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FERNANDO VALLEJO, CRÍTICO DE GARCÍA MÁRQUEZ

14 Octubre 2016 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

FERNANDO VALLEJO, CRÍTICO DE GARCÍA MÁRQUEZ

 

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                       jose.vanegasmejia@yahoo.es

El escritor Fernando Vallejo tiene un reconocido prestigio no solo en Colombia sino en Hispanoamérica. No sabemos si seguir llamándolo colombiano después de haber renunciado a su ciudadanía en el 2007; pero en estas líneas solo nos interesa referirnos a su obsesión por restarle méritos a García Márquez, sobre todo a su obra ‘Cien años de soledad’.

     Vallejo es novelista, lingüista, autor de teatro y cineasta, entre otras actividades que domina. Esos conocimientos lo respaldan para exponer con autoridad ciertos conceptos sobre la obra cumbre de García Márquez pero al mismo tiempo lo descubren como crítico malintencionado que pretende confundir al lector desprevenido. Para que estas notas brinden alguna claridad a quienes no han leído ‘Cien años de soledad’, empecemos por decir que un ensayo escrito por Vallejo en 1998 se titula ‘Un siglo de soledad’. Comienza como la novela mencionada y procede en seguida a la disección del texto. Vallejo dice: “Voy a hacerte unas preguntas, Gabito. ¿Muchos años después de qué, Gabito? ¿De la creación del mundo? Si es así, yo diría que tendrías que haberlo dicho”. Y pensar que para muchos críticos literarios ese comienzo de la novela es un gran acierto de García Márquez. Pero Vallejo, aunque como escritor sabe que es así, persiste en mermar el impacto que causa esa primera frase. Y para ser más demoledor afirma que el poeta Rubén Darío, fallecido en 1916, en su autobiografía utiliza una expresión parecida. Concluye: “¡Te plagió, Gabito, te plagió ese cabrón nicaragüense!”. Como se ve, Vallejo es un maestro del sarcasmo.

     Más adelante, en su ensayo, vuelve al tema del supuesto plagio. Esta vez, como en su momento lo hiciera el guatemalteco Miguel Ángel Asturias, afirma que ‘Cien años de soledad’ es una copia de ‘En busca del absoluto’ de Honoré de Balzac. Sin embargo, quienes hemos leído ambas obras consideramos que la del escritor francés, aunque trata parcialmente un tema desarrollado en ’Cien años de soledad’, se queda corta en el vuelo de la imaginación. El Nobel colombiano lo supera, sin duda, porque cubre su prosa con elementos tomados de la irrealidad y da rienda suelta a la desmesura. Vallejo lo sabe. Como sabe también que ese nuevo realismo que puso de moda Alejo Carpentier se pasea por toda la obra de García Márquez y en cambio no se presta para el relato en ‘La virgen de los sicarios’ o en ‘El desbarrancadero’, dos de los textos más conocidos del autor antioqueño.

     En cuanto a ‘Cien años de soledad’, le disgusta a Vallejo que García Márquez haya decidido narrarla en tercera persona. Si este artículo fuese un ensayo explicaríamos la conveniencia de este tipo de narración. En las obras de Vallejo el autor decide involucrarse en las acciones de sus personajes; por eso prefiere el relato en primera persona. ‘Cien años de soledad’, por el contrario, requiere un narrador en tercera persona, llamado también heterodiegético, extradiegético u omnisciente; es decir, un narrador que, como un dios, todo lo sabe, hasta los pensamientos de los personajes. Nadie sabe esto mejor que Vallejo. Pero su oficio es contradecir, rebajar, menospreciar.

     Fernando Vallejo escribió ‘Logoi: una gramática del lenguaje literario’. Es autor también de ‘La puta de Babilonia’. Ha recibido varias distinciones: Premio Ariel en 1979; Premio Ariel en 1981; Premio Rómulo Gallegos en 2003 por la novela ‘El desbarrancadero’. Doctor honoris causa de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia, en 2009. 

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HAY QUE SACAR TIEMPO PARA LEER

16 Septiembre 2016 , Escrito por ALGOCAST Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

HAY QUE SACAR TIEMPO PARA LEER

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                         jose.vanegasmejia@yahoo.es

Conocemos más a Mark Twain que a Samuel Langhorne Clemens, el escritor estadounidense autor de obras famosas entre las que se encuentra ‘Las aventuras de Tom Sawyer’ (1876). El origen de las obras de Mark Twain es su propia vida: fantasea, recopila recuerdos; todo lo que plasma en sus narraciones hace parte de su experiencia vital. Solo escapa a esa característica su novela histórica ‘El príncipe y el mendigo’. En su conjunto, la obra de Twain comprende libros de viaje, novelas y relatos. Escribió algunos ensayos. Al hablar de sus libros de viaje hay que mencionar ‘Los inocentes en el extranjero’ (1869), donde el autor expone en forma satírica sus experiencias como turista provinciano por tierras de Europa y Palestina. En 1872 publicó Mark Twain una descripción muy emotiva bajo el título ‘Pasando fatigas’; relata allí sus andanzas como minero y periodista en Nevada, California y Hawai. Más tarde apareció ‘Un vagabundo en el extranjero’ (1880). Esta es una sátira en la cual combina anécdotas, historias, personajes y relatos humorísticos, todo con Alemania como telón de fondo. La misma fórmula aplica, pero esta vez sobre la India y Australia, en el libro ‘Siguiendo el Ecuador’.

     Dos conocidas novelas de Mark Twain, ‘El príncipe y el mendigo’ y ‘Juana de Arco’ no recibieron grandes elogios de la crítica. En cambio ‘Un yanqui en la corte del rey Arturo’, publicada en 1889, ha sido calificada como novela de ideas. En ella Hank Morgan, perito industrial, desembarca en la Inglaterra medieval y la convierte en una “utopía industrial para después destruirla en un Apocalipsis tecnológico”. Aparte de sus novelas históricas Mark Twain publicó otras de características diversas; entre ellas tenemos ‘La edad dorada’, ‘El conde americano’, ‘El cabezahueca Wilson’ y ‘Los gemelos extraordinarios’. En las dos últimas el autor vuelve al Missouri de su infancia; cambia identidades de señor y esclavo para presentar en forma magistral el tema de la libertad y la esclavitud, tan sensible en el sur de los Estados Unidos.

     Mark Twain había dicho: «Vine al mundo con el cometa Halley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él. Será la mayor desilusión de mi vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: “Ahora están aquí estos dos fenómenos inexplicables; vinieron juntos, juntos deben partir. ¡Ah! Lo espero con impaciencia”». Su predicción se cumplió: Twain murió en Redding, Connecticut, el 21 de abril de 1910 de un ataque al corazón, un día antes del retorno del cometa a la Tierra. Debe recordarse que Mark Twain ejerció el periodismo, oficio en el que se inició desde muy joven como tipógrafo. También fue inventor, aunque con muy poco éxito. Fracasó en todas las empresas financieras que quiso crear y, para colmo de males, cuando todo estaba dispuesto para la publicación de ‘Tom Sawyer en el extranjero’, que desarrolla una circunnavegación del mundo en globo, una editorial se le adelantó con la publicación de ‘Cinco semanas en globo’, de Julio Verne.

     ‘Las aventuras de Huckleberry Finn’, publicada en 1885, es la obra maestra de Twain. Combina la excelente caracterización de los personajes con la perfecta urdimbre de las acciones; además, la atmósfera creada por el autor da paso al chispeante humor que se le conoce en sus obras para niños y jóvenes. Que esta nota sea un pretexto para familiarizarnos con la narrativa de Mark Twain, quien nació el 30 de noviembre de 1835.

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LA LECTURA Y EL LIBRO IMPRESO

7 Septiembre 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                   jose.vanegasmejia@yahoo.es

Mucho se habla sobre la desaparición del libro en un futuro tal vez más cercano de lo que pensamos. Es un debate que se inicia, se suspende y, en todo caso, se elude. La culpa de que esta posibilidad se materialice la atribuyen al desarrollo incontrolable de la informática. Internet sería el verdugo del placer indescriptible de abrir un libro para apropiarse de su contenido. Los defensores del libro dicen que jamás desaparecerá esa invaluable herramienta que nos pone en contacto con el saber universal. En manifestación romántica afirman que nada hay más grato que el olor a libro, sensación que no se percibe cuando leemos un texto en la pantalla del computador. Como debate al fin, los pros y los contras serán interminables. Lo que nadie niega es que a través de los libros la humanidad ha perpetuado los conocimientos: la ciencia, las artes y todos los saberes no habrían llegado hasta nosotros si los escribas, amanuenses y notarios de la historia no los hubiesen consignado para la posteridad. Más tarde llegó Gutenberg y la actividad lectora comenzó a masificarse.

En una de mis Acotaciones de hace varios años me refería a la importancia de la lectura. Recordaba entonces cómo en la revista ‘Selecciones, del Reader’s Digest’ encontré un tesoro que reforzó mi pasión por la lectura. Pero alguien me hizo ver que hay otras formas de llegar a la lectura. Su teoría es que lo importante es leer, no importa el camino escogido. Y es cierto. Hoy forman legiones las personas que se iniciaron con historietas o comics, con lecturas apresuradas de ‘Chanoc’, ‘El Santo’, ‘El Zorro’, ‘Tarzán, ‘El llanero solitario’ y tantas otras por el estilo. Estos lectores, que muchas veces eran niños escapados de sus escuelas, se “echaban la leva” para devorar esa literatura popular que, no hay duda, los volvieron lectores. Alquilaban o intercambiaban esos manoseados textos y la personalidad de sus héroes imaginarios los invadía hasta el extremo de imitar sus gestos. Después de leer una novelita de vaqueros del Oeste norteamericano no era raro encontrar al pequeño lector caminando con los brazos separados del cuerpo y las manos crispadas cerca de los bolsillos de sus pantalones, exactamente como lo hacían los cazarrecompensas. Nada interesante quedaba en sus mentes, pero aprendieron a leer.

Volviendo a ‘Selecciones, del Reader’s Digest’, esta revista traía veintiséis artículos para ser leídos así: uno cada día laborable durante el mes. Al terminar el último ya estaba la siguiente edición a disposición del público. De su contenido recuerdo algunas secciones que no podían “dejarse para después”: ‘La risa, remedio infalible’, ‘Gajes del oficio’, ‘Así es la vida’, ‘Citas citables’, ‘Temas de reflexión’, ‘Mi personaje inolvidable’ y ‘Enriquezca su vocabulario’. Además, encontrábamos en ‘Selecciones’ la sección ‘Noticias del mundo de la medicina’, encargada de mantenernos informados sobre los últimos avances en el campo de la salud. Pero nada era comparable con ‘Sección de libros’, que presentaba en forma resumida el texto de una obra literaria de algún renombre. El primer ejemplar de esta revista se publicó en 1922, en inglés. En 1940 apareció la primera edición en español.

El ‘Almanaque mundial’ también contribuyó a la formación de lectores; la combinación de datos importantes sobre países, por ejemplo, y resúmenes relacionados con la actualidad internacional, han hecho de esta publicación un manual de consulta para millones de lectores. ¿Superaremos pronto el promedio de 1.9 libros leídos en un año?

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ALEJANDRO DUMAS, PADRE.

31 Julio 2016 , Escrito por jJosé Alejandro Vanegas Mejìa Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

ALEJANDRO DUMAS, PADRE.

 

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                 jose.vanegasmejia@yahoo.es

     Para diferenciar a los escritores Dumas, ambos con el mismo nombre, es necesario aclarar si se trata del padre o del hijo, de tanta importancia para las letras francesas que sus obras han merecido el reconocimiento de críticos y estudiosos de la literatura universal. En esta fecha, como homenaje a Alejandro Dumas, padre, nacido el 24 de julio de 1802, recordaremos apartes de su vida, iniciada en Villers-Cotterêts. Es conveniente asociar desde el principio a Dumas, padre, con las novelas ‘Los tres mosqueteros’ (1844), ‘El conde de Montecristo’ (1845) y ‘El tulipán negro’ (1850). El nombre completo de Dumas era Thomas-Alexandre Davy de la Pailleterie. Su abuelo, Alexandre-Antoine Davy de la Pailleterie, llegó a Haití y convivió con la esclava Césette Dumas. Fueron padres de Thomas-Alexandre, más tarde conocido como ‘El conde negro’, héroe olvidado de la Revolución Francesa cuyo nombre aparece grabado en el Arco de Triunfo, en París, como uno de los oficiales que pelearon al lado de Napoleón. Recordamos aquí que el único latinoamericano que alcanzó ese honor fue el venezolano Francisco de Miranda.

     Cuando su padre murió Dumas solo tenía cuatro años. Se afirma que ‘El conde de Montecristo’ y ’Los tres mosqueteros’ fueron inspirados en la vida de su padre, ‘El conde negro’. En 1823 Dumas se instaló en París, donde continuó su formación autodidacta. En 1824 nació su primer hijo, conocido como Alejandro Dumas, hijo, quien siguió los pasos de su padre y se dio a conocer al escribir la novela ‘La dama de las camelias’.

     Alejandro Dumas en 1825 estrenó su primer vodevil o comedieta, ‘La caza y el amor’, y en 1826 publicó su primera novela en prosa: ‘Blanca de Beaulieu’. El género predilecto de Dumas fue el drama. En la Comedia Francesa presentó ‘Enrique III y su corte’, en 1830. Se considera que el autor fue quien introdujo el Romanticismo al teatro francés. La actividad literaria de Dumas fue frenética, hasta el extremo de acudir a ‘colaboradores’ para poder cumplir sus compromisos. Este exceso de trabajo, aparejado casi siempre al éxito, le permitió amasar una gran fortuna, la que dilapidó en una vida disipada y de lujo desbordado. Conoció a Giuseppe Garibaldi y se unió a él en varios combates en Sicilia. Dumas fue un constante viajero. Estuvo en Suiza, Italia, España, Alemania, Bélgica, Argelia y Túnez. También viajó por San Petersburgo, Moscú, y las costas del Mar Negro. A su regreso escribió varios libros sobre su periplo, además de sus conocidos ‘Libros de viaje’ y ‘Reportajes de guerra’. Una novela con el tema de aventura es ‘De París a Cádiz’. Publicó aproximadamente trescientas obras y numerosos artículos. Sus novelas van desde la aventura a la fantasía, pasando por la historia. Entre sus numerosas obras, algunas de ellas traducidas a más de cien idiomas, están: ‘Joseph Balsamo’, ‘Los mil y un fantasmas’, ‘El collar de la reina’, ‘La dama de Monsoreau’ y ‘Memorias de Garibaldi’.

     A su muerte, en 1870, Dumas fue sepultado en el cementerio de su pueblo natal, donde permaneció hasta el año 2002, cuando sus restos fueron trasladados con honores al Panteón de París, donde reposan otros escritores ilustres de Francia. En ese acto, frente al féretro, el presidente de Francia, Jacques Chirac, expresó: “Con usted nosotros fuimos D’Artagnan, Montecristo o Balsamo; recorrimos las calles de Francia, participamos en batallas, visitamos palacios y castillos; con usted nosotros soñamos…” Una estatua de Dumas se erige en la Plaza de Malesherbes, de París; a los pies del escritor aparece su personaje más destacado: el famoso D’Artagnan

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EL RECUERDO DE NADINE GORDIMER: NOBEL 1991

18 Julio 2016 , Escrito por Joé Alejandro Vanegas Mejía Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

EL RECUERDO DE NADINE GORDIMER: NOBEL 1991

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                             jose.vanegasmejia@yahoo.es

     “Uno jamás está aislado de su sociedad”. Estas palabras, en cualquier circunstancia, expresan el compromiso de quien las pronuncia. En labios de Nadine Gordimer fueron más que un decir. Ella agregó, además: “Mi intento siempre ha sido escribir la verdad”. La escritora falleció el 13 de julio de 2014 en Johannesburgo. Nació el 23 de noviembre de 1923 en Springs, Unión Sudafricana. Sus padres eran inmigrantes judíos de clase media. El padre era relojero lituano; la madre nació en Londres. Gordimer siempre escribió en lengua inglesa. A los veinticinco años se radicó en Johannesburgo. Ingresó a la Universidad de Witwatersrand pero no terminó sus estudios. Su primer relato lo escribió a los quince años. A los veintiséis publicó su primer libro: ‘Face to face’. En 1953 escribió ‘La suave voz de la serpiente’, una historia corta. Comenzó a abordar el tema social en Sudáfrica, sobre la segregación racial como fondo. Entre 1956 y 1979 escribió novelas cortas y relatos. Combinó su actividad literaria con conferencias en universidades de Europa y América. La producción literaria de Gordimer es reconocida por la fuerza de sus diálogos, lo cual se manifiesta en sus obras: ‘Seis pies de tierra’, ‘La huella del viernes’, ‘Un mundo de extraños’, ‘No para publicarlo’, ‘Ocasión para amar’, ‘El desaparecido mundo burgués’, ‘El conservador’, ‘La hija de Burger’, ‘La gente de Julio’, ‘La historia de mi hijo’, ‘Nadie que me acompañe’, ‘Un arma en casa’, ‘Atrapa la vida’, ‘Beethoven tenía algo de negro’.

     La relación de Gordimer con la censura empezó en 1956, al relatar en la novela ‘Un mundo de extraños’ la historia de un inmigrante británico que conoce las diferencias entre blancos y negros en Sudáfrica. Las autoridades afrikáners la prohibieron durante doce años. Otra obra suya, ‘El desaparecido mundo burgués’, fue censurada por una década. En 1979 fue prohibida ‘La hija del Burger’. Pero a pesar de esos vetos, Nadine Gordimer prefirió no considerarse una escritora política. “Yo soy africana y el color de la piel no importa. El apartheid cambió mi vida como ser humano, pero no fue lo que me hizo escritora”.

     Gordimer sostuvo una amistad cómplice con Nelson Mandela. Ambos fueron adalides de la resistencia al apartheid en Sudáfrica. Se cuenta que en 1964, cuando el líder preparaba las palabras de su discurso en el juicio que lo llevaría a prisión durante veintisiete años, Nadine Gordimer lo visitó en su celda. Se afirma que la escritora editó el famoso discurso que pronunció Mandela, titulado ‘Un ideal por el que estoy dispuesto a morir’. Con Mandela en la presidencia de Sudáfrica Gordimer apoyó la lucha contra el sida en su país. En su última novela: ‘Mejor hoy que mañana’, retrata a la sociedad sudafricana en democracia. Hasta sus últimos días la escritora mantuvo su posición crítica hacia los regímenes dictatoriales en el mundo, pero más visiblemente en su país. En una entrevista concedida poco antes de su muerte, Nadine Gordimer afirmó: “La reintroducción de la censura es impensable cuando se recuerda cómo sufrió la gente para liberarse de ella en todas sus formas”. Nadine Gordimer recibió quince doctorados honoris causa, entre ellos los de las universidades Harvard, Yale, Columbia, Cambridge, Leuven en Bélgica y Ciudad del Cabo. Su obra se vio coronada con el Premio Nobel de literatura en 1991. A la muerte de Nadine Gordimer, la Fundación Nelson Mandela expresó: “Hemos perdido a una gran escritora; una patriota y una voz fuerte por la igualdad y la democracia en el mundo”.

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DOS PILARES DEL GRUPO DE BARRANQUILLA

23 Junio 2016 , Escrito por José Alejandro Vanegas Mejía Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

DOS PILARES DEL GRUPO DE BARRANQUILLA

Dos pilares del Grupo de Barranquilla

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                             jose.vanegasmejia@yahoo.es

 

     José Félix Fuenmayor fue un escritor, poeta, periodista y político nacido en Barranquilla en 1885. Con el intelectual Ramón Vinyes inició lo que se conoce como el Grupo de Barranquilla o Grupo de la Cueva. Aunque generalmente se mencionan otros escritores como los principales integrantes de este grupo, no podemos desconocer la influencia de estos dos pioneros de las letras en la vida literaria de Gabriel García Márquez y Álvaro Cepeda Samudio. Para que no haya confusión, recordemos que José Félix Fuenmayor era el padre de Alfonso, el amigo que el Nobel colombiano menciona en varias de sus obras. Los méritos de José Félix Fuenmayor fueron reconocidos tardíamente, sobre todo en las antologías y manuales de literatura. Solo cuando el crítico uruguayo Ángel Rama destacó su importancia, el escritor fue destacado como pilar fundamental para comprender el fenómeno literario colombiano. Las obras de Fuenmayor han sido traducidas al inglés, al francés y al italiano. “Cosme” es considerada la primera novela urbana colombiana. Retrata la vida del joven Cosme en una sociedad que entra aceleradamente a la modernización. No oculta que el ambiente es el de la Barranquilla de comienzos del siglo XX. Esta narración nos recuerda la descripción que de la misma sociedad, pero varias décadas después, nos hace Marvel Moreno en su novela “En diciembre llegaban las brisas”. También escribió Fuenmayor: “Musa del Trópico”, “Una triste aventura de catorce sabios” y “La muerte en la calle”. Refiriéndose a este escritor, García Márquez afirmó: “Todos provenimos del viejo Fuenmayor”. A continuación comparó su técnica narrativa con la de Juan Rulfo en “El llano en llamas”.

     El Grupo de Barranquilla no habría existido de no ser por la presencia de un librero catalán llamado Ramón Vinyes y Cluet, nacido en Berga, Cataluña, España en 1882. Era un librepensador perseguido por el gobierno español debido a sus ideas independentistas por las que luchaba Cataluña. Vinyes vino a Colombia en 1913, se estableció en Barranquilla y fundó la Librería R. Viñas & Co., que de inmediato se convirtió en centro de la cultura en la ciudad. García Márquez no duda en llamarlo “el sabio catalán” y lo muestra como el promotor que facilitaba al grupo lecturas que de otra forma nunca hubieran conocido. Vinyes fundó la revista “Voces de Barranquilla” y en ella difundió la producción literaria de autores importantes de Colombia y América Latina. Aunque regresó varias veces a su ciudad natal, siempre volvió a Barranquilla, hasta cuando por última vez viajó a España y murió en Cataluña en 1952. Obras de teatro de Ramón Vinyes son; “El calvario de la vida” (1904); “Quien no está conmigo” (1929) y “Los que nunca se detienen” (1934). En narrativa escribió: “La ardiente cabalgata” (1909) y “Entre la boca de las nubes”.

     De los integrantes más renombrados del Grupo de Barranquilla se ha hablado en forma abundante, sobre todo de García Márquez. Alfonso Fuenmayor era el de más edad en el Grupo. Fue él quien descubrió que en un sector de Barranquilla existía un sitio llamado originalmente “El Vaivén” y allí acudió durante muchos años con sus amigos para conversar sobre literatura y otros temas culturales. Germán Vargas Cantillo tenía fama de ser el colombiano que más rápido leía textos escritos por otros; por eso participó como jurado en innumerables concursos literarios. Álvaro Cepeda Samudio es uno de los grandes promotores de la cultura colombiana de la segunda mitad del siglo XX. Introdujo en el país la tendencia llamada ‘Nuevo periodismo’, que combinaba crónicas noticiosas con visos de literatura.

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MAÑANA EL IDIOMA CELEBRARÁ SU DÍA

22 Abril 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                    jose.vanegasmejia@yahoo.es

     El 23 de abril es el Día del Idioma. Se cumplen cuatrocientos años de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, autor de ‘El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha’. Y como cada año, en esa fecha mucho se hablará de la necesidad de conservar este patrimonio nuestro y de velar por su uso correcto. Pero, a su vez, hay quienes consideran errado hablar de corrección e incorrección en el lenguaje, aunque es evidente que siempre habrá diferencias entre las múltiples maneras que utilizamos para comunicarnos en forma verbal. Siempre recuerdo el título de una obra monumental titulada ‘Ciencia del lenguaje y arte del estilo’, del lingüista español Martín Alonso. Es decir: el lenguaje es una ciencia pero el estilo es un arte.

     El Día del Idioma se instituyo por medio del Decreto 707 del 23 de abril de 1938, firmado por el entonces presidente de la República Alfonso López Pumarejo. Este decreto fue sancionado como Ley 2ª de 1960 por el gobierno colombiano a raíz del III Congreso de Academias de la Lengua Española, realizado en Bogotá.  Aparte de las notas que en otros momentos hemos publicado en relación con el lenguaje, encontramos a veces, como en esta ocasión, la oportunidad de hablar del castellano como lengua nativa. El 23 de abril, en colegios y entidades educativas se  dan a conocer actividades con las cuales se exalta la importancia del idioma en sus diversas manifestaciones. Las obras de teatro ensayadas durante tanto tiempo, las declamaciones que ponen a prueba la memoria de los participantes, la capacidad oratoria y hasta la presentación de mimos –que en realidad no necesita el lenguaje articulado– sirven para volver festivo el día consagrado al idioma.   

     Cuando pensamos que el lenguaje corre peligro por el uso que llamamos ‘incorrecto’ y por otros abusos que soporta la lengua de Cervantes, nos equivocamos. La lengua tiene sus propios mecanismos de defensa. Es por ello que las variaciones introducidas por el empleo de abreviaturas y de palabras mutiladas para satisfacer las necesidades que impone el lenguaje vertiginoso de las llamadas ‘redes sociales’, aunque causaron inquietud hace unos años, no anuncian la aniquilación de la lengua de Castilla.

     Una de las grandes preocupaciones de los defensores de nuestro idioma fue el uso de arcaísmos. Sin embargo los encontramos en textos como testigos de una lengua que se niega a morir y lucha a brazo partido contra su deterioro. De igual forma, inquietaba el empleo de neologismos en el habla cotidiana. Los neologismos o palabras nuevas eran considerados términos intrusos, los cuales había que rechazar; labor infructuosa en cualquier momento del desarrollo lingüístico, pues la ciencia, la tecnología, las artes y la cultura en general necesitan dar nombres a los elementos que ellas utilizan. Esos neologismos dieron paso a numerosos extranjerismos; consecuencia apenas lógica, puesto que los grandes inventos generalmente se dan en países de lengua diferente de la castellana. Se procedió entonces a españolizar extranjerismos al por mayor; empresa imposible en muchos casos. Los profesores de español decidieron establecer diferencias entre extranjerismos ‘necesarios’ y extranjerismos ‘innecesarios’. Los ‘necesarios’ entraron para quedarse. Con esa invaluable ayuda creció nuestro acervo lingüístico. ¿Cómo no llamar ‘jet’ a un avión que llegó para sustituir al que se impulsaba con la sola fuerza de sus hélices? La nueva realidad impuso un nuevo sustantivo para designarlo. La Real Academia Española, esa entidad que “limpia, fija y da esplendor”, ordenó que se dijera “avión a reacción”. Nadie obedeció y seguimos llamándolo ‘jet’.

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LA LENGUA CAMBIA, COMO TODO

17 Marzo 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                                     jose.vanegasmejia@yahoo.es

Todo cambia. La lengua no escapa a esta sentencia. Hace unos días leí en el periódico El Tiempo una columna titulada ‘La lengua viva’, del experto en redacción y creación literaria Fernando Ávila. Señala el lingüista usos que él había condenado pero ahora son admitidos por el Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Los profesores de Español y Literatura también debemos celebrar que se haya aceptado el verbo ‘agredir’ como regular. Ya podemos decir ‘yo agredo a mi contrincante; tú agredes’. Lo mismo ocurre con ‘abolir’; por lo tanto es correcto decir ‘Si el Congreso abole esa ley…’. Sin embargo, no se acepta ‘yo abuelo, tú abueles”.

Hay en la lengua castellana muchos casos curiosos y a veces inexplicables; de ellos citaré algunos. Por ejemplo, el término ‘despavorido’ encierra la idea de pavor, miedo. Entonces, ¿al decir ‘huyó despavorido’ no podría entenderse que huyó sin pavor; es decir, todo lo contrario de lo que se quería expresar? La palabra ‘amovible’ significa que se puede remover o destituir, aunque por el prefijo ‘a’ podríamos pensar en todo lo contrario. Pero hay más curiosidades: el término ‘álgido’ (del latín algidum) significa muy frío. También se llama así al período culminante de algunos procesos; por eso cuando se discute algún tema en reuniones y se llega al momento de tomar decisiones se dice que se está en el momento álgido. Sin embargo, muchos creen que ese es el momento ‘caliente’, en el cual hasta pueden presentarse agresiones personales. Eso comprueba que la palabra ‘álgido’ puede pasar a significar ‘caliente’, a pesar de su origen en el antiguo latín.

Entre las dudas que nos acosan al usar el español está la siguiente: ¿La palabra ‘testaruda’ no habrá significado, en un estadio anterior de nuestra lengua, ‘testa dura’? ¿O testa ruda? En ambos casos nos dejaría la idea de una persona dura de entendimiento, para no emplear las palabras ofensivas ‘bruta’ o ‘torpe’ (que de todas maneras estoy mencionando aquí). Si eso es así, deberíamos utilizar mejor ‘testadura’ en vez de ‘testaruda’. Lo que ayer se condenaba hoy se acepta como normal. Por eso muchos usos que censurábamos, en el futuro serán de buen recibo en nuestro léxico. Para afirmarnos en lo que acabamos de decir, mencionemos una fuente a la cual nos remite constantemente la Academia de la Lengua: el Diccionario de Autoridades, cuya característica es poner como ejemplos palabras y expresiones utilizadas por los mejores exponentes de la lengua castellana de siglos pasados. Es decir: si Cervantes utilizó determinada expresión en una obra literaria del siglo XVII, ese uso se acepta como correcto, sin tener en cuenta lo anticuado que pueda parecernos.

No recomiendo la palabra ‘andara’, del verbo andar. Pero hace dos días, en un seriado de televisión colombiano un personaje dijo a otro, textualmente: “Que yo ‘andara’ con esos delincuentes en el pasado no quiere decir que sea uno de ellos”. Lo correcto, hasta hoy, debe ser “Que yo anduviera…” Sin embargo, habría que preguntarse si corregimos ya o es prudente esperar hasta cuando la Academia le dé su aval. Porque, entre otras cosas, el verbo ‘andar’, en su grafía no se diferencia mucho de ‘nadar’. Y a nadie se le ocurre decir ‘naduviera’ sino ‘nadara’. Conclusión: ¿Por qué es correcto ‘nadara’ y no lo es ‘andara’? Como diría el maestro de la televisión colombiana José Fernández Gómez: “Todo cambia, todo cambia”.

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HARPER LEE Y "MATAR UN RUISEÑOR"

13 Marzo 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

HARPER LEE Y "MATAR UN RUISEÑOR"

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                            jose.vanegasmejia@yahoo.es

La autora de la novela ‘Matar a un ruiseñor’ falleció el pasado 19 de febrero. Tenía 89 años. Su nombre: Helle Harper Lee, nacida en Monroeville, Estados Unidos, el 28 de abril de 1926.

No siempre ocurre que una obra literaria se convierta en exitosa producción cinematográfica. Se piensa que las cualidades de una novela pueden mermar en su tránsito al celuloide. Lo mismo se dice de un buen poema si se musicaliza su letra. Sin embargo, numerosas obras literarias excelentes han conservado su grandeza al pasar al cine. Es el caso de ‘El nombre de la rosa’, del recientemente fallecido Umberto Eco, ‘Lo que el viento se llevó’, de Margaret Mitchell y de otras novelas importantes basadas en narraciones literarias. Ya era costumbre leer entre los créditos de esas películas la expresión: “basada en la novela de fulano de tal”. Por supuesto, muchísimas novelas pésimas siguen siendo malas también como películas.

Hablando de ‘Matar a un ruiseñor’ es necesario señalar que detrás del sencillo título escogido por Harper Lee se desarrolla una historia trágica que merece reseñarse, aunque en forma somera, para descartar la idea de que simplemente se trata de dar muerte a un pajarito. Las acciones ocurren en el estado de Alabama, caracterizado por un racismo acérrimo durante mucho tiempo, aunque la narración se sitúa en la década de los años treinta del siglo XX. La ficción nos muestra la reacción de todo un pueblo que desea cobrar la ofensa de agresión física y violación de una joven blanca por parte de un muchacho negro. Un prestigioso abogado viudo, Atticus Finch (Gregory Peck en la película) se hace cargo de la defensa, pues cree que el negro es inocente. Durante el juicio el acusado, temeroso, huye y la turba lo persigue hasta darle muerte. Más tarde se comprueba que el propio padre de la joven agraviada fue quien la golpeó e inventó lo de la violación. El abogado tiene dos hijos: una niña de seis años, Scout, y un niño de diez, Jem. El pueblo les retira sus afectos y los mira con recelo. Una noche el padre de la joven tiende una celada a los niños, pero Boo Radley, “el loco del pueblo”, que se había encariñado con ellos, los salva y da muerte al agresor. A partir de ese momento el abogado emprende una convincente defensa. La niña expresa en pleno juicio que ahorcar al “loco”, un ser tan desvalido e ingenuo, sería “como matar a un ruiseñor”, pues su reacción obedeció a un impulso humanitario. Así surgió en la memoria de la narradora el título de la famosa novela, autobiográfica en gran parte.

En 1961 la escritora ganó el prestigioso premio Pulitzer. Antes de su conocida obra, Harper Lee había escrito la novela ‘Ve y pon un centinela’. Al publicarla en el 2015, vendió más de un millón de ejemplares solo en los Estados Unidos. Estuvo vinculada al escritor Truman Capote en la elaboración de ‘A sangre fría’, obra cumbre de este autor. Pero hay que destacar también el éxito alcanzado por el protagonista de ‘Matar a un ruiseñor’: Gregory Peck, quien obtuvo el Oscar de 1962 como mejor actor principal por esa película. Había sido nominado antes en cuatro ocasiones pero la distinción siempre se le escapaba de las manos. Realizó papeles destacados en cintas como ‘Las llaves del reino’ (1944), ‘La barrera invisible’ (1947), ‘Almas en la hoguera’ (1949), ‘Las nieves del Kilimanjaro’ (1952), ‘Moby Dick’ (1956), ‘Los cañones de Navarone’ (1961), ‘MacArthur’ (1977) y ‘Los niños de Brasil’ (1978), entre otras.

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CON EL CARNAVAL LLEGA LO INSÓLITO

7 Febrero 2016 , Escrito por JOSÉ ALEJANDRO VANEGAS MEJÍA Etiquetado en #COLABORADORES INVITADOS

CON EL CARNAVAL LLEGA LO INSÓLITO

 

Por: José Alejandro Vanegas Mejía                    jose.vanegasmejia@yahoo.es

Llegaron los carnavales; muy puntuales, para cumplir con la tradición. A muchas personas no les interesa saber qué son los carnavales; mucho menos saber cómo se originaron. Sin embargo no sobra decir que es una manifestación jocosa que permite al pueblo raso igualarse con las autoridades que lo gobiernan y burlarse de sus normas durante tres días cada  año. Claro que Mijail Bajtin, semiólogo y crítico literario ruso (1888 - 1975) va más allá y expone la teoría que denomina “carnavalización”, que en la literatura tiene que ver con las voces y acciones que van por debajo de los diálogos básicos en una novela. En palabras más sencillas, la carnavalización es la presencia de personajes que en forma soterrada irrumpen en la narración sin pedir permiso para hacerlo. Nótese la similitud de ese hecho con la irreverencia característica del carnaval.

Para no ir muy lejos: el señor Vicente Pérez, nacido en Camarones, Guajira, pero radicado en Barranquilla, cuenta que en 1941 vio en la Batalla de flores, en Barranquilla, a un hombre disfrazado de mico. Le llamó tanto la atención que, años más tarde, creó la “Danza de micos y micas del carnaval”, muy importante actualmente. El señor Pérez recibirá este martes 9 de febrero un homenaje que le ofrecerá la Fundación Carnaval S. A. en reconocimiento a su labor durante cinco décadas. Algo similar a la vivencia del señor Pérez presencié en mi niñez: había tres casas contiguas en una cuadra de mi barrio. En las dos de los extremos vivían sendos niños a quienes sus amorosas madres habían disfrazado de tigres, que era el vestido más frecuente por lo barato. Cada una de las esforzadas señoras ignoraba que el niño de su vecina luciría también un disfraz de ese felino. Cuando los niños salieron a la calle, cada uno se vio reflejado en el otro y hubo decepción, llanto y, por último, la consabida pataleta infantil y la pelea respectiva de sus “ofendidas” madres. Todo terminó cuando de la casa del medio salió el vecino, un hombre gigantesco, también vestido de tigre. Los tigrillos emprendieron veloz carrera en sentidos opuestos y el tigre mayor tuvo que corretearlos y solo descansó cuando regresó con los aprendices de tigre debajo de cada brazo. Parece un cuento, pero no lo es. En los carnavales ocurren hechos tan insólitos que el ruso Bajtin bien los habría podido tomar como ejemplos para su difundida teoría de la carnavalización.

El carnaval de Barranquilla es una fiesta signada por disfraces muchas veces estrafalarios entre los cuales están el Garabato, el Congo, el Torito, el Monocuco y la Marimonda. La Batalla de Flores data de 1903, introducida tal vez como desagravio colectivo y reparación simbólica por los daños causados por la Guerra de los Mil días, finalizada en 1902. Desde 1888 existía el Rey Momo, como contraparte de la Reina del carnaval.

El carnaval encuentra su espacio visible en días de febrero o marzo, dependiendo de la cuaresma entre los católicos. Pero su preparación, organización y perfeccionamiento ocupa a los barranquilleros durante todo el año. No es exagerado afirmar que las festividades carnestoléndicas del 2017 comenzarán este miércoles de ceniza, cuando aún esté caliente el cadáver del más alegre de los difuntos: Joselito carnaval.

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