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EL RECUERDO DE NADINE GORDIMER: NOBEL 1991

18 Julio 2016 , Escrito por Joé Alejandro Vanegas Mejía Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

EL RECUERDO DE NADINE GORDIMER: NOBEL 1991

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                             jose.vanegasmejia@yahoo.es

     “Uno jamás está aislado de su sociedad”. Estas palabras, en cualquier circunstancia, expresan el compromiso de quien las pronuncia. En labios de Nadine Gordimer fueron más que un decir. Ella agregó, además: “Mi intento siempre ha sido escribir la verdad”. La escritora falleció el 13 de julio de 2014 en Johannesburgo. Nació el 23 de noviembre de 1923 en Springs, Unión Sudafricana. Sus padres eran inmigrantes judíos de clase media. El padre era relojero lituano; la madre nació en Londres. Gordimer siempre escribió en lengua inglesa. A los veinticinco años se radicó en Johannesburgo. Ingresó a la Universidad de Witwatersrand pero no terminó sus estudios. Su primer relato lo escribió a los quince años. A los veintiséis publicó su primer libro: ‘Face to face’. En 1953 escribió ‘La suave voz de la serpiente’, una historia corta. Comenzó a abordar el tema social en Sudáfrica, sobre la segregación racial como fondo. Entre 1956 y 1979 escribió novelas cortas y relatos. Combinó su actividad literaria con conferencias en universidades de Europa y América. La producción literaria de Gordimer es reconocida por la fuerza de sus diálogos, lo cual se manifiesta en sus obras: ‘Seis pies de tierra’, ‘La huella del viernes’, ‘Un mundo de extraños’, ‘No para publicarlo’, ‘Ocasión para amar’, ‘El desaparecido mundo burgués’, ‘El conservador’, ‘La hija de Burger’, ‘La gente de Julio’, ‘La historia de mi hijo’, ‘Nadie que me acompañe’, ‘Un arma en casa’, ‘Atrapa la vida’, ‘Beethoven tenía algo de negro’.

     La relación de Gordimer con la censura empezó en 1956, al relatar en la novela ‘Un mundo de extraños’ la historia de un inmigrante británico que conoce las diferencias entre blancos y negros en Sudáfrica. Las autoridades afrikáners la prohibieron durante doce años. Otra obra suya, ‘El desaparecido mundo burgués’, fue censurada por una década. En 1979 fue prohibida ‘La hija del Burger’. Pero a pesar de esos vetos, Nadine Gordimer prefirió no considerarse una escritora política. “Yo soy africana y el color de la piel no importa. El apartheid cambió mi vida como ser humano, pero no fue lo que me hizo escritora”.

     Gordimer sostuvo una amistad cómplice con Nelson Mandela. Ambos fueron adalides de la resistencia al apartheid en Sudáfrica. Se cuenta que en 1964, cuando el líder preparaba las palabras de su discurso en el juicio que lo llevaría a prisión durante veintisiete años, Nadine Gordimer lo visitó en su celda. Se afirma que la escritora editó el famoso discurso que pronunció Mandela, titulado ‘Un ideal por el que estoy dispuesto a morir’. Con Mandela en la presidencia de Sudáfrica Gordimer apoyó la lucha contra el sida en su país. En su última novela: ‘Mejor hoy que mañana’, retrata a la sociedad sudafricana en democracia. Hasta sus últimos días la escritora mantuvo su posición crítica hacia los regímenes dictatoriales en el mundo, pero más visiblemente en su país. En una entrevista concedida poco antes de su muerte, Nadine Gordimer afirmó: “La reintroducción de la censura es impensable cuando se recuerda cómo sufrió la gente para liberarse de ella en todas sus formas”. Nadine Gordimer recibió quince doctorados honoris causa, entre ellos los de las universidades Harvard, Yale, Columbia, Cambridge, Leuven en Bélgica y Ciudad del Cabo. Su obra se vio coronada con el Premio Nobel de literatura en 1991. A la muerte de Nadine Gordimer, la Fundación Nelson Mandela expresó: “Hemos perdido a una gran escritora; una patriota y una voz fuerte por la igualdad y la democracia en el mundo”.

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SOBRE EL "NEGRO" CANDELARIO OBESO

30 Junio 2016 , Escrito por jOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA

SOBRE EL "NEGRO" CANDELARIO OBESO

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                              jose.vanegasmejia@yahoo.es

     El escritor, poeta y dramaturgo Candelario Obeso nació en Mompox, Bolívar el 12 de enero de 1849. Hijo natural del abogado liberal Eugenio María Obeso y de María de la Cruz Hernández, lavandera. Sus estudios primarios los cursó parcialmente en el Colegio Pinillos, de Mompox. Obtuvo una beca para el Colegio Militar fundado por Tomás Cipriano de Mosquera. Ingresó a estudiar ingeniería en la Universidad Nacional; luego pasó a la facultad de derecho pero después de dos años abandonó los estudios. Obtuvo el título de maestro y regresó a su tierra natal para ejercer la docencia. Fue maestro en la región de La Mojana y se desempeñó como Tesorero municipal en Magangue. Regresó a Bogotá. Colaboró en varios periódicos y revistas.

Candelario Obeso tuvo una vida privada bastante agitada. Sostuvo varios lances en los cuales no siempre salió bien librado: en una ocasión resultó herido en una mano.

     De la producción literaria de Obeso destacamos el libro ‘Gramática de la lengua castellana’; la novela ‘La familia Pygmalión’, de género satírico y los ‘Cantos populares de mi tierra’, poemario inspirado en la vida y sentimientos de los bogas del río Magdalena, obra que permite reconocerlo como fundador de la poesía negra en Colombia e Hispanoamérica. Su obra de teatro ‘Secundino el zapatero’, (1880), es un drama moralizante y de costumbres. El poema ‘Lucha de la vida’, (1882), es un trabajo autobiográfico.

     Solo en las primeras décadas del siglo XX los temas sobre las culturas africanas adquirieron importancia. Se abrió el debate sobre la poesía negra. Entonces la obra de Obeso empezó a ser estudiada, mucho antes de que aparecieran las producciones del cubano Nicolás Guillén (‘Negro bembón’, ‘Sóngoro cosongo’) y del portorriqueño Luis Palés Matos (‘Tuntún de pasa y grifería’). Candelario Obeso se vinculó activamente a luchas políticas. Rafael Núñez lo envió como cónsul a Tours, Francia; Manuel Murillo Toro lo nombró intérprete nacional en Panamá. Su permanencia en Bogotá le permitió codearse con personalidades de la vida literaria, entre ellos Miguel Antonio Caro, Antonio José Restrepo, Rafael Pombo, José María Vargas Vila y Jorge Isaacs.

     Entre las salidas humorísticas del poeta se cuenta que una vez, en respuesta a la burla que le hiciera el político y más tarde presidente de Colombia, Francisco Javier Zaldúa al tratarlo de ‘macho negro’, en comparación con un asno o mulo, Obeso le contestó con los versos: “¿Soy un macho negro? / ¡Pues de ello me alegro! / Soy negro y muy macho / como dice usted. / Y siempre prefiero / ser un macho negro / a ser un burro blanco / como su merced”.

     El 29 de junio de 1884, mientras revisaba una pistola Remington, Obeso se causó una herida de bala en el estómago. El 3 de julio falleció en Bogotá. De ser cierta esta versión, no sería correcto afirmar que el poeta se suicidó, puesto que esta forma de perder la vida requiere el pleno consentimiento de la víctima. A su sepelio asistieron distinguidas personalidades de la política y las letras de la capital. A raíz de este episodio surgió el chiste según el cual el poeta habría dicho: “Disparé al blanco pero le di al negro”. Es posible que no se conozca suficientemente la obra de Candelario Obeso; pero no le negaremos la autoría de los famosísimos versos: “¡Qué trijte que ejtá la noche / la noche qué trijte ejtá! / Nu hay en er cielo una ejtreya…/ ¡Remá!, ¡remá!”, de su muy conocido poema “El boga ausente”.

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DOS PILARES DEL GRUPO DE BARRANQUILLA

23 Junio 2016 , Escrito por José Alejandro Vanegas Mejía Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

DOS PILARES DEL GRUPO DE BARRANQUILLA

Dos pilares del Grupo de Barranquilla

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                             jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

     José Félix Fuenmayor fue un escritor, poeta, periodista y político nacido en Barranquilla en 1885. Con el intelectual Ramón Vinyes inició lo que se conoce como el Grupo de Barranquilla o Grupo de la Cueva. Aunque generalmente se mencionan otros escritores como los principales integrantes de este grupo, no podemos desconocer la influencia de estos dos pioneros de las letras en la vida literaria de Gabriel García Márquez y Álvaro Cepeda Samudio. Para que no haya confusión, recordemos que José Félix Fuenmayor era el padre de Alfonso, el amigo que el Nobel colombiano menciona en varias de sus obras. Los méritos de José Félix Fuenmayor fueron reconocidos tardíamente, sobre todo en las antologías y manuales de literatura. Solo cuando el crítico uruguayo Ángel Rama destacó su importancia, el escritor fue destacado como pilar fundamental para comprender el fenómeno literario colombiano. Las obras de Fuenmayor han sido traducidas al inglés, al francés y al italiano. “Cosme” es considerada la primera novela urbana colombiana. Retrata la vida del joven Cosme en una sociedad que entra aceleradamente a la modernización. No oculta que el ambiente es el de la Barranquilla de comienzos del siglo XX. Esta narración nos recuerda la descripción que de la misma sociedad, pero varias décadas después, nos hace Marvel Moreno en su novela “En diciembre llegaban las brisas”. También escribió Fuenmayor: “Musa del Trópico”, “Una triste aventura de catorce sabios” y “La muerte en la calle”. Refiriéndose a este escritor, García Márquez afirmó: “Todos provenimos del viejo Fuenmayor”. A continuación comparó su técnica narrativa con la de Juan Rulfo en “El llano en llamas”.

     El Grupo de Barranquilla no habría existido de no ser por la presencia de un librero catalán llamado Ramón Vinyes y Cluet, nacido en Berga, Cataluña, España en 1882. Era un librepensador perseguido por el gobierno español debido a sus ideas independentistas por las que luchaba Cataluña. Vinyes vino a Colombia en 1913, se estableció en Barranquilla y fundó la Librería R. Viñas & Co., que de inmediato se convirtió en centro de la cultura en la ciudad. García Márquez no duda en llamarlo “el sabio catalán” y lo muestra como el promotor que facilitaba al grupo lecturas que de otra forma nunca hubieran conocido. Vinyes fundó la revista “Voces de Barranquilla” y en ella difundió la producción literaria de autores importantes de Colombia y América Latina. Aunque regresó varias veces a su ciudad natal, siempre volvió a Barranquilla, hasta cuando por última vez viajó a España y murió en Cataluña en 1952. Obras de teatro de Ramón Vinyes son; “El calvario de la vida” (1904); “Quien no está conmigo” (1929) y “Los que nunca se detienen” (1934). En narrativa escribió: “La ardiente cabalgata” (1909) y “Entre la boca de las nubes”.

     De los integrantes más renombrados del Grupo de Barranquilla se ha hablado en forma abundante, sobre todo de García Márquez. Alfonso Fuenmayor era el de más edad en el Grupo. Fue él quien descubrió que en un sector de Barranquilla existía un sitio llamado originalmente “El Vaivén” y allí acudió durante muchos años con sus amigos para conversar sobre literatura y otros temas culturales. Germán Vargas Cantillo tenía fama de ser el colombiano que más rápido leía textos escritos por otros; por eso participó como jurado en innumerables concursos literarios. Álvaro Cepeda Samudio es uno de los grandes promotores de la cultura colombiana de la segunda mitad del siglo XX. Introdujo en el país la tendencia llamada ‘Nuevo periodismo’, que combinaba crónicas noticiosas con visos de literatura.

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MAÑANA EL IDIOMA CELEBRARÁ SU DÍA

22 Abril 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                    jose.vanegasmejia@yahoo.es

     El 23 de abril es el Día del Idioma. Se cumplen cuatrocientos años de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, autor de ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’. Y como cada año, en esa fecha mucho se hablará de la necesidad de conservar este patrimonio nuestro y de velar por su uso correcto. Pero, a su vez, hay quienes consideran errado hablar de corrección e incorrección en el lenguaje, aunque es evidente que siempre habrá diferencias entre las múltiples maneras que utilizamos para comunicarnos en forma verbal. Siempre recuerdo el título de una obra monumental titulada ‘Ciencia del lenguaje y arte del estilo’, del lingüista español Martín Alonso. Es decir: el lenguaje es una ciencia pero el estilo es un arte.

     El Día del Idioma se instituyo por medio del Decreto 707 del 23 de abril de 1938, firmado por el entonces presidente de la República Alfonso López Pumarejo. Este decreto fue sancionado como Ley 2ª de 1960 por el gobierno colombiano a raíz del III Congreso de Academias de la Lengua Española, realizado en Bogotá.  Aparte de las notas que en otros momentos hemos publicado en relación con el lenguaje, encontramos a veces, como en esta ocasión, la oportunidad de hablar del castellano como lengua nativa. El 23 de abril, en colegios y entidades educativas se  dan a conocer actividades con las cuales se exalta la importancia del idioma en sus diversas manifestaciones. Las obras de teatro ensayadas durante tanto tiempo, las declamaciones que ponen a prueba la memoria de los participantes, la capacidad oratoria y hasta la presentación de mimos –que en realidad no necesita el lenguaje articulado– sirven para volver festivo el día consagrado al idioma.   

     Cuando pensamos que el lenguaje corre peligro por el uso que llamamos ‘incorrecto’ y por otros abusos que soporta la lengua de Cervantes, nos equivocamos. La lengua tiene sus propios mecanismos de defensa. Es por ello que las variaciones introducidas por el empleo de abreviaturas y de palabras mutiladas para satisfacer las necesidades que impone el lenguaje vertiginoso de las llamadas ‘redes sociales’, aunque causaron inquietud hace unos años, no anuncian la aniquilación de la lengua de Castilla.

     Una de las grandes preocupaciones de los defensores de nuestro idioma fue el uso de arcaísmos. Sin embargo los encontramos en textos como testigos de una lengua que se niega a morir y lucha a brazo partido contra su deterioro. De igual forma, inquietaba el empleo de neologismos en el habla cotidiana. Los neologismos o palabras nuevas eran considerados términos intrusos, los cuales había que rechazar; labor infructuosa en cualquier momento del desarrollo lingüístico, pues la ciencia, la tecnología, las artes y la cultura en general necesitan dar nombres a los elementos que ellas utilizan. Esos neologismos dieron paso a numerosos extranjerismos; consecuencia apenas lógica, puesto que los grandes inventos generalmente se dan en países de lengua diferente de la castellana. Se procedió entonces a españolizar extranjerismos al por mayor; empresa imposible en muchos casos. Los profesores de español decidieron establecer diferencias entre extranjerismos ‘necesarios’ y extranjerismos ‘innecesarios’. Los ‘necesarios’ entraron para quedarse. Con esa invaluable ayuda creció nuestro acervo lingüístico. ¿Cómo no llamar ‘jet’ a un avión que llegó para sustituir al que se impulsaba con la sola fuerza de sus hélices? La nueva realidad impuso un nuevo sustantivo para designarlo. La Real Academia Española, esa entidad que “limpia, fija y da esplendor”, ordenó que se dijera “avión a reacción”. Nadie obedeció y seguimos llamándolo ‘jet’.

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LA LENGUA CAMBIA, COMO TODO

17 Marzo 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                     jose.vanegasmejia@yahoo.es

Todo cambia. La lengua no escapa a esta sentencia. Hace unos días leí en el periódico El Tiempo una columna titulada ‘La lengua viva’, del experto en redacción y creación literaria Fernando Ávila. Señala el lingüista usos que él había condenado pero ahora son admitidos por el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Los profesores de Español y Literatura también debemos celebrar que se haya aceptado el verbo ‘agredir’ como regular. Ya podemos decir ‘yo agredo a mi contrincante; tú agredes’. Lo mismo ocurre con ‘abolir’; por lo tanto es correcto decir ‘Si el Congreso abole esa ley…’. Sin embargo, no se acepta ‘yo abuelo, tú abueles”.

Hay en la lengua castellana muchos casos curiosos y a veces inexplicables; de ellos citaré algunos. Por ejemplo, el término ‘despavorido’ encierra la idea de pavor, miedo. Entonces, ¿al decir ‘huyó despavorido’ no podría entenderse que huyó sin pavor; es decir, todo lo contrario de lo que se quería expresar? La palabra ‘amovible’ significa que se puede remover o destituir, aunque por el prefijo ‘a’ podríamos pensar en todo lo contrario. Pero hay más curiosidades: el término ‘álgido’ (del latín algidum) significa muy frío. También se llama así al período culminante de algunos procesos; por eso cuando se discute algún tema en reuniones y se llega al momento de tomar decisiones se dice que se está en el momento álgido. Sin embargo, muchos creen que ese es el momento ‘caliente’, en el cual hasta pueden presentarse agresiones personales. Eso comprueba que la palabra ‘álgido’ puede pasar a significar ‘caliente’, a pesar de su origen en el antiguo latín.

Entre las dudas que nos acosan al usar el español está la siguiente: ¿La palabra ‘testaruda’ no habrá significado, en un estadio anterior de nuestra lengua, ‘testa dura’? ¿O testa ruda? En ambos casos nos dejaría la idea de una persona dura de entendimiento, para no emplear las palabras ofensivas ‘bruta’ o ‘torpe’ (que de todas maneras estoy mencionando aquí). Si eso es así, deberíamos utilizar mejor ‘testadura’ en vez de ‘testaruda’. Lo que ayer se condenaba hoy se acepta como normal. Por eso muchos usos que censurábamos, en el futuro serán de buen recibo en nuestro léxico. Para afirmarnos en lo que acabamos de decir, mencionemos una fuente a la cual nos remite constantemente la Academia de la Lengua: el Diccionario de Autoridades, cuya característica es poner como ejemplos palabras y expresiones utilizadas por los mejores exponentes de la lengua castellana de siglos pasados. Es decir: si Cervantes utilizó determinada expresión en una obra literaria del siglo XVII, ese uso se acepta como correcto, sin tener en cuenta lo anticuado que pueda parecernos.

No recomiendo la palabra ‘andara’, del verbo andar. Pero hace dos días, en un seriado de televisión colombiano un personaje dijo a otro, textualmente: “Que yo ‘andara’ con esos delincuentes en el pasado no quiere decir que sea uno de ellos”. Lo correcto, hasta hoy, debe ser “Que yo anduviera…” Sin embargo, habría que preguntarse si corregimos ya o es prudente esperar hasta cuando la Academia le dé su aval. Porque, entre otras cosas, el verbo ‘andar’, en su grafía no se diferencia mucho de ‘nadar’. Y a nadie se le ocurre decir ‘naduviera’ sino ‘nadara’. Conclusión: ¿Por qué es correcto ‘nadara’ y no lo es ‘andara’? Como diría el maestro de la televisión colombiana José Fernández Gómez: “Todo cambia, todo cambia”.

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HARPER LEE Y "MATAR UN RUISEÑOR"

13 Marzo 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

HARPER LEE Y "MATAR UN RUISEÑOR"

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                            jose.vanegasmejia@yahoo.es

La autora de la novela ‘Matar a un ruiseñor’ falleció el pasado 19 de febrero. Tenía 89 años. Su nombre: Helle Harper Lee, nacida en Monroeville, Estados Unidos, el 28 de abril de 1926.

No siempre ocurre que una obra literaria se convierta en exitosa producción cinematográfica. Se piensa que las cualidades de una novela pueden mermar en su tránsito al celuloide. Lo mismo se dice de un buen poema si se musicaliza su letra. Sin embargo, numerosas obras literarias excelentes han conservado su grandeza al pasar al cine. Es el caso de ‘El nombre de la rosa’, del recientemente fallecido Umberto Eco, ‘Lo que el viento se llevó’, de Margaret Mitchell y de otras novelas importantes basadas en narraciones literarias. Ya era costumbre leer entre los créditos de esas películas la expresión: “basada en la novela de fulano de tal”. Por supuesto, muchísimas novelas pésimas siguen siendo malas también como películas.

Hablando de ‘Matar a un ruiseñor’ es necesario señalar que detrás del sencillo título escogido por Harper Lee se desarrolla una historia trágica que merece reseñarse, aunque en forma somera, para descartar la idea de que simplemente se trata de dar muerte a un pajarito. Las acciones ocurren en el estado de Alabama, caracterizado por un racismo acérrimo durante mucho tiempo, aunque la narración se sitúa en la década de los años treinta del siglo XX. La ficción nos muestra la reacción de todo un pueblo que desea cobrar la ofensa de agresión física y violación de una joven blanca por parte de un muchacho negro. Un prestigioso abogado viudo, Atticus Finch (Gregory Peck en la película) se hace cargo de la defensa, pues cree que el negro es inocente. Durante el juicio el acusado, temeroso, huye y la turba lo persigue hasta darle muerte. Más tarde se comprueba que el propio padre de la joven agraviada fue quien la golpeó e inventó lo de la violación. El abogado tiene dos hijos: una niña de seis años, Scout, y un niño de diez, Jem. El pueblo les retira sus afectos y los mira con recelo. Una noche el padre de la joven tiende una celada a los niños, pero Boo Radley, “el loco del pueblo”, que se había encariñado con ellos, los salva y da muerte al agresor. A partir de ese momento el abogado emprende una convincente defensa. La niña expresa en pleno juicio que ahorcar al “loco”, un ser tan desvalido e ingenuo, sería “como matar a un ruiseñor”, pues su reacción obedeció a un impulso humanitario. Así surgió en la memoria de la narradora el título de la famosa novela, autobiográfica en gran parte.

En 1961 la escritora ganó el prestigioso premio Pulitzer. Antes de su conocida obra, Harper Lee había escrito la novela ‘Ve y pon un centinela’. Al publicarla en el 2015, vendió más de un millón de ejemplares solo en los Estados Unidos. Estuvo vinculada al escritor Truman Capote en la elaboración de ‘A sangre fría’, obra cumbre de este autor. Pero hay que destacar también el éxito alcanzado por el protagonista de ‘Matar a un ruiseñor’: Gregory Peck, quien obtuvo el Oscar de 1962 como mejor actor principal por esa película. Había sido nominado antes en cuatro ocasiones pero la distinción siempre se le escapaba de las manos. Realizó papeles destacados en cintas como ‘Las llaves del reino’ (1944), ‘La barrera invisible’ (1947), ‘Almas en la hoguera’ (1949), ‘Las nieves del Kilimanjaro’ (1952), ‘Moby Dick’ (1956), ‘Los cañones de Navarone’ (1961), ‘MacArthur’ (1977) y ‘Los niños de Brasil’ (1978), entre otras.

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