en la posible influencia que haya podido tener el autor y la calidad de sus letras.

No se puede desconocer el impacto causado por la música del cantautor, quien se convirtió en un ícono de la contracultura de los años 60´y 70´.por sus luchas y denuncias sociales. Una muestra de ello son su poemas en contra de la guerra en Vietnam.

Los maestros de la guerra

You that build the big guns

You that build the death planes

You that build all the bombs

You that hide behind walls

You that hide behind desks

I just want you to know

I can see through your masks

"Ustedes, que fabrican las grandes armas

Ustedes, que construyen los aviones de la muerte

Ustedes, que construyen todas las bombas

Ustedes, que se esconden tras los muros

Ustedes, que se esconden detrás de escritorios

Sólo quiero que sepan

Que puedo verlos a través de sus máscaras".

 

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FERNANDO VALLEJO, CRÍTICO DE GARCÍA MÁRQUEZ

14 Octubre 2016 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

FERNANDO VALLEJO, CRÍTICO DE GARCÍA MÁRQUEZ

 

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                       jose.vanegasmejia@yahoo.es

El escritor Fernando Vallejo tiene un reconocido prestigio no solo en Colombia sino en Hispanoamérica. No sabemos si seguir llamándolo colombiano después de haber renunciado a su ciudadanía en el 2007; pero en estas líneas solo nos interesa referirnos a su obsesión por restarle méritos a García Márquez, sobre todo a su obra ‘Cien años de soledad’.

     Vallejo es novelista, lingüista, autor de teatro y cineasta, entre otras actividades que domina. Esos conocimientos lo respaldan para exponer con autoridad ciertos conceptos sobre la obra cumbre de García Márquez pero al mismo tiempo lo descubren como crítico malintencionado que pretende confundir al lector desprevenido. Para que estas notas brinden alguna claridad a quienes no han leído ‘Cien años de soledad’, empecemos por decir que un ensayo escrito por Vallejo en 1998 se titula ‘Un siglo de soledad’. Comienza como la novela mencionada y procede en seguida a la disección del texto. Vallejo dice: “Voy a hacerte unas preguntas, Gabito. ¿Muchos años después de qué, Gabito? ¿De la creación del mundo? Si es así, yo diría que tendrías que haberlo dicho”. Y pensar que para muchos críticos literarios ese comienzo de la novela es un gran acierto de García Márquez. Pero Vallejo, aunque como escritor sabe que es así, persiste en mermar el impacto que causa esa primera frase. Y para ser más demoledor afirma que el poeta Rubén Darío, fallecido en 1916, en su autobiografía utiliza una expresión parecida. Concluye: “¡Te plagió, Gabito, te plagió ese cabrón nicaragüense!”. Como se ve, Vallejo es un maestro del sarcasmo.

     Más adelante, en su ensayo, vuelve al tema del supuesto plagio. Esta vez, como en su momento lo hiciera el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, afirma que ‘Cien años de soledad’ es una copia de ‘En busca del absoluto’ de Honoré de Balzac. Sin embargo, quienes hemos leído ambas obras consideramos que la del escritor francés, aunque trata parcialmente un tema desarrollado en ’Cien años de soledad’, se queda corta en el vuelo de la imaginación. El Nobel colombiano lo supera, sin duda, porque cubre su prosa con elementos tomados de la irrealidad y da rienda suelta a la desmesura. Vallejo lo sabe. Como sabe también que ese nuevo realismo que puso de moda Alejo Carpentier se pasea por toda la obra de García Márquez y en cambio no se presta para el relato en ‘La virgen de los sicarios’ o en ‘El desbarrancadero’, dos de los textos más conocidos del autor antioqueño.

     En cuanto a ‘Cien años de soledad’, le disgusta a Vallejo que García Márquez haya decidido narrarla en tercera persona. Si este artículo fuese un ensayo explicaríamos la conveniencia de este tipo de narración. En las obras de Vallejo el autor decide involucrarse en las acciones de sus personajes; por eso prefiere el relato en primera persona. ‘Cien años de soledad’, por el contrario, requiere un narrador en tercera persona, llamado también heterodiegético, extradiegético u omnisciente; es decir, un narrador que, como un dios, todo lo sabe, hasta los pensamientos de los personajes. Nadie sabe esto mejor que Vallejo. Pero su oficio es contradecir, rebajar, menospreciar.

     Fernando Vallejo escribió ‘Logoi: una gramática del lenguaje literario’. Es autor también de ‘La puta de Babilonia’. Ha recibido varias distinciones: Premio Ariel en 1979; Premio Ariel en 1981; Premio Rómulo Gallegos en 2003 por la novela ‘El desbarrancadero’. Doctor honoris causa de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, en 2009. 

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HAY QUE SACAR TIEMPO PARA LEER

16 Septiembre 2016 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

HAY QUE SACAR TIEMPO PARA LEER

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                         jose.vanegasmejia@yahoo.es

Conocemos más a Mark Twain que a Samuel Langhorne Clemens, el escritor estadounidense autor de obras famosas entre las que se encuentra ‘Las aventuras de Tom Sawyer’ (1876). El origen de las obras de Mark Twain es su propia vida: fantasea, recopila recuerdos; todo lo que plasma en sus narraciones hace parte de su experiencia vital. Solo escapa a esa característica su novela histórica ‘El príncipe y el mendigo’. En su conjunto, la obra de Twain comprende libros de viaje, novelas y relatos. Escribió algunos ensayos. Al hablar de sus libros de viaje hay que mencionar ‘Los inocentes en el extranjero’ (1869), donde el autor expone en forma satírica sus experiencias como turista provinciano por tierras de Europa y Palestina. En 1872 publicó Mark Twain una descripción muy emotiva bajo el título ‘Pasando fatigas’; relata allí sus andanzas como minero y periodista en Nevada, California y Hawai. Más tarde apareció ‘Un vagabundo en el extranjero’ (1880). Esta es una sátira en la cual combina anécdotas, historias, personajes y relatos humorísticos, todo con Alemania como telón de fondo. La misma fórmula aplica, pero esta vez sobre la India y Australia, en el libro ‘Siguiendo el Ecuador’.

     Dos conocidas novelas de Mark Twain, ‘El príncipe y el mendigo’ y ‘Juana de Arco’ no recibieron grandes elogios de la crítica. En cambio ‘Un yanqui en la corte del rey Arturo’, publicada en 1889, ha sido calificada como novela de ideas. En ella Hank Morgan, perito industrial, desembarca en la Inglaterra medieval y la convierte en una “utopía industrial para después destruirla en un Apocalipsis tecnológico”. Aparte de sus novelas históricas Mark Twain publicó otras de características diversas; entre ellas tenemos ‘La edad dorada’, ‘El conde americano’, ‘El cabezahueca Wilson’ y ‘Los gemelos extraordinarios’. En las dos últimas el autor vuelve al Missouri de su infancia; cambia identidades de señor y esclavo para presentar en forma magistral el tema de la libertad y la esclavitud, tan sensible en el sur de los Estados Unidos.

     Mark Twain había dicho: «Vine al mundo con el cometa Halley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él. Será la mayor desilusión de mi vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: “Ahora están aquí estos dos fenómenos inexplicables; vinieron juntos, juntos deben partir. ¡Ah! Lo espero con impaciencia”». Su predicción se cumplió: Twain murió en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910 de un ataque al corazón, un día antes del retorno del cometa a la Tierra. Debe recordarse que Mark Twain ejerció el periodismo, oficio en el que se inició desde muy joven como tipógrafo. También fue inventor, aunque con muy poco éxito. Fracasó en todas las empresas financieras que quiso crear y, para colmo de males, cuando todo estaba dispuesto para la publicación de ‘Tom Sawyer en el extranjero’, que desarrolla una circunnavegación del mundo en globo, una editorial se le adelantó con la publicación de ‘Cinco semanas en globo’, de Julio Verne.

     ‘Las aventuras de Huckleberry Finn’, publicada en 1885, es la obra maestra de Twain. Combina la excelente caracterización de los personajes con la perfecta urdimbre de las acciones; además, la atmósfera creada por el autor da paso al chispeante humor que se le conoce en sus obras para niños y jóvenes. Que esta nota sea un pretexto para familiarizarnos con la narrativa de Mark Twain, quien nació el 30 de noviembre de 1835.

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LA LECTURA Y EL LIBRO IMPRESO

7 Septiembre 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                   jose.vanegasmejia@yahoo.es

Mucho se habla sobre la desaparición del libro en un futuro tal vez más cercano de lo que pensamos. Es un debate que se inicia, se suspende y, en todo caso, se elude. La culpa de que esta posibilidad se materialice la atribuyen al desarrollo incontrolable de la informática. Internet sería el verdugo del placer indescriptible de abrir un libro para apropiarse de su contenido. Los defensores del libro dicen que jamás desaparecerá esa invaluable herramienta que nos pone en contacto con el saber universal. En manifestación romántica afirman que nada hay más grato que el olor a libro, sensación que no se percibe cuando leemos un texto en la pantalla del computador. Como debate al fin, los pros y los contras serán interminables. Lo que nadie niega es que a través de los libros la humanidad ha perpetuado los conocimientos: la ciencia, las artes y todos los saberes no habrían llegado hasta nosotros si los escribas, amanuenses y notarios de la historia no los hubiesen consignado para la posteridad. Más tarde llegó Gutenberg y la actividad lectora comenzó a masificarse.

En una de mis Acotaciones de hace varios años me refería a la importancia de la lectura. Recordaba entonces cómo en la revista ‘Selecciones, del Reader’s Digest’ encontré un tesoro que reforzó mi pasión por la lectura. Pero alguien me hizo ver que hay otras formas de llegar a la lectura. Su teoría es que lo importante es leer, no importa el camino escogido. Y es cierto. Hoy forman legiones las personas que se iniciaron con historietas o comics, con lecturas apresuradas de ‘Chanoc’, ‘El Santo’, ‘El Zorro’, ‘Tarzán, ‘El llanero solitario’ y tantas otras por el estilo. Estos lectores, que muchas veces eran niños escapados de sus escuelas, se “echaban la leva” para devorar esa literatura popular que, no hay duda, los volvieron lectores. Alquilaban o intercambiaban esos manoseados textos y la personalidad de sus héroes imaginarios los invadía hasta el extremo de imitar sus gestos. Después de leer una novelita de vaqueros del Oeste norteamericano no era raro encontrar al pequeño lector caminando con los brazos separados del cuerpo y las manos crispadas cerca de los bolsillos de sus pantalones, exactamente como lo hacían los cazarrecompensas. Nada interesante quedaba en sus mentes, pero aprendieron a leer.

Volviendo a ‘Selecciones, del Reader’s Digest’, esta revista traía veintiséis artículos para ser leídos así: uno cada día laborable durante el mes. Al terminar el último ya estaba la siguiente edición a disposición del público. De su contenido recuerdo algunas secciones que no podían “dejarse para después”: ‘La risa, remedio infalible’, ‘Gajes del oficio’, ‘Así es la vida’, ‘Citas citables’, ‘Temas de reflexión’, ‘Mi personaje inolvidable’ y ‘Enriquezca su vocabulario’. Además, encontrábamos en ‘Selecciones’ la sección ‘Noticias del mundo de la medicina’, encargada de mantenernos informados sobre los últimos avances en el campo de la salud. Pero nada era comparable con ‘Sección de libros’, que presentaba en forma resumida el texto de una obra literaria de algún renombre. El primer ejemplar de esta revista se publicó en 1922, en inglés. En 1940 apareció la primera edición en español.

El ‘Almanaque mundial’ también contribuyó a la formación de lectores; la combinación de datos importantes sobre países, por ejemplo, y resúmenes relacionados con la actualidad internacional, han hecho de esta publicación un manual de consulta para millones de lectores. ¿Superaremos pronto el promedio de 1.9 libros leídos en un año?

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ALEJANDRO DUMAS, PADRE.

31 Julio 2016 , Escrito por jJosé Alejandro Vanegas Mejìa Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

ALEJANDRO DUMAS, PADRE.

 

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                 jose.vanegasmejia@yahoo.es

     Para diferenciar a los escritores Dumas, ambos con el mismo nombre, es necesario aclarar si se trata del padre o del hijo, de tanta importancia para las letras francesas que sus obras han merecido el reconocimiento de críticos y estudiosos de la literatura universal. En esta fecha, como homenaje a Alejandro Dumas, padre, nacido el 24 de julio de 1802, recordaremos apartes de su vida, iniciada en Villers-Cotterêts. Es conveniente asociar desde el principio a Dumas, padre, con las novelas ‘Los tres mosqueteros’ (1844), ‘El conde de Montecristo’ (1845) y ‘El tulipán negro’ (1850). El nombre completo de Dumas era Thomas-Alexandre Davy de la Pailleterie. Su abuelo, Alexandre-Antoine Davy de la Pailleterie, llegó a Haití y convivió con la esclava Césette Dumas. Fueron padres de Thomas-Alexandre, más tarde conocido como ‘El conde negro’, héroe olvidado de la Revolución Francesa cuyo nombre aparece grabado en el Arco de Triunfo, en París, como uno de los oficiales que pelearon al lado de Napoleón. Recordamos aquí que el único latinoamericano que alcanzó ese honor fue el venezolano Francisco de Miranda.

     Cuando su padre murió Dumas solo tenía cuatro años. Se afirma que ‘El conde de Montecristo’ y ’Los tres mosqueteros’ fueron inspirados en la vida de su padre, ‘El conde negro’. En 1823 Dumas se instaló en París, donde continuó su formación autodidacta. En 1824 nació su primer hijo, conocido como Alejandro Dumas, hijo, quien siguió los pasos de su padre y se dio a conocer al escribir la novela ‘La dama de las camelias’.

     Alejandro Dumas en 1825 estrenó su primer vodevil o comedieta, ‘La caza y el amor’, y en 1826 publicó su primera novela en prosa: ‘Blanca de Beaulieu’. El género predilecto de Dumas fue el drama. En la Comedia Francesa presentó ‘Enrique III y su corte’, en 1830. Se considera que el autor fue quien introdujo el Romanticismo al teatro francés. La actividad literaria de Dumas fue frenética, hasta el extremo de acudir a ‘colaboradores’ para poder cumplir sus compromisos. Este exceso de trabajo, aparejado casi siempre al éxito, le permitió amasar una gran fortuna, la que dilapidó en una vida disipada y de lujo desbordado. Conoció a Giuseppe Garibaldi y se unió a él en varios combates en Sicilia. Dumas fue un constante viajero. Estuvo en Suiza, Italia, España, Alemania, Bélgica, Argelia y Túnez. También viajó por San Petersburgo, Moscú, y las costas del Mar Negro. A su regreso escribió varios libros sobre su periplo, además de sus conocidos ‘Libros de viaje’ y ‘Reportajes de guerra’. Una novela con el tema de aventura es ‘De París a Cádiz’. Publicó aproximadamente trescientas obras y numerosos artículos. Sus novelas van desde la aventura a la fantasía, pasando por la historia. Entre sus numerosas obras, algunas de ellas traducidas a más de cien idiomas, están: ‘Joseph Balsamo’, ‘Los mil y un fantasmas’, ‘El collar de la reina’, ‘La dama de Monsoreau’ y ‘Memorias de Garibaldi’.

     A su muerte, en 1870, Dumas fue sepultado en el cementerio de su pueblo natal, donde permaneció hasta el año 2002, cuando sus restos fueron trasladados con honores al Panteón de París, donde reposan otros escritores ilustres de Francia. En ese acto, frente al féretro, el presidente de Francia, Jacques Chirac, expresó: “Con usted nosotros fuimos D’Artagnan, Montecristo o Balsamo; recorrimos las calles de Francia, participamos en batallas, visitamos palacios y castillos; con usted nosotros soñamos…” Una estatua de Dumas se erige en la Plaza de Malesherbes, de París; a los pies del escritor aparece su personaje más destacado: el famoso D’Artagnan

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XV SIMPOSIUM LITERARIO ESTUDIANTIL CIUDAD DE SANTA MARTA

29 Julio 2016 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #SIMPOSIUM LITERARIO CIUDAD DE SANTA MARTA

XV SIMPOSIUM LITERARIO ESTUDIANTIL CIUDAD DE SANTA MARTA

     Durante los días 18 y 19 de agosto se realizará la décima quinta versión del SIMPOSIUM LITERARIO ESTUDIANTIL CIUDAD DE SANTA MARTA cuyo eje temático versará este año sobre "LA FAMILIA EN LA LITERATURA", un tema de especial interés para la contemporaneidad por su implicaciones sociales. El evento de carácter interinstitucional, liderado por la F.E. Liceo Versalles ha tenido una gran acogida por parte de las instituciones educativas de la ciudad y de la región; con el correr de los años, el Simposium se ha convertido en un prestigioso certamen académico que concita a la reflexión y diálogo de estudiantes pertenecientes a los niveles de educación secundaria y universitaria alrededor de temas de actualidad; hasta el momento, se registra un total de veinte inscripciones para la participación de igual número de comunidades educativas que aceptaron la invitación y estarán representados por sus respectivos estudiantes. A través de ponencias y foros, los estudiantes expondrán el resultado de sus investigaciones sobre la visión de connotados autores y de las diferentes perspectivas que estos poseen de las diferentes estructuras familiares y de las relaciones que se pueden generar a nivel intrafamiliar..  

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EL RECUERDO DE NADINE GORDIMER: NOBEL 1991

18 Julio 2016 , Escrito por Joé Alejandro Vanegas Mejía Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

EL RECUERDO DE NADINE GORDIMER: NOBEL 1991

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                             jose.vanegasmejia@yahoo.es

     “Uno jamás está aislado de su sociedad”. Estas palabras, en cualquier circunstancia, expresan el compromiso de quien las pronuncia. En labios de Nadine Gordimer fueron más que un decir. Ella agregó, además: “Mi intento siempre ha sido escribir la verdad”. La escritora falleció el 13 de julio de 2014 en Johannesburgo. Nació el 23 de noviembre de 1923 en Springs, Unión Sudafricana. Sus padres eran inmigrantes judíos de clase media. El padre era relojero lituano; la madre nació en Londres. Gordimer siempre escribió en lengua inglesa. A los veinticinco años se radicó en Johannesburgo. Ingresó a la Universidad de Witwatersrand pero no terminó sus estudios. Su primer relato lo escribió a los quince años. A los veintiséis publicó su primer libro: ‘Face to face’. En 1953 escribió ‘La suave voz de la serpiente’, una historia corta. Comenzó a abordar el tema social en Sudáfrica, sobre la segregación racial como fondo. Entre 1956 y 1979 escribió novelas cortas y relatos. Combinó su actividad literaria con conferencias en universidades de Europa y América. La producción literaria de Gordimer es reconocida por la fuerza de sus diálogos, lo cual se manifiesta en sus obras: ‘Seis pies de tierra’, ‘La huella del viernes’, ‘Un mundo de extraños’, ‘No para publicarlo’, ‘Ocasión para amar’, ‘El desaparecido mundo burgués’, ‘El conservador’, ‘La hija de Burger’, ‘La gente de Julio’, ‘La historia de mi hijo’, ‘Nadie que me acompañe’, ‘Un arma en casa’, ‘Atrapa la vida’, ‘Beethoven tenía algo de negro’.

     La relación de Gordimer con la censura empezó en 1956, al relatar en la novela ‘Un mundo de extraños’ la historia de un inmigrante británico que conoce las diferencias entre blancos y negros en Sudáfrica. Las autoridades afrikáners la prohibieron durante doce años. Otra obra suya, ‘El desaparecido mundo burgués’, fue censurada por una década. En 1979 fue prohibida ‘La hija del Burger’. Pero a pesar de esos vetos, Nadine Gordimer prefirió no considerarse una escritora política. “Yo soy africana y el color de la piel no importa. El apartheid cambió mi vida como ser humano, pero no fue lo que me hizo escritora”.

     Gordimer sostuvo una amistad cómplice con Nelson Mandela. Ambos fueron adalides de la resistencia al apartheid en Sudáfrica. Se cuenta que en 1964, cuando el líder preparaba las palabras de su discurso en el juicio que lo llevaría a prisión durante veintisiete años, Nadine Gordimer lo visitó en su celda. Se afirma que la escritora editó el famoso discurso que pronunció Mandela, titulado ‘Un ideal por el que estoy dispuesto a morir’. Con Mandela en la presidencia de Sudáfrica Gordimer apoyó la lucha contra el sida en su país. En su última novela: ‘Mejor hoy que mañana’, retrata a la sociedad sudafricana en democracia. Hasta sus últimos días la escritora mantuvo su posición crítica hacia los regímenes dictatoriales en el mundo, pero más visiblemente en su país. En una entrevista concedida poco antes de su muerte, Nadine Gordimer afirmó: “La reintroducción de la censura es impensable cuando se recuerda cómo sufrió la gente para liberarse de ella en todas sus formas”. Nadine Gordimer recibió quince doctorados honoris causa, entre ellos los de las universidades Harvard, Yale, Columbia, Cambridge, Leuven en Bélgica y Ciudad del Cabo. Su obra se vio coronada con el Premio Nobel de literatura en 1991. A la muerte de Nadine Gordimer, la Fundación Nelson Mandela expresó: “Hemos perdido a una gran escritora; una patriota y una voz fuerte por la igualdad y la democracia en el mundo”.

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SOBRE EL "NEGRO" CANDELARIO OBESO

30 Junio 2016 , Escrito por jOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA

SOBRE EL "NEGRO" CANDELARIO OBESO

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                              jose.vanegasmejia@yahoo.es

     El escritor, poeta y dramaturgo Candelario Obeso nació en Mompox, Bolívar el 12 de enero de 1849. Hijo natural del abogado liberal Eugenio María Obeso y de María de la Cruz Hernández, lavandera. Sus estudios primarios los cursó parcialmente en el Colegio Pinillos, de Mompox. Obtuvo una beca para el Colegio Militar fundado por Tomás Cipriano de Mosquera. Ingresó a estudiar ingeniería en la Universidad Nacional; luego pasó a la facultad de derecho pero después de dos años abandonó los estudios. Obtuvo el título de maestro y regresó a su tierra natal para ejercer la docencia. Fue maestro en la región de La Mojana y se desempeñó como Tesorero municipal en Magangue. Regresó a Bogotá. Colaboró en varios periódicos y revistas.

Candelario Obeso tuvo una vida privada bastante agitada. Sostuvo varios lances en los cuales no siempre salió bien librado: en una ocasión resultó herido en una mano.

     De la producción literaria de Obeso destacamos el libro ‘Gramática de la lengua castellana’; la novela ‘La familia Pygmalión’, de género satírico y los ‘Cantos populares de mi tierra’, poemario inspirado en la vida y sentimientos de los bogas del río Magdalena, obra que permite reconocerlo como fundador de la poesía negra en Colombia e Hispanoamérica. Su obra de teatro ‘Secundino el zapatero’, (1880), es un drama moralizante y de costumbres. El poema ‘Lucha de la vida’, (1882), es un trabajo autobiográfico.

     Solo en las primeras décadas del siglo XX los temas sobre las culturas africanas adquirieron importancia. Se abrió el debate sobre la poesía negra. Entonces la obra de Obeso empezó a ser estudiada, mucho antes de que aparecieran las producciones del cubano Nicolás Guillén (‘Negro bembón’, ‘Sóngoro cosongo’) y del portorriqueño Luis Palés Matos (‘Tuntún de pasa y grifería’). Candelario Obeso se vinculó activamente a luchas políticas. Rafael Núñez lo envió como cónsul a Tours, Francia; Manuel Murillo Toro lo nombró intérprete nacional en Panamá. Su permanencia en Bogotá le permitió codearse con personalidades de la vida literaria, entre ellos Miguel Antonio Caro, Antonio José Restrepo, Rafael Pombo, José María Vargas Vila y Jorge Isaacs.

     Entre las salidas humorísticas del poeta se cuenta que una vez, en respuesta a la burla que le hiciera el político y más tarde presidente de Colombia, Francisco Javier Zaldúa al tratarlo de ‘macho negro’, en comparación con un asno o mulo, Obeso le contestó con los versos: “¿Soy un macho negro? / ¡Pues de ello me alegro! / Soy negro y muy macho / como dice usted. / Y siempre prefiero / ser un macho negro / a ser un burro blanco / como su merced”.

     El 29 de junio de 1884, mientras revisaba una pistola Remington, Obeso se causó una herida de bala en el estómago. El 3 de julio falleció en Bogotá. De ser cierta esta versión, no sería correcto afirmar que el poeta se suicidó, puesto que esta forma de perder la vida requiere el pleno consentimiento de la víctima. A su sepelio asistieron distinguidas personalidades de la política y las letras de la capital. A raíz de este episodio surgió el chiste según el cual el poeta habría dicho: “Disparé al blanco pero le di al negro”. Es posible que no se conozca suficientemente la obra de Candelario Obeso; pero no le negaremos la autoría de los famosísimos versos: “¡Qué trijte que ejtá la noche / la noche qué trijte ejtá! / Nu hay en er cielo una ejtreya…/ ¡Remá!, ¡remá!”, de su muy conocido poema “El boga ausente”.

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DOS PILARES DEL GRUPO DE BARRANQUILLA

23 Junio 2016 , Escrito por José Alejandro Vanegas Mejía Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

DOS PILARES DEL GRUPO DE BARRANQUILLA

Dos pilares del Grupo de Barranquilla

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                             jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

     José Félix Fuenmayor fue un escritor, poeta, periodista y político nacido en Barranquilla en 1885. Con el intelectual Ramón Vinyes inició lo que se conoce como el Grupo de Barranquilla o Grupo de la Cueva. Aunque generalmente se mencionan otros escritores como los principales integrantes de este grupo, no podemos desconocer la influencia de estos dos pioneros de las letras en la vida literaria de Gabriel García Márquez y Álvaro Cepeda Samudio. Para que no haya confusión, recordemos que José Félix Fuenmayor era el padre de Alfonso, el amigo que el Nobel colombiano menciona en varias de sus obras. Los méritos de José Félix Fuenmayor fueron reconocidos tardíamente, sobre todo en las antologías y manuales de literatura. Solo cuando el crítico uruguayo Ángel Rama destacó su importancia, el escritor fue destacado como pilar fundamental para comprender el fenómeno literario colombiano. Las obras de Fuenmayor han sido traducidas al inglés, al francés y al italiano. “Cosme” es considerada la primera novela urbana colombiana. Retrata la vida del joven Cosme en una sociedad que entra aceleradamente a la modernización. No oculta que el ambiente es el de la Barranquilla de comienzos del siglo XX. Esta narración nos recuerda la descripción que de la misma sociedad, pero varias décadas después, nos hace Marvel Moreno en su novela “En diciembre llegaban las brisas”. También escribió Fuenmayor: “Musa del Trópico”, “Una triste aventura de catorce sabios” y “La muerte en la calle”. Refiriéndose a este escritor, García Márquez afirmó: “Todos provenimos del viejo Fuenmayor”. A continuación comparó su técnica narrativa con la de Juan Rulfo en “El llano en llamas”.

     El Grupo de Barranquilla no habría existido de no ser por la presencia de un librero catalán llamado Ramón Vinyes y Cluet, nacido en Berga, Cataluña, España en 1882. Era un librepensador perseguido por el gobierno español debido a sus ideas independentistas por las que luchaba Cataluña. Vinyes vino a Colombia en 1913, se estableció en Barranquilla y fundó la Librería R. Viñas & Co., que de inmediato se convirtió en centro de la cultura en la ciudad. García Márquez no duda en llamarlo “el sabio catalán” y lo muestra como el promotor que facilitaba al grupo lecturas que de otra forma nunca hubieran conocido. Vinyes fundó la revista “Voces de Barranquilla” y en ella difundió la producción literaria de autores importantes de Colombia y América Latina. Aunque regresó varias veces a su ciudad natal, siempre volvió a Barranquilla, hasta cuando por última vez viajó a España y murió en Cataluña en 1952. Obras de teatro de Ramón Vinyes son; “El calvario de la vida” (1904); “Quien no está conmigo” (1929) y “Los que nunca se detienen” (1934). En narrativa escribió: “La ardiente cabalgata” (1909) y “Entre la boca de las nubes”.

     De los integrantes más renombrados del Grupo de Barranquilla se ha hablado en forma abundante, sobre todo de García Márquez. Alfonso Fuenmayor era el de más edad en el Grupo. Fue él quien descubrió que en un sector de Barranquilla existía un sitio llamado originalmente “El Vaivén” y allí acudió durante muchos años con sus amigos para conversar sobre literatura y otros temas culturales. Germán Vargas Cantillo tenía fama de ser el colombiano que más rápido leía textos escritos por otros; por eso participó como jurado en innumerables concursos literarios. Álvaro Cepeda Samudio es uno de los grandes promotores de la cultura colombiana de la segunda mitad del siglo XX. Introdujo en el país la tendencia llamada ‘Nuevo periodismo’, que combinaba crónicas noticiosas con visos de literatura.

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